COMPENDIO
DE LAS VIDAS
DE LOS
FILOSOFOS ANTIGUOS*
%
Se yen¡ 3 e en las Librerías de Cormon y BlAHCJ
< IjYOÍÍ » ca,,e Sala, N,° 14.
| París , calle Morstmartre , N.° 267»
COMPENDIO
DE LAS VIDAS
DE LOS
FILÓSOFOS ANTIGUOS,
ESCRITO EN FRANCES
Por FENELON,
¥ TRADUCIDO AL CASTELLANO
Pon J. J. DE MORA,
MIEMBRO DEL INSTITUTO DE EDUCACION DE
FLORENCIA, Y DE LAS SOCIEDADES ECO-
NÓMICAS DE CADIZ , MADRID Y GRANADA.
PARIS,
LIBRERÍA DE CORNLON Y BLANC.
i 8 a 5.
'
EL TRADUCTOR.
La historia de la Filosofía es uno de
los grandes espectáculos que nos ofrece
la de las primeras épocas del género
humano. En medio de la deplorable
narración de los delirios , de las pa-
siones , de los crímenes de los hom-
bres , se percibe un rayo de luz que
nos recuerda la elevación de nuestro
origen , cuando consideramos que el
culto de la razón ha resistido á las
vicisitudes de los tiempos , á las ti-
nieblas de la ignorancia , y á la cor-
rupción de las costumbres , y que
mientras los extravíos mas vergonzosos
degradaban nuestra especie, nunca fal-
táron hombres ilustres que la enno-
bleciesen aplicando á la investigación
de la verdad , todas las fuerzas del
espíritu.
Obscura en sus principios, la Filo-
sofía brotó de las lejanas regiones del
VJ EL TRADUCTOR.
Oriente, donde se mantuvo muchos si-
glos desconocida y aislada , hasta que
los Griegos la descubrieron y perfec-
cionaron. Sus progresos fue'ron debi-
dos en gran parte al amor á Jas cien-
cias , que debía ser naturalmente la
pasión dominante de un pueblo inge-
nioso , rico , activo , felizmente orga-
nizado , y aficionado á los goces in-
telectuales. Asi es que en Grecia , la
Filosofía no era, como en las naciones
modernas , una ocupación privada, sino
una especie de magistratura , ó sacer-
docio; una 'profesión superior á todas
las clases y á todas las instituciones ,
y los que la cultivaban eran mirados
como órganos de la Divinidad, como
intérpretes de la Naturaleza , como
bienhechores del mundo. Los reyes
asistían á sus lecciones , y solicitaban
sus consejos ; los pueblos les alzaban
estatuas ; los cuerpos políticos les pe-
dían leyes , y los honores que se les
tributaban eran mas sinceros , mas ge-
EL TRADUCIOS. Vi]
nerales y mas respetuosos, que los que
solían arrancar el entusiasmo de la vic-
toria, y el prestigio del poder.
Producto espontáneo de nuestras ne-
cesidades y propensiones , la Filosofía
dio sus primeros pasos, apenas la so-
ciedad salió del círculo estrecho de
las exigencias físicas. Los primeros vi-
sos de sociabilidad que sucedieron á
las tinieblas de Ja vida salvage , des-
cubrieron un campo inmenso abierto
á la curiosidad y á la investigación ,
y el hombre debió lanzarse en este
piélago de misterios , con la misma in-
certidumbre , y vacilación que señala
los pasos de la infancia. La muche-
dumbre de objetos que le rodeaban ?e
reveló el secreto de sus relaciones con
estos objetos. Este descubrimiento le
condujo al de sus propias cualidades,
y cuando tuvo la conciencia de su ra-
zón , de su libertad , de su preemi-
nencia, era natural que el amor pro-
pio ,- móvil de todas sus acciones , ex-
V11J EL TRADUCTOR.
citase en su alma el enérgico deseo de
conocer en que consistían esta razón ,
esta libertad, esta preeminencia , y las
demas circunstancias que constituyen
su ser. Asi , pues , la base de la Fi-
losofía es la misma idea cuya verda-
dera explicación seria lo mas sublime
de la Filosofía, el nosce te ipsum tan
anclado por la ciencia , como reco-
mendado por la religión.
La sociedad observa el mismo orden
que el individuo , porque es un agre-
gado de individuos , cuya reunión no
tuerce el giro de sus operaciones , ni
cambia la naturaleza de sus deseos.
El hombre recibe impresiones, y estas
le enseñan que existe. Su ser es lo
único que él ve en la multitud de seres
que le rodean. Del mismo modo , en
los enigmas que le presenta el Universo ,
no ve mas que su propio enigma , y
como se ama á sí mismo sobre todas
las cosas , el primer objeto de su cu-
riosidad , fué el objeto principal de su
amor.
Paréceme que esta explicación es mu-
cho mas análoga á nuestra índole , y
mucho mas conforme á la historia ,
que la que ha dado un célebre escritor ,
historiador profundo y luminoso de las
opiniones de los primeros sabios. La
cuestión primera y fundamental de la
filosofía ? el ege de todos sus trabajos ,
es 5 según M. r De Gerando , la que
tiene por objeto fijar los principios de
los conocimientos humanos, es decir,
la que examina cual es la relación del
espíritu humano con los objetos de
sus conocimientos ; cuales los funda-
mentos del derecho que se atribuye
de juzgarlos; cual la extensión, la rea-
lidad , y la garantía legítima de estos
mismos conocimientos. Aquí tenemos ,
pues , en lugar de una cuestión sen-
cilla , cual debia convenir al primer
ensayo de la razón, una serie de cues-
tiones complicadas que no pueden pro-
venir , sino del cultivo refinado de esta
misma razón. El móvil que este es-
Ct'ifor da á los elementos de! saber- ,
parecen mas propios de su madurez
y perfección , y las cuestiones que atri-
buye á los primeros investigadores de
la verdad , pasarían por grandes es-
fuerzos de sutileza en úna academia de
meta físicos. El programa de la Natu-
raleza debió estar escrito de otro modo
que las frases de Licofron.
Hablar de derechos y de garantías
del saber á los que acumulaban los
matei ¡ales en que este saber debia es-
tribar , se me figura ío mismo que
hablar de metopes y cintros, á los que
forman á toda prisa una choza para
ponerse al abrigo de la intemperie.
Los derechos del entendimiento son sus
facultades \ su garantía es la convic-
ción. El mismo derecho tenemos al
raciocinio que al ejercicio de la vista
y del olfato, y la misma garantía de
nuestras ideas que de las impresiones
que los órganos nos transmiten. Si an-
tes de observar el curso de los pía-
EL THASUCTOK. X j
netas el hombre se hubiera entretenido
en averiguar con que derecho hacia
esta observación , adelantada estaría &
la hora esta la Astronomía. Problemas
tan recónditos pueden llamarse el lujo
de la ciencia, y el lujo no nace sino
mucho tiempo después que las primeras
necesidades están satisfechas.
Lo cierto es que el hombre tuvo
necesidad de conocerse, y que de este
conocimiento debió nacer el de sus re-
laciones con Dios y con la Naturaleza ,
y lo cierto es que estos tres puntos
abrazáron toda la serie de las doctrinas
filosóficas.
Estas se ramificáron en lo suce-
sivo , y se ensancháron poco á poco
hasta señalar , sino los límites del sa-
ber , á lo menos los cuadros en que
debia encerrarse , y los filósofos Grie<
gos no dejaron, en esta parte, trabajo
alguno á sus sucesores. En efecto ¿ que
opinión ha salido á luz en los siglos
modernos que no pertenesca á alguna
&¡j ÉL TKABÜCTOS.
de las grandes escuelas de la antigüe-
dad, que no reprodusca alguno de sus
principios , que no se clasifique en
algunas de sus vastas distribuciones ?
Desde el renacimiento de las luces
hasta nuestros dias , no se descubre
una teoría, un sistema que no se halle
indicado á lo menos en la época que
medió desde Sócrates hasta la emi-
gración de la Filosofía á Egipto y á
Roma. Los que se han aplicado es-
elusivamente al conocimiento deí hom-
bre 5 y han despreciado como inútil y
superfino todo otro estudio , no han
hecho mas que seguir la senda que
el Scepticismo les dejó trazada ; los
que no ven en el Universo sino las
combinaciones de la materia , y no
conocen otras relaciones que las sen-
sibles , por mas que hayan dicho que
el cerebro es una entraña , y el pen-
samiento una secreción , no han ido
mas lejos que Epicuro ; los que se
han elevado á las sublimes regiones del
B 'U TBADUCTOH. XU)
idealismo , deben á Platón este des»
cubrimiento, los que lian seguido por
guias la observación y la clasificación,
han edificado sobre las bases de Aris-
tóteles ; por último , los que han des-
confiado de las fuerzas del espíritu ,
y han erigido la duda en árbitro de
la sabiduría , no se han atrevido á tanto
como Pirran. En este círculo se en-
cierran todos los hombres , todas las
sectas , todas las escuelas posteriores :
Tomas de Aquino y Gondillac ; Ro-
gero Bacon y Mallebranche ; Erasmo
y Locke ; Hobbes y Cabanis ; los no-
minales y los materialistas ; los Esco-
tistas y los Cartesianos ; Azais con sus
compensaciones , Kant con sus tinie-
blas , y Gall con sus protuberancias.
Lejos de mí la temeraria intención
de rebajar el mérito distinguidísimo de
los genios de primer orden , á cuyas
ingeniosas y profundas tareas deben
las ciencias el lustre con que brillan;
mas la gratitud á que son acreedores
SÍV' EX IRABUCTOB.
no debe ahogar en nosotros la admi-
ración que reclaman los que los lian
precedido. Sin despreciar en manera
-alguna el valor de los descubrimientos
modernos, debemos un tributo de res-
peto y gratitud á los primeros que
procuráron alzar el velo que cubre los
arcanos de la Naturaleza. Porque la
ciencia en su origen no fue una vana
acumulación de teorías imaginarias , ni
tuvo por móvil el vano empeño de
adivinar sin descubrir ; de sistematizar
sin examinar ; ni se crea tampoco que
el camino de la observación fue des-
conocido á los hombres hasta que lo
reveló , como un hallazgo peregrino,
un Canciller de Inglaterra. ¿ Como pu-
dieron los Caldeos , si no fue por me-
dio de la observación , fijar las verdades
esenciales de la Astronomía ? ¿ No co-
nocieron la necesidad de la observa-
ción , Aristóteles , que examinó y des-
cribió cuantos objetos naturales pudo
haber á las manos , Alejandro que le
El TKADÜGTO K.
ty
prodigó los medios de enriquecer sus
colecciones , y los filósofos que gas-
taron cuanto poseían en producciones,
máquinas y experiencias? La obser-
vación de las obras de la creación ,
se perdió totalmente cuando los puros
r raudales de la Filosofía antigua se
mescláron y confundieron en el cena-
gal del Escolasticismo; cuando el cul-
tivo del entendimiento se redujo al es-
tudio de una ciencia tenebrosa y ab-
surda; cuyos objetas estaban fuera del
alcance de los sentidos ; y cuyos re-
sultados no podian tener otra sanción
que el sofisma ; cuando el saber se
aisló en una clase de hombres , inte-
resados en perpetuar la ignorancia , y
en esclavizar el entendimiento. Pero las
primeras rafagas de luz que apare-
cieron después de esta época , no hi-
cieron mas que descubrir un sendero
trillado por los primeros filósofos , y
la razón , al recobrar sus derechos ,
halló preparados todos los instrumen-
tos que podian facilitarle su ejercicio»
Eli TRADUCTOR.
xvj
La obra presente bosqueja estos pri-
meros trabajos , y da á conocer los
hombres que los emprendieron. Está
escrita con aquella sencillez conveniente
al asunto , y que caracteriza los escritos
didácticos del autor de Telémaco. E!
traductor ha aumentado considerable-
mente el artículo de Sócrates y el de
Platón.
COMPENDIO
DE LAS VIDAS
DE LOS
FILÓSOFOS ANTIGUOS.
TALES.
Nació en el primer año de la Olimpiada 35;
Murió en la 58 de edad de 92 . años.
Tales de Mileto traía su origen de Feni-
cia y decendia de Cadmo , liijo de Agenor.
La indignación de sus padres contra los
tiranos que oprimían á los hombres de
bien los obligó á salir de su patria y á
establecerse en Mileto , ciudad de Ionia ,
donde Tales nació en el primer año de
la Olimpiada 35. Él fue el primero que
mereció el glorioso título de sabio , y el
autor de la filosofía llamada Iónica , alu-
diendo al pais en que por primera vez se
dio á conocer.
Pasó algún tiempo en la magistratura y
después de haber ejercido sus principales
A
a TALES,
empleos con distinción, se separó de los
negocios públicos , movido por el deseo de
conocer los secretos de la naturaleza. Pasó
á Egipto donde florecían entonces las cien-
cias ; empleó muchos años en conversar
con los sacerdotes que eran los doctores
del pais ; se instruyó en los misterios de
aquella religión y se aplicó especialmente
á la Geometría y á la Astronomía. No se
sujetó á ningún maestro , y si se excep-
túa lo que aprendió en su trato con los
sacerdotes durante su viage , solo á sus
experiencias y á sus profundas meditacio-
nes debió los bellos conocimientos con que
enriqueció la Filosofía.
Tales tenia mucha elevación en sus
ideas : hablaba poco y meditaba mucho.
JNo hacia caso de su interes particular y
se dedicaba con zelo á promover el de
la República.
Juvenal hablando de los que opinan que
la venganza es mas apetecible que la mis-
ma vida , dice que esta opinión es muy
diferente de la de Crisipo y de la suavidad
de Tales.
yit vindicta bonum vita jucundius ipsa :
Chrysippus non. dic'it idern , nec ñute 'Ihaletis
Ingenium ....
TALES. 8
Cuando Tales regresó á Mileto vivió en
gran soledad y solo pensó en contemplar
las cosas celestes. El amor de la sabiduría
le alejó de los cuidados del matrimonio ,
haciéndole preferir la tranquilidad del ce-
libato. Á la edad de veinte y tres años , su
madre Cleobulina le instó para que acep-
tase un partido ventajoso que se presen-
taba. « La juventud , respondió Tales, no
es tiempo de casarse. En la vejez , ya es
demasiado tarde , y el hombre que está
entre las dos edades , no tiene tiempo de
escoger muger. » Algunos dicen que en
los últimos años de su vida se casó con
una Egipcia , autora de muchos buenos
escritos.
Un dia en que unos pescadores de la
isla de Co habían echado la red al agua,
pasaron por allí ciertos habitantes de Mi-
leto y les compraron todo lo que la red
contuviese antes de sacarla. Admitida la
proposición , sacáron la red y en ella
venia una trípode de oro maciso , arrojada
al mar , según la opinión común , y en
aquel mismo sitio por Helena cuando vol-
vía del sitio de Troya , en cumplimiento
de cierto oráculo de que se habla acor-
4 TALES,
dado. De resultas de este acaecimiento ®e
suscitó una disputa entre los extrangeros
y los pescadores sobre á quien correspon-
dí la trípode. Los pueblos respectivos
tomaron parte en la contienda , abogando
Cada cual por sus compatricios. La guerra
iba á estallar entre los diferentes parti-
dos , cuando se pusieron de acuerdo en
someter la cuestión al oráculo de Delfos.
Este respondió que se diese la trípode al
primero de los sabios. Tales fue el pri-
mero á quien se presentó la trípode ; la
remitió á Bias , y Bias por modestia la
envió á otro. De este pasó de mano en
mano á Solon el cual dijo que « nadie
era mas sabio que un Dios. » La trípode
;fué llevada á Delfos y consagrada á Apolo.
Algunos jóvenes de Mileto reconvenían
un dia á Tales acerca de la inutilidad de
su ciencia , puesto que no le servia para
salir de la indigencia en que se bailaba.
Tales quiso darles á entender que si los
sabios no acumulan riquezas es solo por
el desprecio con que las miran , siéndoles
muy fácil adquirir ios bienes de que no
hacen caso. Con este objeto y habiendo
previfto , según dicen , por sus observa-
TALES. 5
ciones astronómicas que aquel año seria
sumamente fecundo , compró todo el fruto
de los olivos de los alrededores de Mileto
antes de la cosedla. Esta fue abundanti—
sima y muy considerable por consiguiente
la ganancia del filosofo ; mas este convocó
á todos los mercaderes y comerciantes de
Mileto y les distribuyó sus provechos.
Tales daba gracias á los Dioses por tres
cosas : por haber nacido racional y no
bestia; hombre y no muger; griego y no
bárbaro.
Creía que el mundo había sido arre-
glado del modo que lo vemos por una
inteligencia que no habió tenido princi-
pio y que no tendría fin.
Tales fué el primer griego que enseñó
la inmortalidad del alma.
Un dia fué un hombre á preguntarle
si nos era posible ocultar nuestras acciones
á los Dioses. « Ni aun nuestros mas se-
cretos pensamientos , le respondió , les
son desconocidos. »
Decia que lo mayor que hay en el
mundo es el espacio porque en el se en-
cierran todos los seres ; que no hay nada
mas fuerte que la necesidad pues lo vence
G TALES,
todo ; ni nada mas pronto que el enten-
dimiento del hombre pues en un mo-
mento recorre todo el mundo ; ni nada
mas sabio que el tiempo pues lo descubre
todo ; ni nada enfin mas suave y agradable
al hombre que poder hacer su voluntad.
.Decía que el mucho hablar no es señal
de gran entendimiento ; que un hombre
de bien dehe acordarse de sus amigos
ausentes ó presentes ; que es menester
ayudar á nuestros padres para que nues-
tros hijos nos ayuden; que no hay cosa
tan terrible como ver envejecer á un ti-
rano ; que lo que puede darnos un gran
consuelo en la desgracia es saber que el
que nos atormenta es también desgraciado ;
que no debemos hacer lo que reprende^-
mos á los otros ; que la verdadera feli-
cidad consiste en la salud perfecta , en
'los bienes moderados y en no pasar la
vida en la molicie y en la ignorancia ;
que la obra mas difícil del hombre es el
conocimiento propio , y por esto inventó
aquella hermosa máxima que después fue
grabada en una lámina de oro y consa-
grada á Apolo en su templo : cohockxe á
TÍ MISMO.
TALES. 7
Decía que la vicia y la muerte no se
diferenciaban y cuando le preguntaban,
porque no se dejaba morir respondía .
« Porque siendo lo mismo vivir que mo-
rir , no hay motivo para decidirme en
favor de la una mas bien que de la otra.
Dedicaba algunos ratos á la poesía y
hay quien asegura que él fué el inventor
de la medida de los vei’sos hexámetros»
Un hombre acusado justamente de adul-
terio le preguntó si le seria lícito jus-
tificarse por medio clel juramento. « Por
ventura , le respondió , ¿ es el perjurio un
crimen menor que el adulterio ’ J »
Mandretes de Priene que había sido
su discípulo , le fué á ver á Mileto y le
dijo : « ¿ Que recompensa quieres que te
dé , Tales , para manifestarte cuanto te
agradesco los hermosos preceptos que
me has enseñado ? Cuando enseñes á los
otros , respondió Tales , diles que yo soy
el autor de aquella doctrina , lo cual será
en tí una loable modestia y para mí un.
precioso galardón. »
Tales fué el primer griego que se aplicó
á la Física y á la Astronomía. Creía que
el agua era el primer principio de todas
8 TALES,
las cosas ; que la tierra era agua conden-
sada y el aire agua enrarecida ; que todas
las cosas se mudaban continuamente unas
en otras , pero que al fin todo se conver-
tía en agua ; que la tierra estaba en el
centro del mundo ; que se movía al re-
dedor de su propio centro el cual era el
mismo que el del universo ; que este está
lleno de seres invisibles los cuales se mue-
ven continuamente en varias direcciones
y que las aguas inferiores del mar tienen
cierto sacudimiento que es la causa de su
agitación.
Los efectos maravillosos del imán y del
ámbar y la simpatía que eviste entre va-
rias cosas de la misma naturaleza , le lii-
eiéron creer que no hay nada en el mundo
que no esté animado.
Creía que la causa de la inundación del
Nilo eran los vientos Etesios que soplan
del Norte al Sur , retardan las aguas del
rio que van de Sur á Norte y las obligan á
derramarse é inundar los campos vecinos.
Tales fue el primero que predijo los
eclipses del sol y de la luna y que hizo
observaciones sobre los diferentes movi-
mientos de estos dos astros. Greia que el
TALES. 9
sol era por sí mismo luminoso y que su
volumen era ciento y veinte veces mayor
que el ele la luna ; que esta era un cuerpo
opaco capaz ele reflejar la luz del sol, en
una sola mitad de su superficie , y con
esta doctrina explicaba los diferentes as-
pectos que aquel astro nos presenta.
Él fue el primero que investigó el ori-
gen de los vientos ; la materia de que se
compone el rayo y la causa de los relám-
pagos y de los truenos.
Nadie liabia descubierto antes que el ,
la manera de medir la altura de las torres
y pirámides por su sombra meridional ,
cuando el sol está en el equinoxio.
Fijó el número de los dias del año en
365 ; arregló el orden de las estaciones
y limitó cada mes á treinta dias; al fin
de cada doce meses añadía cinco dias
para completar el curso del año , según
el método que había aprendido entre los
Egipcios.
Él fue quien descubrió la constelación
de la osa pequeña de que se servían los
Fenicios para arreglar su navegación.
Un día saliendo de su casa para ir á
descubrir los astros cayó en una zanja ;
A..
lo
TALES.
una criada vieja que tenia acudió cor-
riendo á su ayuda y después de haberle
ayudado á levantarse le dijo burlándose
de el : « ¿ Crees poder descubrir lo que
pasa en el cielo y no sai. ’s lo que tienes
á los pies ? »
Tales gozó de mucha consideración
durante su vida ; sus contemporáneos le
consultaban en los negocios mas graves.
Creso , después de haber emprendido la
guerra contra los Persas , se adelantó á
la cabeza de un fuerte ejército hasta cerca
de las orillas del rio Halis. No sabia como
pasarlo porque no era vadeable y él no
traía ni puentes ni barcos. Tales que se
hallaba á la sazón en el campamento ofre-
ció darle un medio seguro de pasar el rio.
Para esto hizo cavar un gran foso en for-
ma de media luna que empezaba en una
de las extremidades del campamento y
terminaba en otra , con lo cual el rio
se dividió en dos brazos con poca agua,,
de modo que el ejército pudo vadearlo y
pasar sin dificultad. Tales en aquella oca-
sión no quiso que los habitantes de Mi-
leto hiciesen alianza con Creso el cua|
la deseaba vivamente. Esta prudente can-»
ir.',-
TALES. 11
tela salvó á su patria , porque Ciro ven-
ció á los Lidios y saqueó todos los pue-
blos que habían entrado en confederación
con ellos , pero respetó á Mileto que no
había tomado partido contra él.
Siendo Tales muy viejo quiso que le
llevasen á un terrado para ver desde allí
los juegos del Anfiteatro. El. calor exce-
sivo que hacia le causó una irritación tan
violenta , que murió allí mismo de re-
pente. Era la 58 Olimpiada y el año 9a
de su edad. Los habitantes de Mileto le
kieiérou un magnífico funeral.
13
SOLON.
»mm\Huw\\iwvvwvvvuw%\nmTOTOW\%'j
SOLON.
Nació el año tercero de la 35 Olimpiada ; fné
pretor en Atenas el año tercero de la 4 5 y
murió al principio de la 55 á edad de 78 años.
Solon traía su origen de Atenas y nació
en Salamina en la Olimpíada 35. Exces-
tides su padre decendia del rey Codro y
su madre era prima hermana de la madre
de Pisistrato. Empleó una parte de su
juventud en viajar por Egipto que era
entonces el punto de reunión de todos
los sabios. Después de haberse instruido
en la forma de gobierno y en todo lo
relativo á las leyes y costumbres del pais ,
volvió á Atenas en donde su mérito ex-
traordinario y su distinguido nacimiento
le proporcionaron empleos de mucha con-
sideración.
Solon era hombre de gran sabiduría,
unida á mucho vigor , firmeza y sinceri-
dad. Era excelente orador , poeta , legis-
lador y buen militar. Toda su vida fué
celoso defensor de la libertad de su patria,
gran enemigo de los tiranos y siempre
SOLON. i3
manifestó poco empeño en enriquecer á
su familia. Imitó á Tales en no fijarse á
ningún maestro. Dejo el estudio de las
causas naturales , para darse enteramente
á la moral y á la política. Él fué el autor
de esta hermosa máxima : La moderación
es buena en todo.
Un día Solon se hallaba en Mileto ,
adonde le había atraído la gran reputación
de Tales. Después de haber conversado
algún tiempo con este filosofo le cujo :
« Extraño mucho , Tales , que no os hay ais
casado , porque tendríais mucho gusto en
dar educación á vuestros hijos. » lales
no respondió nada por entonces. Pocos
días después se compuso con un amigo
suyo el cual, fingiéndose extrangero , fué
á hacer una visita á Solon. Díjole que
acababa de llegar de Atenas. « ¿Y que
dejas de nuevo ? pregunto' Solon. Nada
sino es que cuando yo salía, iban a en-
terrar á un joven ateniense á cuyas exe-
quias asistía todo el pueblo , por ser hom-
bre de distinción é hijo de uno de los
principales habitantes de Atenas. Su padre
está fuera del pueblo , hace algún tiempo.
Sus amigos tratan de darle la noticia con
4 SOLON,
mucha precaución á fin de que no sé
muera de la pena. ¡ Ó pobre padre ! ex-
clamó Solon : ¿ Y como se llama el des-
venturado ? Le he oido nombrar, respon-
dió el extrangero , pero no lo tengo pre-
sente : solo sé que es hombre de gran
sabiduría. Solon cuya inquietud se au-
mentaba por instantes , le preguntó si el
nombre del padre era Solon. « Justa-
mente,» respondió el extrangero. Solon
entonces lleno de amargura y desespe-
ración empezó á desgarrarse los vestidos ,
á arrancarse los cabellos y darse de golpes
en la cabeza. Enfin hizo todo lo que
hacen los que reciben una grave pesa-
dumbre. « ¿ A que lloras y te atormentas,
le dijo Tales, por una pérdida que todas
las lágrimas del mundo no pueden re-
parar F j A ! contexto Solon , lloro por
eso mismo ; porque mi mal no tiene re-
medio. « Al fin Tales se echó á reir de
los gestos que Solon hacia. » ; O amigo
Solon! le dijo , ve aquí porque buyo del
matrimonio. Temo someterme á su yugo
y el dolor del mas sabio de los hombres ,
me hace ver que el corazón mas firme
£© puede resistir el dolor que nace del
v
SOLON. xí
amor de los hijos. No te aflijas mas :
todo lo que has oido ha sido una fábula. »
Los Atenienses y los de Megara habían
estado mucho tiempo en guerra cruel so-
bre la pertenencia de la isla de Salamina.
Enfin, después de muchos destrozos en
una y otra parte , los Atenienses que eran
los que mas habían perdido , cansados de
derramar tanta sangre , mandaron pi o—
mulgar pena de muerte contra todo aquel
que se atreviese á proponer la guerra para
recobrar á Salamina que ya estaba en po-
sesión de Megara. Solon temía hacerse
perjuicio á sí mismo si hablaba , ó ha-
cérselo á su patria si guardaba silencio.
Para poder obrar y decir impunemente
todo lo que se le antojase , tomó el par-
tido de fingirse loco y muy en breve esta
noticia se esparció por toda la ciudad.
Después de haber compuesto algunos
versos elegiacos que aprendió de memoria ,
salió de su casa con un vestido roto , un
gorro sucio y una cuerda al cuello. Todo
el pueblo se juntó en rededor ; entonces
Solon subió á la piedra en la que ordi-
nariamente se hacian las proclamas pu-
blicas, y, contra su costumbre , se puso
16 SOLON,
á recitar versos. « ! Ojalá , decía en ellos f
no fuese mi patria Atenas ! ¡ A ! hubiese
yo nacido en Folegandes ó en Sieina , ó
en cualquier otro punto , todavía mas bár-
baro y mas remoto ! Á lo menos no pa-
sarla por la vergüenza de que me señalen
con el dedo , diciendo : ese es un Ateniense
que se escapó ignominiosamente de Sa-
lamina. Venguemos pronto el agravio que
hemos recibido y recuperemos la agra-
dable mansión de que nuestros enemigos
nos lian despojado tan injustamente. »
Estas palabras hiciéron tanta impresión
en los Atenienses que inmediatamente re-
vocaron la ley. Tomaron las armas y
determináron hacer la guerra á los de
Megara. Dióse el mando de las tropas á
Solon el cual se embarcó con ellas en
barcas de pesca. Seguíalo una galera de
treinta y seis remos , y todo el convoy
echó el ancla bastante cerca de Salamina.
Los de Megara que estaban en la ciudad ,
notaron alguna novedad y corrieron de-
sordenadamente á las armas. Destacaron
un buque para averiguar lo que había
sucedido y este buque fue tomado por
Solon , el cual mandó atar á todos los
SOLON. 17
que venían dentro , é hizo embarcar en.
su lugar los Atenienses mas valientes ,
con orden de que se dirigiesen hacia Sa-
lamina . ocultándose cuanto les 'fuera po—
sible. Solon á la cabeza de las demás tro-
pas , desembarcó en otro punto ; salió al
encuentro de los enemigos que se habían
puesto en campaña y mientras les daba
batalla , los que habían ido en el barco
de Megara llegáron á la ciudad y se apo-
deráron de ella. Solon después de haber
derrotado á los enemigos , restituyó sin
rescate los prisioneros que había hecho
en el combate y erigió un templo al Dios
Marte en el mismo sitio en que había
conseguido la victoria. Algún tiempo des-
pués los de Megara se obstinaron inú-
tilmente en recobrar á Salamina ; enfin
las partes beligerantes convinieron en to-
mar por árbitros á los Lacedemonios.
Solon probó ante los diputados de Es-
parta que Filo y Eurilaces , hijos de Ayax,
rey de Salamina , habían venido á esta-
blecerse á Atenas , ofreciendo aquella isla
á los Atenienses si los admitían en el nú-
mero de sus conciudadanos. Mandó abrir
muchos sepulcros para hacer ver que los
iS SOLON,
cadáveres de Salamina tenían el rostro
vuelto hacia el mismo lado que los de
Atenas , en vez que los de Megara los
volvían al lado opuesto ; en fin que los
de Salamina grababan en los sepulcros
los nombres de la familia del muerto ,
según la costumbre particular y exclusiva
de los Atenienses. Pero los de Megara no
tardaron en tomar su desquite : porque
los disturbios que había , mucho tiempo
hacia , entre los decendientes de Ciíon
y los de Megacles tomaron tanto incre-
mento que de sus resultas estuvo á pique
de perderse la ciudad. Cilon había aspi-
rado antes á hacerse dueño de Atenas :
descubierta su conspiración se le dio
muerte , como también á muchos de sus
cómplices. Todos los que pudieron esca-
par se refugiáron en el templo de Mi-
nerva. Megacles , que entonces era ma-
gistrado , les habló con tanta elocuencia
que los obligó á presentarse ante los jue-
ces , teniendo en la mano un hilo cuya
otra extremidad estaba atada á la estatua
de la Diosa , con lo cual no perdían la
inmunidad de que gozaban. Cuando ba-
jaban del templo el hilo se rompió , y
SOLON. 13
Megacles dijo que esto significaba que la
Diosa les negaba su protección. Algunos
de aquellos infelices fueron inmediata-
mente presos y apedreados por el pueblo.
Los que se refugiaron en los altares fue-
ron casi todos pasados á cuchillo sin nin-
gún respeto. Muy pocos se salvaron gra-
cias á los ruegos de las mugeres de los
magistrados.
Tan malvada acción hizo aborrecibles
á los magistrados y sus decendientes ,
que desde entonces fueron odiados por
el pueblo. Muchos años después los de-
cendientes de Cilon llegaron á ser muy
poderosos, y la enemistad que reinaba
entre los dos partidos se encendía cada
dia mas y mas. Solon , entonces magis-
trado , temió que estas divisiones acar-
reasen la pérdida de la ciudad , los redujo
á escoger árbitros que decidiesen la dis-
puta y estos falláron en favor de los Ci~
lonios. Todos los decendientés de Mega-
cles fueron desterrados y los huesos de
los que habían muerto fueron arrojados
del territorio de Atenas. Los de Megara
se aprovecharon de esta ocasión : tomaron
las armas cuando los ánimos estaban en
20
SOLON.
el mas alto punto de exasperación y se
apoderaron de Sala mina.
Apenas se apaciguó la sedición sobre-
vino otra cuyas consecuencias no fueron
menos peligrosas. Los pobres estaban tan
cargados de deudas , que los jueces los
adjudicaban diariamente como esclavos á
sus acreedores , los cuales los hacían tra-
bajar , ó los vendían según les acomodaba.
Muchos de ellos se amotinaron , resueltos
á escoger un gefe y á exigir que en lo
sucesivo ninguno fuese declarado esclavo
por nó haber podido pagar sus deudas
el dia de la expiración del término , obli-
gando ademas á los magistrados á hacer
una división por igual de los bienes como
Licurgo habia hecho en Esparta. Los
alborotos fueron tan grandes y tan ani-
mados estaban los sediciosos , que no se
podia hallar remedio alguno para apaci-
guarlos. Soion fue escogido por los dos
partidos para arreglar amigablemente tanta
desavenencia. Al principio se negó á adop-
tar un cargo tan espinoso , y solo pudo
resolverse á ello por el amor que tenia á
su patria. Se le bahía oido decir muchas
veces que la igualdad eyitaba las contes-
SOLON. ci-
taciones y cada cual interpretaba esta
sentencia en su favor. Los pobres creian
que solo quería reducir todos los ciuda-
danos á una perfecta igualdad; los ricos
por el contrario pensaban que su inten-
ción era medir á todos según el naci-
miento y la dignidad. De este modo se
liizo tan agradable á uno® y á otros que
todos le instáron que aceptase la sobe-
ranía. Aun aquellos que no tenian in-
teres alguno en estas reyertas , no ha-
llaban otro medio para terminarlas qu®
reconocer por gefe al que pasaba por el
mas hombre de bien y por el mas sabio
de la tierra. Solon lo reuso desde el piin-
cipio y declaró que jamas consentiría en
ello. Sus mejores amigos no podían menos
de censurarlo. « Sois muy simple , le de-
cían. ¿Podéis reusar, solo por el nombre
vano de tirano , una soberanía que ad-
quirís de un modo tan legítimo? ¿No se
declaró Titnondas rey de Eubea? ¿Pitaco
no reina hoy día en Mitilene? » Solon ,
sin embargo , se manifestó inflexible en
su resolución. « La soberanía legitima f
decia , y la tiranía , son sin duda muy
apetecibles : pero están, rodeadas de pre-
sa S OL O N.
cipicios y no hay camino para poder salir
de ellos. » Jamas se le pudo resolver que
adoptase un partido tan ventajoso. Todos
sus amigos le trataban de loco y de in-
sensato. Soíon sin embargo , se dedicó se-
riamente á apaciguar las discordias de
Atenas. Mandó abolir todas las deudas an-
tiguas y prohibió toda reclamación para
su cobro y afín de dar ejemplo , restituyó
siete talentos que le tocaban de la heren-
cia de su padre. Declaró nulas todas las
deudas que se hiciesen en adelante con
obligación personal impidiendo asi y cor-
tando de raiz el inconveniente que había
sido la causa de las últimas revueltas. Esta
resolución descontentó desde luego á los
dos partidos ; los ricos sentían perder lo
que les era debido , y los pobres no que-
rían mas que la división por igual de las
riquezas. Pero de tal modo se conven-
cieron unos y otros en lo sucesivo de la
utilidad de las medidas tomadas por So-
Ion , que le escogieron de nuevo para
apaciguar los tumultos causados por las
tres facciones diferentes que reinaban en
Atenas , autorizándole á reformar las leyes
según lo creyese oportuno y á establecer
el gobierno que mas le agradase.
SOLON. ü3
Los habitan tes del monte querían que
el pueblo decidiese de todos los negocios
públicos ; los de la llanura eran de opi-
nión que se confiase el gobierno a un
cierto número de ciudadanos escogidos
entre los de mas distinción , y los de la
marina estaban por un sistema medio en
virtud del cual , el cuerpo supremo del
estado debia componerse de ciudadanos
de las dos clases , nombrados por la suei’te.
Solon empezó por abolir las leyes de
Dracon su predecesor , cuya severidad era
demasiada. Las faltas mas ligeras se cas-
tigaban con la pena de muerte como los
mas graves crímenes. La misma pena se
imponía al ocioso , al que hurtaba un.
manojo de yerbas ó un puñado de fruta ,
que al sacrilego , al homicida , al reo
de las mas horribles maldades. Esto dió
lugar á que se dijere que las leyes de
Dracon estaban escritas con sangre. Un
dia preguntaron á este legislador que ra-
zón había tenido para prodigar la pena
de muerte : á lo que respondió : « Las
faltas mas pequeñas la merecen y para
las graves no encuentro otra mayor. »
Solon dividió los ciudadanos en tres
a4 SOLON,
órdenes según los bienes que cada uno de
ellos poseía. Admitió á todo el pueblo á
la decisión de los negocios públicos , ex-
cepto á los artesanos que vivían de su
trabajo. Estos estaban excluidos de los
empleos y no gozaban de los mismos pri-
vilegios que los demas. Mandó que los
primeros magistrados fuesen siempre sa-
cados del primer orden ; que en caso de
sedición , el ciudadano que permaneciese
neutro entre los partidos fuese declarado
infame ; que si el bombre que se había
casado con una heredera rica era impo-
tente , su muger pudiese encoger entre
los parientes del marido el que mas le
conviniese ; que el dote de las mugeres se
redujese á tres trages y á algunos mue-
bles de poco valor , y que fuese lícito
matar á un adultero si le cogía infraganti.
Prohibió hablar mal de los muertos.
Permitió á los que no tenían hijos ins-
tituir herederos á los que escogiesen con
tal de que en la época de dictar el tes-
tamento estuviesen en su sano juicio.
Dispuso que el disipador de sus bienes
fuese declarado infame y privado de todos
sus privilegios , como también el hijo que
SOLON. aS
no mantuviese á sus padres en la vejez ;
sin embargo el Injo no tenia esta obli-
gación con respeto á su padre si este no
le habia enseñado un oficio.
Que ningún extrangero pudiese ser ciu-
dadano de Atenas , si no habia sido des-
terrado de su patria para siempre ó si
no se establecía en Atenas con su fa—'
milia para ejercer algún empleo ó pro-
fesión.
Disminuyó las recompensas que se da-
ban comunmente á los atletas.
Mandó que se educasen por cuenta
del público los hijos de los que habían
muerto defendiendo á su patria ; que
un tutor no pudiese vivir con la madre
de sus pupilos , y que el próximo here-
dero no pudiese ejercer el cargo de tu-
tor ; que el robo fuese castigado con
pena de muerte y que el que sacase un
ojo á otro perdiese los dos suyos.
Las leyes de Solon fueron grabadas
en piedra. Los miembros del consejo reu-
nidos solemnemente juráron que las ob-
servarían y que las liarían observar. Los
encargados en ejecutarlas juráron ademas
que si alguno de ellos faltaba á esta obli-
B
s6 SOLON,
pación ofrecería al templo de Apolo uní
estatua de oro del misino peso que la de
esta divinidad. Había jueces nombrados
para interpretar las leyes en caso de
iiaber casos en que fuera preciso.
Solon estaba un día escribiendo sus
leyes y Anacarsis se echó á reir burlán-
dose de este trabajo. « ¿Quieres , le dijo,
con algunos renglones escritos reprimir
la injusticia y las pasiones de los hombres?
Tus leyes son como las telarañas que solo
prenden á las moscas. Los hombres , res-
pondió Solon , observan aquello en que
lian convenido entre sí. De tal modo ar-
reglaré yo mis leyes, que todos los ciu-
dadanos conoscan que les es mas útil
obedecerlas que violarlas. » Preguntáronle
que razón habia tenido para no hacer
una ley contra los parricidas. « Porque
no be creido , respondió, que baya hom-
bres capaces de cometer semejante delito, a
Solia decir á sus amigos que un liombr®
de setenta años no debía temer la muerte
ni quejarse de las desgracias de la vida ;
que los cortesanos son como las fichas
del juego , que solo sirven para contar ,
y que representan inas ó menos valor s
SOLON. zj
según ei capricho del príncipe ; que los
que rodean á los príncipes no deben acon-
sejarles lo mas agradable , sino lo mas
ventajoso ; que la mejor guia que tenemos
para conducirnos es la razón , y que nada
debemos hacer sin consultarla ; que de-
bemos tener mas confianza en la pro-
bidad de un hombre que en su jura-
mento ; que no debemos contraer amis-
tades de ligero , pero que es peligroso
romper las ya contraídas ; que el medio
mas seguro y mas pronto de rechazar la
envidia es olvidarla ; que el hombre no
debe mandar sin haber aprendido antes
á obedecer ; que todos los hombres deben
mirar con horror la mentira ; en fin que
debemos honrar á los dieses , respetar
á nuestros padres y no tener trato con
los malos.
Solon echó de ver que Pisistrato iba
ganando mucho partido en Atenas y que
iba tomando las medidas necesarias para
hacerse con la soberanía. Hizo cuanto le
fue posible para contrarrestar estos de-
signios ; convocó al pueblo en la plaza
pública ; se presentó armado y se explicó
cía estos términos. « Atenienses , soy mas
a8 SOLON,
sabio que los que desconocen las perver-
sas ideas de Pisistrato y mas valiente que
los que las conocen y no tienen ánimo
de declararse contra ellas. Pronto estoy
á ponerme á vuestra cabeza y á com-
batir generosamente en favor de la li-
bertad. » El pueblo que estaba en favor
de Pisistrato , creyó que Solon estaba
loco. Pasa'ron algunos dias , Pisistrato se
hizo una herida y se presentó cubierto
de sangre y reclinado en un carro á vista
del pueblo, quejándose de que sus ene-
migos le habían cogido á traición y le
habian puesto en aquel estado deplorable.
« Hijo de Ipocrases , le dijo Solon , mal
representas el papel de Ulises , el cual
se arañó para engañar á sus enemigos ?
empero tú te hieres para engañar á tus
conciudadanos. » El pueblo se reunió y
Pisistrato pidió una guardia de cincuenta
hombres. Solon manifestó en público y
con vigor las fatales consecuencias que
traería consigo semejante medida , pero
nada pudo conseguir de un pueblo al-
borotado.
Pisistrato tuvo cuatro cientos hombres
á su disposición y no tardó mucho en
SOLON. 29
alistar otras tropas para apoderarse de
la fortaleza. Los principales habitantes
ele la ciudad miraron con la mayor es-
trañeza estas disposiciones , y solo pen-
saron en retirarse y ponerse al abrigo
del riesgo que amenazaba. Solon , sin
embargo , no se desanimó. Después de
liaber echado en cara á los Atenienses
su necedad y su cobardía: « Antes, les
dijo , os era mas fácil que ahora evitar
que se formase esta tiranía : mas ahora
os será mas glorioso aboliría y extermi-
narla de un todo. » Cuando vio que sus
palabras no podían disipar la consterna-
ción que reinaba en el pueblo , se fue á
su casa , tomó las armas y las puso á las
puertas del senado , exclamando : « ¡ O
amada patria ! He hecho cuanto he podido
en tu favor con mis acciones y palabras.
Juro á los Dioses que nada he omitido en
defensa de las leyes y de la libertad. ¡ O
amada patria ! Me voy; te dejo para siem-
pre puesto que soy el vínico enemigo del
tirano. Todos los demas están resueltos
á reconocerle por amo. »
Solon no quiso jamas obedecer á Pi~
sistrato, y temeroso de que los Atenienses
3o SOLON,
le obligasen tí reformar sus leyes que
babian jurado observar , quiso mas bien
desterrarse voluntariamente y viajar para
conocer el mundo que vivir molestado en
Atenas. Pasó á Egipto donde se detuvo
algún tiempo en la corte de Amasis. Pi-
sistrato que tenia en alto aprecio á Solon
le agradeció mucbo que se hubiese re-
tirado de los negocios públicos y le es-
cribió la carta siguiente para empeñarle
á volver : « No soy yo el único griego
que se ha apoderado de la soberanía. Nada
cometo contra las leyes ni contra los Dio-
ses , pues desciendo de Codro , y pues que
los Atenienses han jurado conservar sieim-
pre el poder supremo en su familia. Cuido
de que se observen tus reglamentos con
mucha mas escrupulosidad que si fuera,
el populacho quien gobernase. Me con-
tento con los tributos establecidos ante-
riormente y nada tengo que me distinga
del mas humilde de los ciudadanos , sino
es ciertos honores debidos á mi dignidad.
No estoy resentido contra tí porque has
descubierto mis designios ; creo que lo
hicistes por amor á la patria y no por
Cilio contra mí ; pues no sabias cual seria
SOLON. 3x
mi conducta en lo sucesivo y si lo ,jJ '
hieras sabido quizás no hubieras despro-
bado mi empresa. Vuelve pues y nada
temas. Cree que Solon no debe tener
miedo de Pisistrato , pues este no ha que
rido hacer daño ni aun á aquellos que
han sido siempre sus enemigos. Te con-
sideraré como mi mejor amigo y gozarás
¿ mi lado de toda especie de satisfacción,
porque no te creo capaz de una infide-
lidad. Si tienes razones que te impiden
venir á Atenas , te establecerás donde
quieras. Consentiré gustoso, con tal de
que yo no sea la causa de tu expatriación. »
Solon le respondió : « Creo que no me
harás ningún daño ", pues fui tu amigo
antes que fueras tirano , y no debo ser
mas odioso á tus ojos que cualquier otro
de los que aborrecen la tiranía. Dejo que
cada uno piense lo que quiera , acerca
de si es mas útil á los Atenienses ser go-
bernados por un dueño absoluto que por
muchos magistrados. Confieso que eres el
mejor de los tiranos ; pero no debo volver
á Atenas. Después de haber establecido
allí un gobierno libre y reusado la so-
beranía que me ofrecian los Atenienses ,
3:2 SOLON,
me censurarían con razón y creerían que
jo aprobaba tus designios. »
También escribió á Epimenides en es-
tos términos : « Como mis leyes eran casi
inútiles , su abolición no ha podido pro-
ducir grandes ventajas á los de Atenas.
Ni los Dioses , ni los legisladores pueden
ser útiles á ios pueblos , sino los que los
gobiernan cuando son bien intencionados.
Mis leyes no han hecho grandes bienes ,
pero los que las han violado han echado
á tierra la república , dejando el camino
abierto á Pisistrato para que invadiese la
soberanía. He predicho todo lo que ha
sucedido ; no me han querido creer ; Pi-
sistrato que adulaba á los Atenienses les
parecía mas fiel que yo que les decia la
verdad. He ofrecido ponerme á la ca-
beza de los ciudadanos para evitar las
desgracias que después han sobrevenido.
Me trataron de loco y diéron guardias
¿ Pisistrato , que se sirvió de ellas para
reducir la ciudad á la esclavitud. Creo
que no me quedaba otro partido que to-
mar sino retirarme. »
Creso , rey de Lidia , bizo tributarios
suyos todos los griegos del Asia. Muchos
SOLON. 33
sal) í os de' aquel tiempo abandonaron la
Grecia por diferentes motivos , J se re-
tiraron á Sardis , capital del imperio de
Creso , ciudad muy floreciente entonces
y llena de personagef y de riquezas. Corno
Creso oia decir tantos bienes de Solon ,
entró en deseo de verle. Le mandó a de -
cir que viniese á establecerse en sus es-
tados y recibió la respuesta que sigue :
« Xe agradesco sobremanera la amistad
que me manifiestas y los Dioses saben
que si no hubiera tomado la resolución ,
mucho tiempo hace , de vivir en un es-
tado libre , mas quisiera vivir en tu reino
que en la misma Atenas, mientras Pi-
sistrato ejersa en ella un poder tiránico
pero en el género de vida que he abra-
zado , me es mucho mas grato residir en
un pueblo en que todos son iguales. Iré
á verte sin embargo para tener el gusto
de pasar algún tiempo en tu compañía. »
Solon pasó á Sardis para ver á Creso
que tanto deseaba conocerle. Al atravesar
la Lidia, encontró muchos magnates con
grandes acompañamientos y trenes sun-
tuosos y cada uno le parecia Creso. A.1
fin fue presentado á este , que le aguar—
Ib.
34 SOLON,
ciaba sentado en su trono y revestido de
sus mas brillantes galas. Solon no pareció
admirado de tanta magnificencia. Creso le
dijo : «Huésped, he oido hablar mucho
de tu sabiduría, seque has viajado mu-
cho : pero ¿ has visto algún hombre ves-
tido con mas magnificencia que yo ? ?>
Solon le respondió : « Los faisanes , los
gallos y los pavos reales están mejor ves-
tidos que tú , pues todas sus galas son
naturales y no tienen que tomarse el tra-
bajo de vestirse. » Esta respuesta ines-
perada sorprendió al rey, el cual mandó
que le enseñasen todos sus tesoros. Des-
pués le mandó llamar y le dijo : « ¿Has
visto algún bombee mas feliz que yo ?
Si , respondió el filósofo : Telo , que lia
sido hombre de bien y ba vivido en una
república bien gobernada. Ha dejado dos
Lijos muy apreciados en Atenas , con un
caudal suficiente para que sean bien edu-
cados y ba tenido la dicha de morir con
las armas en la mano , ganando una vic-
toria contra los enemigos de su patria.
Los Atenienses le han alzado un sepulcro
en el mismo sitio en que perdió la vida y
le han tributado los mas altos honores, »
S O L O N. 35
Creso quedó no menos admirado que ai
oir la primera respuesta y no pudo menos
de creer que Solon era un insensato.
« Pues bien, le dijo, después de Telo
¿ cual es el mas dichoso de los hombres i* ’>
Solon respondió : « Hubo en otro tiempo
dos hermanos llamados Cleobis y Biton.
Eran tan robustos que siempre salían vic-
toriosos en toda clase de combates. Se
querían entrañablemente. Su madre , que
era sacerdotisa de Juno y á quien ellos
amaban mucho , tenia que ir un día de
fiesta á hacer un sacrificio al templo.
Tardaron mucho en traer los bueyes , y
los dos hijos tiraron del carro y la lle-
varon al sitio á que debía ir. Todo el
pueblo los colmó de bendiciones. La ma-
dre , llena de alegría , pidió á Juno que
les enviase lo que mas les conviniese. Des-
pués de haber hecho el sacrificio y de
haber comido muy bien fueron á acostarse
y los dos murieron en la misma noche. »
Creso entonces se puso muy colérico. « ¡Y
que ! le dijo. ¿ No me colocas en el
número de los hombres dichosos ? ¡ O
rey de los Lidios ! respondió Solon : tú
posees grandes riquezas , eres dueño de
36 SOLON,
muchas naciones; pei’o la vida está ex-
puesta á tantas mudanzas , que no se puede
hablar de la felicidad de un hombre , Ín-
terin no llega al fin de su carrera. EL
tiempo promueve cada dia nuevos acci-
dentes que no se esperaban. No cantemos
pues la victoria antes que termine el
combate. » Creso se disgustó mucho ;
despidió á Solon y no quiso volverle
á ver.
Esopo , que se hallaba entonces en Sar-
dis , adonde había venido de orden de
Creso para divertirle , sintió mucho la
mala acogida que aquel monarca había
hecho á un hombre tan distinguido. « ¡ O
Solon ! le dijo. No conviene acercarse á
los príncipes , sino es para decirles lo
que les es agradable. Al contrario , res-
pondió Solon , no conviene acercarse á
los príncipes sino para aconsejarles lo
mejor y para decirles siempre la verdad. »
Ciro tenía en una cárcel á Astiages su
abuelo materno y le habia despojado de
sus estados. Creso abrazó la defensa de
este anciano y declaró la guerra á Ciro.
Como tenia riquezas inmensas y se veia
á la cabeza de una nación que se reputaba
SOLON. 37
la mas belicosa del mundo , ereia que
nada le era imposible. Por desgracia fué
derrotado y se retiró á Sardis donde lúe
sitiado y hecho prisionero después de
catorce dias de resistencia. Fué presen-
tado á Ciro , el cual le mandó poner
cadenas , y colocarle en lo alto de una
pira , atado con catorce niños Lidios y
allí debía morir en las llamas á vista de
Ciro y de todos los Persas. Cuando iban
á dar fuego á la leña , Creso , en aquel
deplorable estado , se acordó de las úl-
timas expresiones de Solon , y exclamó
suspirando : « ¡ O Solon , Solon , Solon ! »
Estas voces sorprendieron á Ciro , en tales
términos que le mandó á preguntar si
estaba implorando alguna divinidad en
su infortunio. Creso no respondió , pero
habiéndole mandado que se explicase ,
dijo con la mayor amargura : « ¡ A !
Acabo de nombrar á un hombre que los
reyes deberían tener siempre á su lado ,
y cuya conversación deberia serles mas
preciosa que los mas abundantes y ma-
gníficos tesoros. » Le instaron para que
se explicase mas. « Es un sabio de la
Grecia, dijo, que mandé llamar en cierta
38 SOLON,
ocasión para que admirase mi prosperi-
dad , y me dijo con la mayor frialdad ,
como si todo mi esplendor no fuese mas
que una vanidad necia , que aguardase
al fin de mi vida y que no me jactase
de una dicha expuesta á tantas mudan-
zas. » Mientras Creso estaba hablando ,
el fuego ardia ya en lo bajo de la hoguera
y las llamas empezaban á subir. Ciro
tuvo compasión. El estado deplorable de
un príncipe que había sido tan poderoso ;
le hizo entrar en sí. Temió que le so-
breviniese igual desgracia ; mandó apagar
el fuego y quitar á Creso las cadenas.
Después le colmó de honores y se sirvió
de sus consejos en los asuntos mas arduos.
Solon , después de haber salido de la
Corte de Creso , pasó á Cilicia , adonde
edificó una ciudad , á que dio el nombre
de Solos. Habiendo sabido que Pisistrato
continuaba ejerciendo el poder absoluto
y que los Atenienses se arrepentían de
no haberse opuesto á su usurpación 7 les
escribió en estos términos : « Hacéis mal
en acusar á los Dioses , como autores de
vuestra mala fortuna. Si ahora sois des-
graciados t quejaos á vuestra ligereza j
SOLON. 3y
á vuestra locura, en no haber querido
creer á los hombres bien intencionados ,
y en haberos dejado sorprender poi las
buenas razones y por las astucias de un
hombre que solo quería engañaros. Las
guardias que le habéis permitido tomar ,
os guardarán, en la esclavitud durante toda
la vida. »
Periandro , tirano de Corinto , instruyó
á Solon del estado de sus negocios y le
pidió consejo. Solon le respondió : « Me
escribes que hay muchos que conspiran
contra tí. Aun cuando te deshicieses de
todos tus enemigos dándoles muerte , no
ganarias mucho. Aquellos á quienes me-
nos sospechas, te prepararán acechanzas;
uno por temor de que le persigas, otro
por odio á tu desconfianza , otro , enfin ,
porque creerá hacer un gran servicio á
tu patria , dándote muerte. El mejor par-
tido que puedes tomar es renunciar en-
teramente á la tiranía. Si no puedes re-
solverte á ello llama tropas extrangeras
para que tengan sujeto el país afin de
no temer á nadie ni verte en la precisión
de imponer nuevos castigos. »
Solon pasó á Chipre y se hizo amigo
4o SOLON .
de Filocipro , príncipe de Depxa. La
ciudad estaba edificada en un terreno
estéril. Solon aconsejó á Filocipro que
edificase otra en mejor sitio. Aprobada
esta idea por el príncipe , Solon mismo
designó un llano fértilísimo y dirigió
todos los trabajos de la empresa que
salió á medida de sus deseos. Filocipro
en señal de su gratitud dió á la nueva
ciudad el nombre de Soles.
Solon no fue nunca enemigo del pla-
cer. Gustaba de la buena mesa , de la
miisica y de todo lo que podia contri-
buir á hacer agradable la vida. No apro-
baba las representaciones y espectáculos
póblicos en que no habia mas que fá-
bulas y ficciones. Creía que estas cosas
eran perniciosas á la república y que
podia» traer consigo muchos inconve-
nientes. Cuando estaba gozando del mayor
crédito en Atenas , Tespis empezó á re-
presentar las tragedias que el mismo
habia compuesto. La novedad de este
invento agradó sobremanera á los Ate-
nienses. Solon que gustaba de divertirse
asistió un dia á este espectáculo. Con-
cluida que íué la representación , llamó
SOLON. 4*
á Tespis y le dijo : « ¿ No tienes ver-
güenza de mentir en público ? No bay
mal en ello , respondió Tespis , pues
solo és por diversión. Si , continuo So-
Ion seriamente enfadado , peí o si se
aprueban estas mentiras porque divier-
ten , pronto las veremos en los actos
públicos y en los negocios mas graves. »
Mucho tiempo después cuando Pisistrato
se presentó en la plaza publica cubicito
de sangre , Soion aludiendo á las re-
presentaciones dramáticas exclamó: «He
aquí el origen funesto de todas esas
imposturas. »
Algunos atribuyen á Solon la funda-
ción del Areopago , consejo que se com-
ponía de los que habían desempeñado
todos los cargos públicos del Estado. Un
día le preguntaron cual era la nación
mas culta : « Aquella , respondió , en
que el hombre que no ha sido ultra-
jado , persigue con tanto calor al que
ha injuriado á otro , como si el mismo
hubiera recibido la injuria. » Al fin de
sus dias había empezado un poema so-
bre la noticia que había tenido en Egipto
de la existencia de una isla Atlantida t
p SOLON.
situada , según se decía , mas allá del
océano conocido. Murió en Chipi’e antes
de haber concluido esta obra , en la
olimpiada 55 á los ochenta y cuatro años
de su edad. Mandó que sus huesos fué-
sen llevados á Salamina , que se que-
masen allí y que se esparciesen las cenizas
por el campo. Los Atenienses después de
su muerte le consagráron una estatua ,
en que estaba representado en trage de
príncipe del pueblo , con el libro de sus
leyes en la mano. Los habitantes de Sa-
lamina le erigieron otra que le repre-
sentaba en trage de orador , hablando al
público y ocultas las manos en Jos plie-
gues de la ropa.
PITACO.
43
UUW'VHwutumwmuyvmwwutmvwnnw'»
PITACO.
Florecía en la Olimpiada l^n.. Murió el 3 año de
la 5a de edad de setenta años.
Pitaco, Lijo de II irradio , procedente de
una familia de Tracia , nació en Mitilene ,
ciudad pequeña de la isla de Lesbos , en
la olimpiada 29. Fue en su juventud muy
emprendedor , valiente soldado , gran ca-
pitán y siempre buen ciudadano. Obser-
vaba la máxima de que es preciso aco-
modarse al tiempo y aprovecharla ocasión.
Su primera empresa fue ligarse con
el hermano de Alceo , contra el tirano
Melancro , que había usurpado la sobe-
ranía de la isla de Lesbos. Melancro fue
derrotado y Pitaco adquirió gran fama
de valiente. Los pueblos de Mitilene y
de Atenas estaban en guerra , mucho
tiempo hacia , sobre la posesión de un
territorio llamado Aquiiitides. Los habi-
tantes de Mitilene dieron á Pitaco el
mando de sus tropas. Cuando los dos ejér-
citos estaban uno enfrente de otro y
próximos á combatir, Pitaco propuso un
44 PITACO.
combate particular que terminase - toda
la reyerta , y para ella , desafió á Frinon,
general de los Atenienses que siempre ha-
lda salido victorioso en toda especie de
combate , y que liabia sido coronado mu-
chas veces en los juegos olímpicos. Fri-
non convino en pelear y ambas partes
quedaron de acuerdo en que el vencedor
seria dueño del territorio que había dado
margen á la disputa. Los dos generales
se presentaron solos delante de los dos
ejércitos. Pitaco había ocultado una red
debajo de su escudo y aprovechándose
diestramente de los movimientos de Fri-
non , le envolvió en ella, diciendo : « No
he cogido un hombre sino un pez. » Pi-
taco mato á su enemigo á vista de los
dos ejércitos y quedó dueño del territorio.
Los años templaron el ardor de Pi-
taco y poco á poco empezó á saborear
la dulzura de la filosofía. Los de Mitilene
que le respetaban sobre manera , le die-
ron la soberanía de la ciudad. Adoctri-
nado por una larga y penosa experien-
cia , miró con serenidad las vicisitudes
de la fortuna. Después de haber estable-
cido el orden de la república, hizo d«-
PITACO. 0
Elisión de la alta dignidad que se le había
conferido y que había estado ejerciendo
por el espacio de doce años y se retiró
enteramente de los negocios.
Pitaco miró con desprecio las riquezas
después de haberlas deseado con ansia.
Los de Mitilene en consideración á los
grandes servicios que les había hefcho ,
le ofrecieron un hermoso terreno , cu-
bierto de arroyos , de bosques y viñas
y cuyos productos bastaban para que
hubiese vivido con el mayor esplendor
en su retiro. Pitaco tomó su dardo , lo
disparó con toda su fuerza , y se contentó
con un terreno igual al cuadro del es-
pacio que el dardo había transcurrido.
Los magistrados sorprendidos al ver tanta
moderación , le suplicaron que explicase
los motivos que tenia. Él se contentó con
responderles « que una parte valia mas
que el todo. »
Creso le escribió convidándole á ver
sus riquezas. Pitaco le respondió : « Veo
que deseas enseñarme tus tesoros. Sin
haberlos visto estoy convencido de que
el hijo de Aliates es el mas poderoso de
los rey.es : mas yo no seria mas rico de lo
4S PITACO,
que soy teniendo todo lo que posee». De
liada necesito : me contento con poco ,
es decir, con lo necesario para vivir yo
y algunos amigos. Sin embargo iré a verte
para darte gusto. »
Creso después de haber subyugado los
Griegos del Asia , resolvió equipar una
escuadra para apoderarse de las islas.
Pitaco pasó entonces á Sardis. Creso le
preguntó si había algo de nuevo en Gre-
cia : « Príncipe , le respondió el filósofo ,
los insulares han comprado diez mil ca-
ballos. Van á hacerte la guerra y á ata-
carte en Sardis. ¡ Ojalá , dijo Creso ,
que los insulares ataquen á los Lidios ,
Con caballería ! Parece, continuó Pitaco,
que deseas que los Griegos de las islas te
ataquen á caballo y en tierra firme ; y
tienes razón. Pero ; no crees que se reirán
de tu armada naval ? Lo que mas desean
ellos es pelear en la mar con los Lidios ,
aunque no sea mas que para vengar los
Griegos que has sacrificado. » Creso se
imaginó que Pitaco estaba enterado de
sus designios ; renunció á ellos y hizo
alianza con los Griegos insulares.
Pitaco era de un aspecto desagradable.
pitaco. 4'y
Tema siempre los ojos malos ; era muy
grueso y desaliñado y andaba con mucim
incomodidad por causa de unos dolores que
padecía en los pies. Se había casado con
la hija del legislador Dracon , muger
orguilosa é insolente , que despreciaba á
su marido por su fealdad y que tema la
mas alta idea de su prosapia. Un dia Pi-
taco habia convidado á comer á alguno*
filósofos amigos suyos. Cuando todo es-
tuvo dispuesto , su muger echo á rodar
la mesa con todo lo que tenia encima.
Pitaco , sin alterarse , dijo á los convi-
dados : « Está loca : es menester compa-
decerla.» Esta continua discordia en que
estaba con su muger le había inspirado
mucha aversión á los casamientos des-
proporcionados. Un dia vino á consul-
tarle un hombre que tenia á su dispo-
sición dos mugeres , una de su misma
condición , otra muy superior á él po*
su genealogía y por su riqueza , y de-
seaba saber á cual de ellas debería dar
la mano de esposo. Pitaco alzó el bastón
en que estaba apoyado : « Anda , le dijo ,
á la calle donde los muchachos se juntan
á jugar. Ellos podrán aconsejarte sobre
48 PITACO,
lo que me preguntas. » El hombre fue
en efecto, y vio que los muchachos se
decían unos á otros : « Escoge tu igual.»
Entendió el consejo y renunció á la novia
que le era superior.
Pitaco era tan sobrio que solo bebía
agua de la fuente , aunque en Mitilene
abundaban los vinos mas delicados. Acon-
sejó en secreto á Periandro que se abstu-
viese del uso del vino, si quería salir bien
en su designio de hacerse dueño ele Co-
rinto , y conservarse en la autoridad su-
prema.
Mandó que el que cometiese alguna
, falta en estado de embriaguez fuese do-
blemente castigado. Decia que la necesi-
dad tenia tanta fuerza que los Dioses mis-
mos tenían que obedecer á sus leyes ;
que el hombre daba á conocer la exten-
sión de su espíritu en el manejo de las
cosas publicas ; que los sabios debían
prever las desgracias que podrían sobre-
venirles afin de poder evitarlas , y que
los hombres de ánimo debían sufrirlas
con resignación cuando venían ; que era
muy difícil ser hombre de bien ; que
lo mejor que el hombre podía hacer era
PITACO
49
aplicarse á hacer bien lo que actualmente
estaba haciendo ; que para lograr buen
éxito en todo , es necesario emplear mu-
cho tiempo en pensar y muy poco en.
obrar lo ya pensado y resuelto ; que la
victoria mas apreciable es la que se logra
sin derramar sangre , y que para que un
imperio esté bien gobernado se necesita
que el rey y todos los que mandan obe-
dcscan á las leyes , tan ciegamente como
el mas humilde de los ciudadanos.
Cuando tengáis algún proyecto decía
•á sus discípulos , no os vanagloriéis de
el : porque os liarán burla los que os
oyen si no lo lleváis á efecto. No eclieis
á nadie en cara la mala fortuna , no sea
que os reconvengan también si llegáis á
ser desgraciados. No habléis mal de na-
die , ni aun de vuestros enemigos. Con-
servad vuestros amigos , y vivid con ellos
con tanta reserva como si con el tiempo
debieran ser vuestros contrarios. Amad
la castidad , sed frugales y no digáis ja-
mas una mentira. Respetad a los Dioses.
Devolved fielmente el depósito que os
haya sido confiado y no reveleis jamas un
secreto.
C
5o
PITACO.
En irnos versos que compuso , eli jo que
era preciso tomar el arco y las flechas
y salir á matar al hombre malo donde
quiera que se le encontrase , porque su
corazón era doble y sus labios no profe-
rían nada que pudiese inspirar confianza
al hombre de bien.
Creso le envió á su retiro una gran
suma de dinero. Pitaco no quiso aceptarla,
y respondió que poseía mas de lo que ne-
cesitaba. Sus respuestas eran por lo co-
mún prontas y agudas. Jamas se detuvo
en responder , cualquiera que fuese la
pregunta que se le dirigía. Preguntáronle
¿ cual era la cosa mas mudable ? « El
curso de las aguas , respondió , y el co-
razón de la muger . » ¿ Que es lo que el
hombre debía hacer lo mas tarde que le
fuese posible? «Pedir dinero prestado á
su amigo. i> ¿ Que es lo que debía hacerse
siempre y donde quiera ? « Aprovecharse
del bien y del mal que sobrevengan. »
¿ Que cosa es la mas agradable ? « El
tiempo. » ¿ Cual la mas oculta? « El por-
venir. » ¿ Cual la mas fiel ? « La tierra. »
¿ Cual la mas infiel ? « La mar. »
F ocaico le dijo que necesitaba un hombre
Si
PITACO,
de bien para confiarle un asunto de im-
portancia. « Búscalo , le respondió , y
no lo encontrarás. »
Tirreo, liijo de Pitaco , estaba un dia
en Cumas , en la tienda de un barbero ,
donde los jóvenes solian juntarse para
.hablar de noticias. Un jornalero, arrojó
un aradon , el cual cavó por casualidad
sobre Tirreo y le partió la cabeza. Los
de Cumas se apoderaron del jornalero y
le condenaron á muerte. Pitaco , enterado
de todas las circunstancias del suceso ,
declaró inocente al acusado , diciendo
que una falta cometida sin intención me-
rece ser perdonada , y que el que la
venga se bace culpable , castigando in-
justamente á un inocente.
Pitaco solia divertirse en componer ver-
sos. Asi escribió sus leyes y algunas
otras obras. Acostumbraba ejercitarse en
moler trigo con un molino de mano.
Fue maestro de Ferecides, colocado por
algunos entre los sabios de Grecia y cuyo
fin fue muy extraordinario.
Dicen que un dia cuando la guerra
estaba mas encendida que nunca entre
los de Efeso y los de Magnesia, Ferecides
5s PITACO,
que defendía á los primeros encontró á
un hombre en el camino. Preguntóle de
donde era , y cuando supo que era de
Efeso , le dijo : « Arrástrame por los
pies al pais de los Magnesios y ve al ins-
tante á Efeso á referir el modo con que
he querido que me trates. Diles que no
tarden en enterrarme si salen victoriosos. »
El hombre desempeñó puntualmente tan
singular encargo. Cuando los de Efeso
supieron esta noticia , se llenaron de es-
peranza. Dieron la batalla al día siguiente
y ganaron una victoria decisiva. Buscaron
en seguida el cadáver de Ferecides y le
enterraron con gran solemnidad»
Pitaco murió en la isla de Leshos de
edad de mas de setenta años , en la olim-
piada £2.
BIAS.
53
VAmwm%wvu>.viwvuv\W‘i'WW" wuww1 '
BIAS.
Contemporáneo de Pitaco ; floreció en tiempo
que Haliates y después Creso reinaban en
Lidia.
JJ i as de Priene , pequeña ciudad de
Caria , gozó de gran reputación en Gre-
cia , en tiempo de Haliates y de Creso ,
rey de Lidia , desde la olimpiada cua-
renta hasta su muerte. Era un excelente
ciudadano , muy desinteresado , político
diestro y hombre de bien. Vivia con
mucha sencillez * aunque había nacido
muy rico. Gastaba todo su caudal en
socorrer á los que lo necesitaban ; pasaba
por el orador mas elocuente de su tiempo;
empleaba su talento en defender á los
pobres y á los afligidos , sin querer otra
utilidad que. la gloria de haber servido
á su patria. Nunca defendió causa que
no creyese muy justa , lo cual era ya una
especie de proverbio en el país , pues
cuando querían dar á entender que una
causa era muy buena , decían : « BiaS
podrá defenderla. » Y cuando querían
U UTAS,
hacer el mayor elogio posible de un ora-
dor decían : <y Mejor saldrá que Bias. »
Desembarcaron un día unos piratas
cerca de Mesen a en el Peloponeso , y
tomaron por fuerza algunas doncellas que
fueron á vender á Priene. Bias las com-
pro ^ las llevó á su casa y las cuidó como
¿ sus propias hijas. Les hizo muchos re-
galos y las devolvió á sus padres. Esta
generosa acción le dió tanta fama , que
muchas gentes le llamaban el principe
de los sabios.
Algún tiempo después los pescadores
de Mesenas encontraron en el vientre de
un pescado, un vaso de oro con esta
inscripción : yíl mas sabio. El senado se
reunió para determinar lo que debía ha-
cerse. Las doncellas que Blas bahía tra-
tado con tanta humanidad , se presentaron
en compañía de sus padres , al senado
y gritaron a la vez , que nadie era mas
sabio que Bias. El senado le envió el vaso.
Bias lo estuvo examinando y habiendo,
leido la inscripción , no quiso aceptarlo ,
y dijo que aquel título solo correspondía
á Apolo.
Hay quien dice que este vaso no es otra
Bí AS. 55
Cosa que !a trípode de que se lia hablado
en la vida de Tales , y que aquella his-
toria no tiene otro fundamento sino el
haber sido enviada la trípode á Bias,
después, de otros filósofos. Otros dicen
que Bias fue el primero á quien se pre-
sentó.
Haliates rey de Lidia , después de ha-
ber arruinado muchas ciudades de la
Grecia asiática fue á poner sitio á Priene.
Bias era entonces el primer magistrado
de la ciudad , y resistió vigorosamente
durante largo tiempo. Mas como Haliates
se obstinaba en llevar adelante su empresa,
y como la ciudad ademas padecia mucho
por la escasez de víveres , Bias mandó
cebar dos mulos y los echó al campo
enemigo , como si se hubieran escapado
de la ciudad. Haliates sorprendido de ver
aquellos animales en tal estado , temió
que le seria difícil reducir la ciudad por
hambre. Halló un pretexto para enviar
allí un hombre , mandándole que se in-
formase de su situación. Bias penetró el
\designio de Haliates. Mandó hacer grandes
montones de arena y cubrirlos de harina ,
de modo que el emisario creyó que los
56 B I A 5.
víveres abundaban. Haliates engañado con
este artificio , determinó alzar el sitio }
dejó á los de Priene en paz é hizo alianza
con ellos. Después tuvo la curiosidad de
ver á Bias y íe mandó á decir que viniese
á hacerle una visita en su campamento.
Bias respondió á sus emisarios : « Decidle
al rey que vivo aquí y que le mando
que coma cebollas y llore todo el resto
de sus días. »
Bias gustaba de la poesía. Compuso mas
de dos mil versos llenos de preceptos de
moral sobre el modo de vivir feliz y de
gobernar acertadamente la república en
paz y en guerra. Decia comunmente :
# Procurad ser agradable á todo el mundo.
Si íO conseguís hallareis mil satisfacciones
en el curso de la vida. La ostentación y
el desprecio con que miramos á los hom-
bres , no ha producido nunca mas que
males y disputas. »
* Amad á vuestros amigos con cautela s
solia decir ; pensad que pueden ser vues-
tros enemigos. Aborreced á vuestros ene-
migos con moderación ; porque no es im-
posible que sean vuestros amigos. Escoged
con el mayor esmero aquellos á quienes
BIAS. 57
hayais de dar este título. Amadlos con
igualdad , pero distinguid el grado de
mérito que cada uno posee. Imitad á
vuestros amigos , si es honorífico darles
semejante nombre , y creed que su vir-
tud contribuirá en gran manera á vuestra
reputación. No os deis priesa á hablar ,
que es señal de locura. Procurad adqui-
rir sabiduría en la juventud , para que
os sirva de consuelo en la ancianidad.
Esta es la mejor adquisición que podáis
hacer ; la vínica cuya posesión es segura
y que no os podrá ser arrebatada. La
cólera y la precipitación son los mayores
enemigos de la prudencia. Los hombres
de bien escasean ; no asi los necios y los
malvados. No dejeis de cumplir todo lo
que habéis prometido. Hablad de los Dio-
ses de un modo conveniente a su grandeza.
Si hacéis alguna buena acción , dadles
gracias. No seáis importunos : es mucho
mejor que os obliguen á recibir que el
obligar á los otros á dar. Nada empren-
dáis temerariamente : pero ejecutad con
vigor lo que hayais emprendido. No ala-
béis á un hombre por sus riquezas , si no
merece poseerlas. Vivid como si á cada
B8 Bí AS.
instante debierais morir , y como sí de—
biérais permanecer largo tiempo en la
tierra. La salud vigorosa es un don de
la naturaleza. Las riquezas son hijas del
acaso : pero la sabiduría es quien única-
mente pone al hombre en estado de dar
buenos consejos á su patria. El deseo de
las cosas imposibles es enfermedad del
alma. »
Preguntáronle un día : Que es lo que
lisonjea mas á los hombres? Y respondió:
« La esperanza » ¿ Que es lo que mas
gusta? tí La ganancia.» ¿Que es lo que
con mas dificultad se sobrelleva ? «La pér-
dida de la riqueza. »
Decía que no hay hombre mas desgra-
ciado que el que no sabe sufrir la des-
gracia. Hallábase un día en un barco
con algunos impíos. De repente se levantó
una borrasca tan furiosa , que el barco
estuvo próximo á perecer. Los impíos
asustados , invocaban á los Dioses, tí Ca-
llad, les dijo Bias; si los Dioses saben
que estáis aquí , somos perdidos. »
Un impío le preguntó que especie de
culto debía tributarse á los Dioses. Bias
no le respondió. El impío instó y le rogó
El AS. 5a
le dijese la causa de su silencio. Gallo ,
le respondió Bias , porque nada tienes tú
que ver con lo que me preguntas. ¡>
Decía que gustaba mas de juzgar una
disputa entre dos enemigos suyos, que
entre dos de sus amigos , porque era
preciso reñir con el amigo que sale con-
denado , y es muy factible reconciliarse
con el enemigo en cuyo favor se ha
resuelto.
Un dia se vio en la precisión de ser juez
en la cansa de uno de sus amigos, que de-
bía ser condenado á muerte. Antes de pro-
nunciar la sentencia se ecbó á lloraren
medio del Senado. « ¿ Porque lloras ? le
dijeron ; en tu mano tienes salvar al reo
si quieres. Lloro , respondió Bias , porque
la naturaleza me manda tener compasión
del desgraciado , y la ley me prohíbe dar
©idos á la voz de la naturaleza. »
Blas no liabia colocado jamas en el nú-
mero de los bienes reales , los que depen-
den de la fortuna. Creia que las riquezas
son unas diversiones sin las cuales se puede
vivir fácilmente y que por lo común solo
sirven á separar al hombre del camino de
la virtud.
6o
BIAS.
Hallóse , por casualidad , en Priene , su
patria, cuando la toma y saqueo de aquella
infeliz ciudad. Los ciudadanos huían , lle-
vando cada cual lo que podía ; Bias fue el
fínico que estuvo quieto en medio de aquel
trastorno; sin moverse, y como si fuera
insensible á las desgracias de su patria.
Preguntáronle porque no trataba de salvar
alguna cosa , como los otros liacian. « Asi
lo hago , respondió , pues llevo conmigo
todo lo que poseo. »
La acción que terminó la vida de Bias ,
no fue menos ilustre que toda ella. Se ha-
bía hecho llevar al Senado , donde defen-
dió los intereses de uno de sus amigos ,
con mucho zelo. Como era ya de una edad
muy avanzada , se sintió cansado en de-
masía , y apoyó la cabeza en el pecho de
uno de sus nietos que le habia acompa-
ñado. Cuando el orador de la parte con-
traria hubo terminado su discurso , los
jueces prouunciáron en favor de Blas ,
que inmediatamente espiró en brazos de
su nieto.
Los habitantes le hicie'ron magníficos
funerales , y demonstraron el gran senti-
miento que semejante pérdida les ocasio»
BIAS. 6x
Bata. Erigiéronle Un soberbio sepulcro t
en que se leia el siguiente epitafio :
« Priene ha sido ia patria cíe Bias, que
» fué en otro tiempo la honra de toda la
» Ionia y que tenido pensamientos mas altos
» que todos los demas filósofos. »
Su memoria fué tan venerada en lo su-
cesivo , que sus compatriotas le alzáron
un templo y le tributaban honores ex-
traordinarios.
PERIANDRO.
Tirano de Corínto, contemporáneo de los filó-
sofos que preceden. No se sabe exactamente
el año de su nacimiento, ni el de su muerte.
Es muy extraño que los griegos hayan
dado el título de Sabio á un loco como
Periandro. Sin duda solo han tenido en
consideración sus máximas , sin hacer
caso del desarreglo de su vida. Habló
siempre como sabio y vivió como fre~»
nético. Durante mucho tiempo . tuvo un
comercio infame con Cratea , su madre.
Un día hizo voto de erigir una estatua
C>2 PE!U ANDRO,
de oro en honor de Jiípiter , si salía vic-
torioso en los juegos olímpicos : en efecto,
en los primeros juegos que se celebráron ,
fué vencedor : mas no teniendo dinero
para realizar su voto , hizo despojar de
sus alhajas á las señoras que se habían
adornado magníficamente para asistir á
una fiesta, y de este modo tuvo todo lo
que le era necesario.
Periandro era hijo de Cipseles , déla
familia de los Heraclides , y ejercía la
tiranía en Corarlo , ciudad de su naci-
miento , bajo el reinado de Haliates , rey
de Libia. Se había casado con Lisis , hija
del príncipe de Epidauro , se le mostró
siempre muy apasionado y le mudó el
nombre de Lisis , llamándola Melisa. Tuvo
dos hijos de este matrimonio ; Cipseles ,
el mayor , parecía torpe y mentecato ,
pero Licofron , el menor , tuvo un genio
elevado , y era muy capaz de gobernar
un reino.
Algunas mugeres interesadas dieron á
Periandro sospechas sobre la conducta de
su muger , que á la sazón estaba emba-
razada. Periandro tuvo furiosos zeios. Un
día la encontró subiendo una escalera
FEílíÁNDRO. G3
y le Rió con el pie tan fuerte golpe en
el vientre que la echó á rociar y la mató ,
como también al hijo que llevaba en el
seno. Después se arrepintió y para ven-
garse de las acusadoras de su muger , las
mandó arrojar á una hoguera.
Cuando Procleo supo el modo con que
su bija había sido tratada , mandó que
le llevasen á sus dos nietos , á quienes
amaba entrañablemente. Los tuvo algún
tiempo en su poder para consolarse , J
cuando los restituyó á su padre , los abrazó
y les dijo : Hijos mios , ya conocéis al
asesino de vuestra madre. El mayor no
entendió lo que estas palabras querían
decir , pero hicieron tanta impresión en
el ánimo del menor , que cuando estuvo
de vuelta á la casa paterna , no quiso
hablar con su padre , ni responderle á
las preguntas que le hizo. Entonces el
padre examinó al mayor , Cipseles , para
saber lo que el abuelo les había dicho ,
mas Cipseles que no tenia buena memo-
ria , le contó solo que los había tratado
muy bien. Esta respuesta no satisfizo á
Periandro , el cual sospechaba otra cosa.
Tantó le instó, que Cipseles, por fin ,
64 PER! ANDRO.
se acordó de las últimas palabras que el
abuelo les había dirigido al separarse ,
y se las refirió al padre. Periandro co-
noció entonces las intenciones de Pro-
cleo , y determinó vengarse de Licofron ,
su hijo menor , obligándole á tener que
implorar su misericordia. Para esto mandó
á las personas que le habían dado alo-
jamiento que le arrojasen de el , y Lico-
fron se presentó pidiendo asilo en otras
muchas casas , mas nadie quería admitirle,
temiendo las amenazas del padre. En-
contró , por fin , algunos amigos que se
compadecieron de su suerte , y que , aven-
turándose á las resultas , le dieron una
habitación. Periandro entonces , publicó
un bando imponiendo la pena de muerte
á todo el que acogiese ó dirigiese la pa-
labra á su bijo. El temor de tan riguroso
castigo llenó de espanto á los Corintios ,
nadie se atrevía á acercársele ; todos le
miraban con terror , de modo que el
desgraciado mancebo , pasaba las noches
en los pórticos de la ciudad. Cuatro dias
después , Periandro , que le vio medio
muerto de hambre y de miseria , tuvo
compasión de el y le dijo : « O Licofron :
PE RI ANDRO, 6 §
¿ cual suerte es mas apetecible , pasar
una vida tan desgraciada como la tuja ,
ó ser dueño de mi poder j de mis tesoros ?
Tú eres mi hijo , y príncipe de la flore-
ciente ciudad de Corinto. El suceso que
te ha exasperado tanto contra mí , y de
que yo be sido la causa , me lia sido
muy sensible. Pero tus desgracias son obra
de tus manos , pues te las has ocasionado ,
irritando á quien debías obedecer. Ahora
que conoces los efectos de tu obstinación
contra tu padre, te permito que vuelvas
á casa. » Licofron, insensible como una
piedra á las expresiones de su padre , le
respondió con gran frialdad : « Tú me-
reces la pena que has impuesto á los
otros , puesto que me has dirigido la pa-
labra. » Cuando Periandro vio que era
imposible vencer la tenacidad de su hijo ,
tomó el partido de alejarle de su vista,
y le desterró á Corcira , país que le
estaba sometido.
Periandro estaba muy irritado contra
Procleo , á quien atribuía los disturbios
que reinaban entre su hijo y el. Reunió
tropas , se puso á su cabeza , y declaró
la guerra á aquel príncipe. Esta empresa
66 PERIANDRO.
le salió tan bien como podía desear. Des-
pués de haberse apoderado de Epidauro ,
hizo prisionero á Procleo , y le retuvo
en su poder , sin quitarle la Y¡da.
Algún tiempo después , Periandro ,
que empezaba á envejecer , mandó llamar
á Licofron de su destierro , para abdicar
el trono en su favor, pues su hijo mayor
no parecía muy apto para el manejo de
los negocios públicos. Licofron no quiso
dar respuesta alguna al mensagero que
le llevó la noticia- Periandro, que amaba
tiernamente á su hijo, no desmayó. Mandó
á su hija á Corcira , creyendo que ten-
dría bastante influjo en su hermano ,
para reducirle á aceptar el poder. La
princesa empleó , en efecto , todos los
recursos de su zelo y de su cariño afín
de vencer su tenacidad. « ¿ Quieres , le
decía , que un extrangero se apodere
del cetro de Corinto ? El poder es como
una muger inconstante , que tiene mu-
chos adoradores. Nuestro padre es viejo
y tiene un pie en la sepultura. Si no vienes
pronto , cierto es que toda la familia va
á quedar arruinada. No abandones pues
á otros las grandezas que te esperan y
PER I ANDRO. 67
que tait legítimamente te pertenecen. »
Licofron le respondió que no pondría
jamas los pies en Gorinto , ínterin su
padre residiese allí. La princesa, de vuelta
á casa de su padre, le dio cuenta de la
resolución de Licofron , y entonces Pe-
riandro , envió otro mensage á su hijo ,
diciendole que viniese cuando quisiere á
tomar posesión del reino , pues el estaba
decidido á pasar el resto de sus dias en
Corcha. Licofron consintió en ello , y
ya uno y otro se disponían al viage ,
cuando los habitantes de Corcira , que
no querían que Periandro viniese á vivir
con ellos , dieron muerte á su hijo. Pe-
riandro sintió amargamente esta desgra-
cia , y para vengarse , mandó que tres-
cientos niños de las primeras familias
de Corcira fuesen enviados á Haliates ,
donde deberían castrarlos. El barco en
que hacían el viage estos inocentes , tuvo
que recalar a Sainos , cuyos habitantes
tuvieron compasión de ellos , y les acon-
sejaron en secreto que se acogiesen al
templo de Diana. Entraron en el y los
de Sainos no quisieron que los Corintios
los sacasen bajo el pretexto de que la
68 PERIANDKO.
Diosa les daba su protección. Entretanto,
halla ron medios de suministrarles víveres ,
sin declararse abiertamente enemigos de
Per ¡andró. Enviaban todas las tardes á
los jóvenes de Sainos , de ambos sexos,
á bailar al rededor del templo , adonde
echaban tortas, hechas con miel. Los niños
de Lorcha las recogían y de ellas subsis-
tían. Los Corintios se volvitíron á su pa-
tria. Periandro se apesadumbró tanto por
no poder vengar á su hijo como lo había
proyectado , que resolvió quitarse la vida,
pero , no queriendo que nadie supiese el
paradero de su cadáver , imaginó el ar-
bitrio siguiente : mandó venir dos jóvenes
y les indicó un sendero poco frecuentado.
Les mandó que se paseasen por el , la
noche siguiente , que matasen al primero
que pasase y que le enterrasen inmedia-
tamente. Después llamó á otros cuatro ,
á quienes mandó que se paseasen por
aquel mismo camino un poco mas tarde
y que si encontraban dos jóvenes , les
diesen muerte y los enterrasen.
Después mandó llamar mayor número
de jóvenes , y que matasen y enterrasen
á los cuatro. Tomadas estas disposiciones ,
PE RIA ÑOR O. 69
se presentó á la hora oportuna en el si-
tio señalado y pereció a manos de los dos
primeros ]óvenes. Los Corintios 7 que no
pudieron hallar su cadáver , le alzaron
un monumento sepulcral con una ins-
cripción para honrar su memoria.
Periandro fue el primer rey que salió
escoltado con guardias , y el primero
que mudó el nombre de magistrado en
el de tirano. No permitía á toda clase
de gentes vivir en la ciudad. Trasibnlo
cuyos consejos solia seguir , le escribió
en estos términos : « Nada he ocultado
al mensagero que me envias. Le he lle-
vado á un sembrado de trigo , y en su
presencia he cortado todas las espigas
que se alzaban sobre las otras. Sigue mi
ejemplo , si quieres conservar el mando.
Quita la vida á los principales habitantes
de la ciudad , sean amigos , sean ene-
migos , porque un usurpador debe des-
confiar de aquellos que mas afecto le
demuestran. »
Periandro decía que nada se resiste al
hombre , puesto que había hallado medio
de romper un istmo ; que con la paciencia
y el ingenio se logra todo ; que el hombre
7 o PE RI AND IlO.
no debe jamas proponerse las riquezas por
recompensa de sus acciones; que los rejes
no pueden tener guardias mas fieles que el
afecto de los súbditos : que nada es tan
«preciable como la tranquilidad ; que no
solo debe ser castigado el que hace un mal ,
sino también el que tiene designio de ha-
cerlo ; que los placeres son pasageros , y
la gloiia eterna ; que el sabio debe ser mo-
derado en la felicidad , y prudente en la
desgracia , y que no la amistad debe ser
eonstante á pesar de todas las vicisitudes
de la suerte.
Periandro amaba tí los sabios , y escri-
bía á todos los de Grecia , convidándolos
á pasar algunos dias en Corinto , como
hacían en Sardis. Los recibía con mucho
agrado , y hacia cuanto estaba en su po-
der para contentarlos.
Reinó cuarenta años , y murió en la
Olimpiada 42. Algunos son de opinión que
hubo dos Periandros y que después , los
dichos y hechos de los dos , se han atri-
buido á uno solo.
QUILON. Ji
nnmw\vvwwvv\vuv\v\w\uvwv«v\\wuwv\
QUILON.
Era anciano en la Olimpiada 5a , y debe ser
considerado como contemporáneo de Pitaco.
Quilon florecía en Lacedemonia en la
Olimpiada 5a. Era hombre firme y re-
suelto, tan tranquilo é inturbable en la
ventura como en la calamidad, \iviaie-
tirado en su casa sin ambición , y creía
que el tiempo mas mal empleado era el
que se gastaba en largos viages. Su vida
era un modelo perfecto de virtud. Prac-
ticaba sinceramente todas las doctrinas
que profesaba. Su silencio y su mode-
ración eran admirables. La máxima que
observaba en todas sus acciones era , que
en los negocios de la vida , es preciso
correr lentamente. Fué nombrado eforo,
hacia la Olimpiada 55 , y aquella digni-
dad equivalía entonces á la de rey. Su
hermano , que aspiraba al mismo em-
pleo , tuvo envidia de el , y se le mostró
resentido. Quilon le respondió sin alte-
rarse ; « Me han elegido , porque me ha»
72 QUILON.
creído mas capaz que tú de sufrir el
daño que me hacen , sacándome de mi
reposo, y obligándome á ser esclavo de
los negocios agenos. »
Creía que el arte de adivinar no era
enteramente despreciable y que el hom-
bre , con la fuerza de su entendimiento ,
puede conocer muchas cosas futuras.
Un dia Hipócrates había hecho un sa-
crificio , durante los juegos olímpicos.
Cuando se pusieron las carnes de las víc-
timas en calderas de agua fria , esta se
calentó de repente , y empezó a hervir
de modo que rebosaba de las calderas ,
sin que hubiese fuego debajo. Quilon ,
que estaba presente , consideró atenta-
mente este prodigio. Aconsejó á Hipó-
crates que no se casase , y que , si por
desgracia , estaba ya casado , repudiase á
su muger y matase á todos los hijos que
de ella tuviese. Hipócrates se hurló de
este consejo. Se casó y tuvo un hijo que
después usurpó la soberanía de Atenas su
patria y que se hizo famoso por su tiranía
bajo el nombre de Plsistrato.
En otra ocasión , después de haber exa-
minado atentamente la cualidad delterreno
QÜÍ.LON. j?,
y la situación de la isla de Citeres , ex-
clamó en presencia de muchos testigos :
« ¡ Ojalá que esta isla no hubiese jamas
existido, ó que la mar se la hubiese tra-
gado , porque preveo que ella será la
ruina del pueblo de Lacedemonia ! » Qui-
lon no se engañó. Los Atenienses tomaron
á Citeres pocos meses después, y de ella
se sirvieron para hacer la guerra á Esparta.
Decía frecuentemente que había tres
cosas difíciles : guardar un seereto , su-
frir las injurias y emplear bien el tiempo.
El estilo de Quilon era breve y enér-
gico. Era comunmente citado como un
modelo de laconismo.
Decía que es una debilidad amenazar y
cosa propia de mugeres ; que la mayor
sabiduría consistía en saber poner freno
á la lengua , especialmente en un con-
vite ; que no se debe hablar mal de na-
die , porque de lo contrario , el hombre
no hace mas que acarrearse enemigos y
exponerse á oír amargas reconvenciones ;
que se deben visitar á los amigos , mas
bien cuando están en la desgracia que
cuando son felices; que mas vale perder
que ganar por medios injustos; «que el
D
74 QUILON.
hombre valiente debe ser suave y hacerse
mas bien amar que temer ; que la mejor 1
política que debe observar un estado
es enseñar á los ciudadanos á conducirse
bien en sus familias ; que el oro y la
plata se prueban con la piedra de toque r
J el corazón del hombre con el oro y
la plata ; que de todo se debe usar mo-
deradamente , afin de que luego no sea
tan sensible la privación; eníin , que el
amor y el odio no duran siempre , y
que el hombre debe amar como si de-
biera aborrecer con el tiempo , y aborre-
cer como si después tuviera que amar.
Mandó poner en el templo de Apolo
en Delfos , una inscripción en letras de
oro , que decía : No deseemos lo que
está fuera de nuestro alcance. El que
responde por otro , pierde seguramente.
Periandro hizo cuanto pudo para atra-
erle á Corinto , con el objeto de con-
sultarle sobre los medios de que podría
echar mano para conservar la tiranía.
Quilon le respondió : « Quieres que me
entrometa en guerras y discordias , y
que me deshierre de mi patria , como su
estos sacrificios pudieran contribuir á te
QUILON.
seguridad. Sábete que no hay nada menos
seguro que la grandeza de los reyes y que
el mas feliz de todos los tiranos es aquel
que tiene la dicha de morir en su cama. »
Q nilón , conociendo que se aproximaba
su fin , viéndose rodeado de sus amigos ,
les dijo : « Amigos , sabéis que be hecho
y dicho mucho durante el largo espacio
de mi vida. He examinado atentamente
en lo interior de mi alma todo lo que
be dicho y hecho y de nada de ello me
tengo que arrepentir , sino es del lance
siguiente, que someto á vuestra decisión ,
para saber si he obrado mal ó bien. Nom-
brado con otros dos para juzgar á uno
de mis mejores amigos , que , según el
texto de la ley , debía ser condenado á
muerte , para salir de tan amargo apuro ,
tomé el partido de poner en la urna ,
sin que mis compañeros lo supieran , la
bola que manifiesta la sentencia fatal y
antes que los otros votasen , les expuse
tantas razones en favor de mi amigo ,
que no pudiéron menos de absolverle.
Creía cumplir de este modo con las
obligaciones de juez y de amigo , mas
ahora siento un no sé que en la concien-
76 CLEOBULO.
cía y no estoy muy seguro de haber
obrado rectamente.
Quilon murió , en una edad avanzada ,
de resultas de la excesiva alegría que
experimentó al abrazar á su hijo que
había sido vencedor en los juegos olím-
picos.
Los Lacedemonios le alzaron una es-
tatua después de su muerte.
WWW V W W W' WW VVV WV X VV V. WlllXW'i
CLEOBULO,
Contemporáneo y casi de la misma edad que
Solon ; es decir que vivió entre las olim-
piadas 35 y 55.
Cleobulo ha sido uno de los sabios de
Grecia menos afamados , pero ha sido uno
de los mas felices. Era hijo de Evagoras ,
descendiente de Hércules , y nació en
Lindis , ciudad marítima de la isla de
.Rodas , donde vivió bajo el reinado de
Creso , rey de Lidia.
Desde su infancia manifestó mucha sen-
satez. Era de helio rostro , de buena talla
y dotado de una fuerza extraordinaria»
OLE OBU LO. 77
Empleó la juventud en viajar por Egipto ,
para estudiar la filosofía , según era cos-
tumbre en su tiempo. A su regreso , se
casó con una muger muy virtuosa , y
vivió en medio de su familia , gozando
de inalterable tranquilidad. De esta unión
nació la célebre Gleobulina , la cual con su
aplicación constante y con las lecciones de
su padre, adquirió tan vastos conocimien-
tos que embarazaba y confundía á los hom-
bres mas sabios , especialmente , con las
preguntas enigmáticas que solia propo-
nerles. Era ademas tan benéfica , que ella
misma era la que lavaba los pies á los su-
getos que entraban en casa de su padre.
Cleobulo fué elegido para gobernar el
pequeño distrito de Lindis , y lo bizo
con tanta facilidad como si gobernase una
sola familia. Evitó cuidadosamente todo
lo que podía atraer guerras y discordias ,
tanto entre los habitantes , como entre
estos y los extrangeros. Su mayor mé-
rito , como filósofo , era su sutileza para
proponer y resolver enigmas. El fué el
que propagó en Grecia la afición á enig-
mas , que era tan común en Egipto. He
aquí uno de los que compuso :
73 CLEOBULO.
« Soy un padre , que tengo doce hijos t
» y cada uno de ellos tiene treinta hijas ,
» pero muy diferentes entre sí , en punto
» á belleza. Las unas tienen el rostro
v blanco ; las otras lo tienen negro. Son
inmortales y mueren cada dia. »
Este enigma significa el año.
Cleobulo compuso también el epitafio
»¡uo está en el sepulcro de Midas , en que
tributa grandes elogios á este monarca.
Algunos lo han atribuido sin fundamento
á Hornero , que fue muy anterior á Midas.
Según la doctrina de Cleobulo , la vir-
tud consiste en huir de la injusticia y de
los otros vicios. En el mismo sentido ha-
bla Horacio cuando dice :
Vil tas est TÍtium fugere, et sapientia prima
Stultiiiá caruisse. . . .
Decía que el hombre debía observar tres
cosas cuidadosamente en toda clase de
negocios, á saber, el órden, el tiempo
y la moderación ; que los hombres de-
bían vivir según la condición que tienen
en la sociedad ; que no hay cosa mas
común en el mundo , que la ignorancia
y la charlatanería ; que el filósofo debe
tener sentimientos elevados , huir de la
€ LE O BULO. 79
ingratitud y de la infidelidad y hacer bien
á los amigos y á los enemigos , para con-
servar á los unos , y ver si se puede cau-
tivar á los otros.
« Antes de salir da casa , decía , exa-
minad lo que vais a liacer , y cuando,
volváis , examinad lo que habéis hecho.
Hablad poco y escuchad mucho. No ha-
bléis mal de nadie. Aconsejad lo que
creáis mas conforme á la razón. No os
abandonéis á los placeres. Reconciliaos
con vuestros enemigos , si los teneis. No
hagais uso jamas de la violencia; no re—
preendais jamas á vuestra esposa , ni la
alabéis en presencia de extraños, pues lo
uno es locura , y lo otro flaqueza. »
Cuando Cleobulo supo que Solon ba-
lda abandonado para siempre á su patria ,
hizo cuanto pudo para atraerle á su
país , y con este objeto le escribió la carta
siguiente : « Tienes muchos amigos, cuyas
casas están á tu disposición ; pero creo
que en ninguna parte puedes estar mejor
que aquí. Lindis es una ciudad marítima
enteramente libre. Nada tienes que temer
de Pisistrato y todos tus amigos podrán
venir á verte con entera seguridad. »
8o
EPIMdENÍ DES.
Cleobulo supo aprovecharse diestra-'
mente de todas las ventajas que la suerte
le halda proporcionado , y vivió sin em-
barazos ni incomodidades. Fue feliz como
marido , como padre , como ciudadano
y como filósofo 5 y murió á la edad de
70 años , después de haber gozado ex-
traordinarios honores. Los habitantes de
Lmdis sintieron amargamente su pérdida *
y le erigiéron un magnífico sepulcro con
un epitafio en que honraban su memoria.
wvvví Y vv%vvv%\vvvivvvv vwv*tvvvvvvv uwwnmum
EPIMENIDES,
Llegó á Atenas en la Olimpiada 45 . Corrió la ®
voz de que había estado dormido en una ca-
verna , por el espacio de 67 años ; que había
vivido 1 5 4 > otros dicen 107, y otros 298.
Epimenides de Gnosia , vivia en la isla
de Creta en tiempo en que Solon gozaba
de gran crédito en Atenas. Era un hombre
de vida ejemplar. Todos los griegos creian
que era hijo de una ninfa , que un es-
píritu celeste le inspiraba y que solia
tener revelaciones divinas. Se aplicó á la
EPIMENIDES. 81
poesía y á todo lo concerniente al culto
divino. El fue el primero qne empleó
las ceremonias de consagrar templos y
purificar los campos , las ciudades y aun
las casas particulares. No apreciaba mu-
cho á sus compatriotas. San Pablo , en
su epístola á Tito , cita un verso de
Epimenides , en que , hablando de los
Cretenses , dice que son embusteros , pe-
rezosos y malas bestias.
He aquí como se cuenta la historia
del sueño de Epimenides. Su padre le
envió al campo á buscar una oveja. Es-
tando de vuelta, se separó un poco del
camino , y como era medio dia , y hacia
mucho calor , entró á descansar y re-
frescarse en una caverna. Echóse á dor-
mir y estuvo durmiendo cincuenta y siete
años. Al despertar, creyendo que había
dormido un tiempo regular , lo primero
que hizo fue buscar la oveja; no viéndola
en ninguna parte , salió de la cueva y
quedó admirado al ver cuanto había mu-
dado el aspecto del pais. Corrió al sitio
en que habia tomado la oveja , y vió
que la casa había mudado de habitantes
y que todas las personas á quienes se
D.
Sa EPIMENIDES.
dirigía se hacían de nuevas y no sabían
lo que queria decir. Volvió lleno de
espanto á la ciudad de Gnosia , y por
todas partes veia caras nuevas ; entró en-
casa de su padre y le preguntaron quien
era y que buscaba. Al fin con gran tra-
bajo y después de muchas explicaciones
le reconoció un hermano suyo menor que
el , á quien había dejado niño y que ya
estaba viejo. Una aventura tan extraor-
dinaria hizo mucho ruido en todo aquel
pais , y Epimenides fue mirado como un
hombre especialmente favorecido por los
Dioses. Los que no dan asenso á esta
fábula , son de opinión que empleó los
cincuenta y siete años en viajar bajo otro
nombre.
Cuando Megacles hizo pasar á cuchillo
á todos los ciudadanos del partido de
Solon , sin perdonar á los que se habían
acogido á los altares , tal fue el terror
de los Atenienses , que no podían gozar
de un momento de reposo. La peste afli-
gía aquel pais y sus pobladores creian
ademas que las sombras de los muertos
se aparecían de noche en todas partes.
Consultados los adivinos , dijeron que 3
EPIMENIDES. 83
según los sacrificios denotaban , la ciudad
de Atenas habia estado contaminada con
una gran abominación. Entonces se dio
la comisión á Nicias de pasar á Creta
para llevar á Epimenides á Atenas , por
ser tan grande la reputación de que go-
zaba aquel filósofo en toda Grecia. Epi-
menides consintió en ello y habiendo lle-
gado á la ciudad , tomó consigo muchas
ovejas txegras y blancas, las llevó al Arco-
pago y allí las soltó , dejándolas ir por
donde querian : pero mandó que se si-
guiesen sus pasos , y que se inmolase cada
una , en honor de una divinidad dife-
rente , en el primer sitio en que se pa-
rase. Por esto en tiempo de Laercio se
veian en Atenas tantos altares consagrados
á Dioses cuyos nombres se ignoraban.
Las órdenes de Epimenides fueron rigo-
rosamente observadas y desde entonces
cesaron las enfermedades y las apariciones.
Epimenides , cuando llegó á Atenas ,
se hizo muy amigo de Solon , y contri-
buyó en gran manera al establecimiento
de sus leyes. Hizo conocer la inutilidad
•de las bárbaras ceremonias que practi-
caban las mugeres en los funerales. Acos-
84 EPXMENIDES.
tumbró poco tí poco á todo el pueblo de
Atenas á hacer oración y celebrar sacri-
ficios , y le dispuso , por este medio , á
vivir con arreglo y con sumisión á los
magistrados.
Un dia , después de haber contemplado
algún rato el puerto de Muniquia , dijo
á los que le acompañaban : « Los hom-
bres viven en tinieblas espesas acerca del
porvenir. Si los Atenienses supieran cuan-
tas desgracias les atraerá este puerto , s®
lo comerían ahora mismo. »
Después de haberse detenido algunos
dias en Atenas-, Epimenides dispuso su
regreso. Los Atenienses le preparáron un
navio , y le dieron un talento por su
trabajo , mas el filósofo les dio gracias ,
reusó el dinero y se limitó á pedirles su
amistad. Después estableció relaciones muy
estrechas entre Atenas y Gnosia. Antes
de salir , mandó construir un hermoso
templo en honor de las Furias.
Epimenides quiso hacer creer que era
Eaco y que había resucitado muchas ve-
ces. Nunca comió delante de testigos ,
por lo que el vulgo creyó que las ninfas
le mantenían con maná.
EPÍMENIDES. 85
Vaticinó á los Lacedemonios la dura
esclavitud á que los sometieron los ha-
bitantes de Arcadia.
Un dia , estando edificando un templo
dedicado á las Musas, salió una voz del
cielo y dijo : « Epimenides, no consagres
el templo á ninguna otra divinidad que
á Júpiter. »
Cuando supo que Solon se habia re-
tirado de Atenas , afin de consolarle y
de atraerle á Creta , le escribió en los
términos siguientes : « Ten ánimo , amigo
mió. Si Pisistrato hubiera reducido hom-
bres acostumbrados á la servidumbre, o
que ignorasen lo que son las buenas leyes ,
quizás podría durar algún tiempo su do-
minio , pero las tiene, que haber con
hombres libres y valientes. Los Atenienses
no tardarán en acordai'se de las lecciones
de Solon. Tendrán vergüenza de las ca-
denas que arrastran , y no podrán sufrir
que un tirano los tenga tanto tiempo en
esclavitud. Enfin , aun cuando Pisistrato
domine en Atenas durante toda su vida,
el reino no pasará á sus hijos. «Te acon-
sejo que no vayas errando de un lugar
á otro. Ven sin pérdida de tiempo á Creta ,
es epimenides.
donde no hallarás tirano que te ator-
mente. Si los amigos de Pisistrato te en-
cuentran en alguna parte , como es muy
posible , no dudes que se venguen de tí. «
Epimenides pasó toda su vida en la
práctica de las virtudes. Era muy aficio-
nado á la poesía y escribió muchas obras
en verso. Compuso un poema sobre la
generación de los Caretas y de los Go-
ribantes , y otro sobre la expedición de
Coicos.
Epimenides vivió , según algunos , iÓ7
años y 298 según otros. Como toda su
vida fue misteriosa , hubo quien dijo
que había envejecido en tantos dias ,
cuantos años había estado durmiendo.
Los Cretenses le hacían sacrificios como
á un Dios. Los Laeedemomos conservaron
religiosamente su cadáver , en virtud de
un oráculo que se lo había mandado asi.
ANA CAUSIS.
87
iWXW'V WUVW UWWWWWW 1 V VW WA IWUWV "LL'VWVV*
ANA CAUSIS,
Pasó á Atenas en la Olimpiada 47‘ ^ UI *° de
muerte violenta , poco tiempo después de
haber regresado á su patria. De lo que se
infiere que fue contemporáneo de la mayor
parte de los que preceden.
AnacArsis , Escita ele nación , ha gozado
de fama de sabio. Era hermano de Li-
diadas , rey de Escítia é hijo de Guaro
y de una muger griega. Por estas cir-
cunstancias pudo aprender bien las dos
lenguas. Era vivo y elocuente ; atrevido
y constante en todo lo que empezaba.
En todo tiempo , su trage no era mas
que una túnica grosera , y su alimento
se componia de leche y queso. Sus aren-
gas y discursos eran sumamente concisos.
Como nunca se desanimaba , venia siem-
pre á cabo de lo que emprendía. Su modo
de hablar denodado y elocuente , había
dado lugar á un proverbio. Cuando al-
guno le imitaba , decían que hablaba ¿
lo escita.
88 ANACAR SIS.
Anacarsis dejó á su patria y pasó á
residir en Atenas. Llegado que fue , llamó
a la puerta de Solon , y dijo al que le
fué á abrir : « Di á Solon que vengo
solo á verle y á pasar algún tiempo en
su casa. » Solon le envió á decir : que
nadie debía ser huésped sino en su pro-
pio país , ó en otro en que tuviera re-
laciones. Anacarsis , al oir esto , entró
en la pieza en que estaba Solon y le dijo:
« Pues estás en tu propio país , se mi
huésped , hospedándome en tu casa. »
Solon gustó de esta respuesta y en lo
sucesivo fué muy amigo de Anacarsis.
Anacarsis gustaba mucho de la poesía,
y escribió en verso las leyes de su pa-
tria y un tratado del arte de la guerra.
Decía comunmente que la viña produ-
cía tres clases de uvas , el placer , la em-
briaguez y el arrepentimiento.
Extrañaba mucho que en todas las reu-
niones públicas de los Atenienses , los
sabios se contentaban con proponer , y
los necios eran los que decidían , mas
no podía comprender porque se castigaba
al que decía injurias á otro , entanto que
se daban grandes recompensas á los at-
ANACARSíS. 89
lelas , que se daban golpes crueles y se
hacían tanto daño.
También le causaba admiración que los
griegos , al principio de la comida , se
sirviesen de vasos medianos , y usasen los
grandes á los postres , cuando ya empe-
zaban á embriagarse.
Censuraba amargamente las modales
libres que los Atenienses practicaban en
sus convites.
Un día le preguntáron , que conven-
dría hacer para evitar que un hombre
bebiese vino : « El mejor medio , res-
pondió , es presentarle un borracho y
dejar que le contemple despacio. »
Le preguntaban si había instrumentos
de música en Escítia ; respondió , que ni
aun habia viñas.
Decia que el aceite con que se untaban
los atletas antes del combate , debía lla-
marse , preparación de una locura rabiosa.
Examinando un día las tablas de un
buque , dijo que el navegante no está
mas que á cuatro dedos de la muerte. Le
preguntáron cual era el navio mas se-
guro , y respondió : el que ha llegado al
puerto.
$0 ANAGAttSlS.
Decía con mucha frecuencia que el
hombre debía ser dueño de su lengua y
de su vientre. Un Ateniense le reconvino
porque era de un país bárbaro , en que
no se conocían las artes: « Me avergüenzo,
respondió , de haber nacido en mi pa-
tria, mas la tuya debe avergonzarse de
que tú hayas nacido en ella, »
¿ Que es , le preguntaron , lo me|or j
lo peor que el hombre tiene ? « La len-
gua , >> respondió Anacarsis.
« Vale mucho mas , decia , tener un
solo amigo , coa tal de que sea verda-
dero , que tener muchos , que solo son
amigos de la Fortuna. »
Guando se hablaba de la diferencia entre
la vida y la muerte , preguntaba: « ¡ Á
cual de las dos pertenecen los nave-
gantes ? »
Decia que los mercados eran estable-
cimientos públicos , que los hombres ha-
bían formado para engañarse unos a otros .
Comparaba las leyes á las telarañas y
se burlaba de Solon que creía poner
obstáculo á las pasiones de los hombres ,
con un poco de papel escrito.
Anacarsis fué el inventor de la rueda
aplicada á la alfaharería.
ANACARSIS'. 9*
Un día fué á consultar á la sacerdotisa
de Apolo , para preguntarle quien era
mas sabio que él. La sacerdotisa respon-
dió que era un tal Misen de Gbenes.
Anacarsis extrañó mucho no haber oído
•jamas hablar de semejante hombre. Fué
á buscarle al pueblo en que residía y
le encontró componiendo un arado. ¡ O
Mison ! exclamó Anacarsis , un hombre
como tú no debe labrar la tierra. « Un
hombre como yo , respondió Mison , debe
componer el arado cuando se ha rom. »
Platón habla de Mison , como . de un
hombre muy sabio. Habíase retirado á
una soledad , donde vivia lejos de los
hombres » á quienes aborrecía. Un d¡a
le descubriéron en un rincón , riendo á
carcajadas. Le preguntaron porqué se íeia^
estando solo : « De eso me rio , » res-
pondió Mison.
Creso , que había oido hablar mucho
de Anacarsis , le ofreció dinero y le rogó
que fuese á Sardis ; .Anacarsis respondió:
« He venido á Grecia , ó rey de ios Li-
dies , para aprender el idioma, las leyes
y las costumbres del país. No necesito
oro ni plata ; quisiera , si ? volver a mi
92 ANACARSIS.
patria con mas sabiduría que la que traje.
Iré sin embargo, á verte , pues deseo estar
en el número de tus amigos.- »
Después de haber permanecido algún
tiempo en Grecia , Anacarsis pensó en
regresar á su patria. Al pasar por el país
de los Cisicenianos , los vio disponer una
gran fiesta en honor de la madre de los
Dioses. Anacarsis hizo entonces voto de
hacerle la misma fiesta en su país , en
caso de regresar á el sin peligro. Cuando
llegó quiso introducir las costumbres grie-
gas , lo cual desagradó sobremanera á sus
compatriotas.
Un dia Anacarsis se retiró á un espeso
bosque para celebrar la fiesta que había
ofrecido á la madre de los Dioses. Un es-
cita le descubrió y fue á dar cuenta al rey ,
el cual fue al bosque á ver si era cierta la
acusación. Anacarsis estaba en efecto ha-
ciendo las ceremonias propias del culto de
aquella divinidad. El rey entonces le dis-
paró una flecha de cuya herida murió.
Sus compatriotas le erigiéron muchas
estatuas en lo sucesivo.
PITAGORAS.
33
«\vnvvn\nvnvvi\wvvvx\w l " wu ' xu ' llvvmv11
PIT AGORAS,
Florecía en la Olimpíada 60. Fué á Italia en
la 62. Murió el cuarto año de la 70 , edad
de 80 años , ó la 90 según otros.
La filosofía antigua se dividía en Itálica
j Iónica. Tales de Mileto fué el fundador
de esta , y Pitagoras de aquella.
Aristipo Cirenaico , dice que Pitagoras
se llamó asi , porque sus expresiones eran
tan obscuras, como los oráculos de Apolo
Pitico. Él fué el primero que no quiso
admitir por modestia el título de sabio ,
contentándose con el de filósofo.
Según la opinión mas común Pitagoras
nació en Sainos , y su padre fué un es-
cultor , llamado Mnesarco. Otros dicen
que era toseano , y que nació en una de
las islas del mar Tirreno , de que se
apoderaron en seguida los Atenienses.
Pitagoras siguióla profesión de su padre.
Hizo tres copas de plata que regaló á tres
sacerdotes egipcios. En seguida se unió
con el sabio Ferecides y fué su discípulo.
94 PITACO R 4 S.
Ferecides le amaba entrañablemente. Uw
día estando gravemente enfermo , Pita-
goras quiso entrar á verle para saber como
estaba : mas Ferecides que creia tener
una enfermedad contagiosa , le cerró la
puerta y enseñándole los dedos , por un
agujero que en ella había, dijo á su dis-
cípulo : « Mira mis dedos descarnados ,
V por ahí podrás juzgar de mi situación. «
Después de la muerte de Ferecides ,
Pitagoras estudió algún tiempo en Sainos
.con el filósofo Herir odam a nte ; después ,
animado por el mas vehemente deseo cls
instruirse y de conocer las costumbres de
los paises extrangeros , abandonó su pa-
tria y todo lo que tenia y se dió á viajar.
Permaneció bastante tiempo en Egipto ,
frecuentó muebo el trato de los sacer-
dotes y penetró en los secretos de su
religión.
PoJicrates escribió en su favor á Amasis
rey de Egipto, afin de que le atendiese
y tratase con distinción. Pitagoras pasó
después á Caldea con a'nimo de instruirse
en la ciencia de los Magos ; enfin , des-
pués ele haber viajado , por curiosidad ,
®n diversas reglones ele Oriente , pasó
PITACO RAS. 9-5
¿ Creta , donde se unió estrechamente
con el sabio Epimenides. De allí volvió
á Sainos. Viendo á su patria oprimida
por la tiranía de Policrates , se apesa-
dumbró en tales términos, que tomó la
resolución de expatriarse. Pasó a Italia
y se estableció en Grotona, en casa de
Milon , donde enseñó la filosofía. Por
esta razón se da el nombre de Itálica ,
á la secta fundada por Pitagoras.
No tardó en extenderse por todas partes
su reputación , y particularmente en Ita-
lia. Mas de trescientos discípulos acudie-
ron á el y formaron una pequeña repú-
blica,- bastante bien ordenada. Hay quien
dice que Numa era de uno de ellos , y
que se bailaba con su maestro en Crotona ,
cuando fué elegido rey de Roma , pero
los buenos cronologistas niegan este he-
cho , y dicen que lo que ha dado lugar
á semejante rumor es que Numa y Pita-
goras tenían las mismas opiniones , aun-
que este vivió mucho tiempo después que
aquel.
Pitagoras decía que entre amigos todas
las cosas deben ser comunes y que la
amistad hace á los hombres perfectamente
96 PITA G ORAS.
iguales. Sus discípulos no tenían nada
cpie no fuese común á todos ellos , y los
cinco años primeros de estar en aquella
escuela , no podían hablar una sola pa—
labia, sino escuchar en el silencio mas
profundo las lecciones de su maestro.
Después de esta larga y rigorosa prueba ,
les era licito hablar , ir á ver á Pitagoras
y conversar con él.
El aspecto de Pitagoras era muy ma-
gestuoso. Era alto , bien formado y de
nella figura. Usaba en todo tiempo una
hermosa túnica blanca de lana , suma-
mente aseada. No le dominaba ninguna
pasión , y era muy fiel en guardar un
secreto.
Nadie le víó reir, ni le oyó chancear.
Cuando estaba de mal humor, no quería
castigar a nadie , porque decía que en
semejantes casos el hombre desoye la voz
de la justicia. Sus discípulos creían que
era Apolo , que había tomado la forma
de un filósofo t para enseñar á los hombres
la sabiduría. De todas partes acudían gen-
tes á verá Pitagoras’rodeado de sus dis-
cípulos. Mas de seiscientas personas iban
todos los años á Crotoaa } con aquel solo
PITAGORAS. 97
objeto. Era un gran honor poder hablar
un rato con Pitagoras.
Pitagoras dio leyes á muchos pueblos
que se las pidiéron. Tanta admiración
causaba su sabiduría , que no se hacia
distinción entre sus respuestas y las del
oráculo de Delfos. Prohibía á sus dis-
cípulos jurar y implorar el testimonio de
los Dioses. Decía que el hombre debía
aspirar á conseguir tal reputación de
honradez que nadie tuviese inconveniente
en creerle sobre su palabra.
Era de opinión que el mundo tenia
alma é inteligencia , que el alma de esta
inmensa máquina era el eter , de donde
traen su origen las almas de los hom-
bres y de las bestias. Descubrió que el
alma es inmortal , pero creta , que cuando
está separada del cuerpo , permanece en
el aire , vagando sin destino , hasta que
casualmente encuentra un cuerpo cual-
quiera , y entonces se apodera de él , y
le anima. Asi es como el alma que sale
del cuerpo de un hombre , puede entrar
en el de un caballo , de un lobo , de un
asno , de un ratón , de una perdiz , de
un pescado , ú de cualquier otro animal
E
98 PITAGORAS. .
ú hombre , sin distinción y del mismo
modo , la que sale del cuerpo de un ani-
mal , puede entrar en el de un hombre,
ó en el de otro animal. Por esto Pitagoras
prohihia la carne de los animales como
alimento , creyendo que tan gran delito
era matar á una mosca como matar á un
hombre , pues todas las almas sirven in-
distintamente á todos los cuerpos.
Pitagoras para probar la verdad de su
sistema solia contar la historia de todas
las peregrinaciones de su alma. Decía que
había sido antes Etalides , hijo de Mer-
curio •, el cual le dijo que le pidiera la
gracia que quisiese , con tal de que no
fuese la inmortalidad. Pitagoras, le pidió
la gracia de conservar en la memoria
todos los sucesos que ocurriesen durante
su vida , cuando su alma pasase á vivifi-
car otros cuerpos. Murió Etalides , y el
alma pasó al cuerpo de Euforbio. Se había
hallado en el sitio de Troya, donde había
sido gravemente herido por Menelao. Des-
pués pasó al cuerpo de Hermotimo , y
entonces , para que nadie dudase del don
que Mercurio le había hecho , fue ai pais
de los Bxanquidas, entró en el templo
PÍT ACORAS. 99
tle Apolo y sacó de el el escudo de
Euforbio , podrido ya , que Menelao ,
de vuelta de Troya , había consagrado
á aquella divinidad , en señal y agrade-
cimiento de su victoria.
Después de Hermotimo , fue Pirro »
pescador , y después , por último , el
filósofo Pitagoras. Anteriormente habia
sido el gallo de Micilo , y el pabo real
de no sé quien.
Aseguraba que en los viages que habia
hecho a los infiernos habia visto el alma
del poeta Hesiodo , atada á una columna
y cruelmente atormentada , y el alma de
Homero , colgada de un árbol , y rodeada
de serpientes , en castigo de todas las
mentiras que habia imaginado y atribuido
á los Dioses.
En otra ocasión , Pitagoras mandó cons-
truir una profunda caverna en su casa.
Suplicó á su madre que escribiese cui-
dadosamente todo lo que ocurriese du-
rante su ausencia. Después se encerró
en la caverna , de la cual salió un año
después , pálido , sucio y con un aspecto
horroroso. Congregó al pueblo y dijo que
Tenia de los infiernos. Esta noticia causó
xoo
PITAGORÁS.
tina especie de terror , en términos que
hubo machos que no pudieron repri-
mirse y se echaron a llorar ¡ y a dar
alaridos. Los hombres , que le reveren-
ciaban como á un ser sobrenatural le pi—
cliéron que diese algunas lecciones de
filosofía á las mugeres , y de aquí vino
que las de Crotona se llamasen Pitagó-
ricas. Pitagoras , hallándose en unos jue-
gos públicos , vio volar un águila , la
llamó y el águila acudió á él inmedia-
tamente , de lo que se admiráron todos
los concurrentes , ignorando que el filó-
sofo , habia adoctrinado al pájaro muy
de antemano. Hizo, por ultimo, creer
¿ sus compatriotas que tenia un muslo
de oro.
Pitagoras no sacrificaba nunca anima-
les , pues decia que los Dioses miraban
con horror las víctimas y la sangre y
que se indignaban contra los que aspira-
ban á agraderles con semejantes medios.
Pitagoras se propuso corregir á los
hombres de la gula , y acostumbrarlos
á vivir con frugalidad , haciéndoles ver ,
que la moderación en la comida contii-
huye á la conservación de la salud , y
PITAGORAS. ioi
dispone al entendimiento para que ejerza
sus funciones sin embarazo. Para confir-
mar su doctrina con su ejemplo , no be-
bía mas que agua, y solo córala pan,
miel , frutas y legumbres , mas no en-
traban en este número las babas , sm
que se baya podido saber que razones
tenia para mirar con tanto respeto aquel
vegetal.
Pitagoras comparaba la vida del hom-
bre á una feria , y decia , que asi como
unos van á la feria para acostumbrarse
á luchar , otros para comprar y vender ,
y otros enfin, solo para verlo que pasa,
asi , en la vida , los unos nacen esclavos
de la gloria , otros de la ambición , y
otros solo se emplean en buscar la Ver-
dad. Era de opinión que el hombre no
debe pedir nada para sí , pues ignora que
es lo que le conviene. Dividía la edad del
hombre en cuatro partes ; la niñez acaba
¿ los veinte años, la juventud a los cua-
renta , la edad viril á los sesenta , y la
vejez á los ochenta. Los años que pasan
de este número no merecían , en su opi-
nión , el nombre de vida. Gustaba mucho
de la geometría y de la astronomía ; des-
102 PITA GO RAS.
cubrió que el lucero de la mañana es el
mismo astro que el lucero de la tarde ,
y que en todo triángulo rectángulo, el
cuadrado ele la hipotenusa , es igual al
cuadrado de los otros dos lados. Dicen
que cuando hizo este líltimo descubri-
miento , fue tanta su satisfacción , que
creyó que se lo habian inspirado los Dio-
ses > J. les manifestó su reconocimiento ,
consagrándoles una hecatombe , es decir
un sacrificio de cien bueyes. Este hecho ,
aunque referido por muchos escritores,
está en contradicción con las opiniones
conocidas de Pitagoras. Quizás serian
bueyes de harina y miel , como las tortas
que acostumbraba sacrificar. Hay quien
¿IZZ la alegría que tuvo al descubrir
el cuadrado de la hipotenusa , fue’ tan
violenta , que murió de resultas. Según
lo que escribe Laercio , esta anécdota es
enteramente fabulosa.
Pitagoras cuidaba mucho de que rei-
nase la mas íntima amistad entre sus dis-
cípulos , y en las instrucciones que les
daba se solia servir de parábolas. Les
decía , por ejemplo , que no debían saltar
por encima de una balanza , dándoles á
PITAGORAS. 10 3
entender que debían respetar la justicia ;
que no debían sentarse sobre la provisión
del día , queriendo decir que la prudencia
no se contenta con el día de liov , sino
que piensa en el de mañana. Les acon-
sejaba que se retirasen de cuando en
cuando y que cada cual se preguntase
á sí mismo : 4 Que has hecho ? ¿ En que
lias empleado el dia ? f ] Adonde has es-
tado ? Les recomendaba encarecidamente
que tuviesen un porte exterior modesto
y recatado ; que no se abandonasen á
los arrebatos clel dolor ó de la alegi ia ;
que respetasen á los ancianos ; que hi-
ciesen ejercicio afin de no engordar de-
masiado ; que no pasasen la vida viajando ;
que tuviesen particular cuidado en hon-
rar á los Dioses y que les tributasen el
culto que les es debido.
El Escita , Zamolxiz , esclavo de Pi-
tagoras , se aprovechó tanto de las lec-
ciones de su amo , que cuando volvió A
su patria, los Escitas le hicieron sacri-
ficios y le pusiéron en el numero de los
Dioses.
Pitagoras creía que el primer princi-
pio de todas la§ cosas era la unidad ; que
1.0 4 PITAGORA S.
de ella procedían ios números , de los mí-
meros los puntos , de los puntos las lí-
neas , de las líneas las superficies , de las
superficies los sólidos , y de los sólidos
los cuatro elementos agua , aire , fuego
y tierra , de que todo el universo se com-
pone. Que estos elementos se transforman
continuamente unos en otros , pero que
nada perece y que no hay en el universo
mas que mudanzas.
.Decía que la tierra era redonda .y que
estaba colocada en el centro del inundo ,
que estaba habitada en todos sus puntos
y que por consiguiente habia antípodas ;
que el aire que rodea á la tierra es es-
peso é inmóvil , y que por esta razón los
animales mueren y están sujetos á la
-corrupción. Que el aire de la parte su-
perior de la atmósfera era muy sutil y
estaba en perpetuo movimiento ; que los
animales de aquellas regiones eran in-
mortales , y por consiguiente divinos ;
que el sol , la luna , y los demás astros
eran Dioses , por estar colocados en me-
dio de aquel aire puro y del calor activo
que es el principio de la vida.
Acerca de la muerte de Pitagoras hay
PÍTAGORAS. 10 s
muchas opiniones. Algunos dicen que ha-
biéndose negado á admitir en. el número de
sus discípulos á ciertos jóvenes , estos se
irritaron tanto , que pegáron fuego á la
casa de Milon en que se hallaba á la
sazón el filósofo. Otros dicen que le ma~
táron los Crotoniatas , temiendo que se
declarase soberano del pais. Parece in-
dudable que la casa de Milon fue incen-
diada , y que Pitagoras estaba en ella ,
que se escapó con. cuarenta discípulos,
y aquí empieza de nuevo la diversidad
de opiniones , pues , según unos , se re-
fugió en Metaponte , en un bosque con-
sagrado á las Musas , y se dejó morir
de hambre ; según otros , halló un campo
sembrado de habas , y no pudo resol-
verse á atravesarlo : « Vale mas morir ,
dijo , que destruir esas pobres habas. »
¥ en efecto , aguardó tranquilamente á
los Crotoniatas que le perseguían y que
le dieron muerte. Hay escritores que dicen
que no fueron los Crotoniatas , sino que
habiéndose sucitado la guerra entre los
Agrigentinos y los Siracusanos , Pitagoras
acudió al socorro de los Agrigentinos »
de quienes era muy amigo ; mas estos
£.
ioG HEBACLITO.
fueron derrotados y Pitagoras que se ha-
liaba con ellos , se vió precisado á huir ,
y en esta retirada fue cuando encontró
y no quiso atravesar el sembrado de ba-
bas , prefiriendo morir á manos de los
Siracusanos. La mayor parte de sus dis-
cípulos, que le acompañaban murieron
también en aquel trance. Uno de los que
escaparon fué Arquitas , de Tarento , que ,
según fama , fué el mayor geómetra de
su tiempo.
HERACLITO,
Florecía en la Olimpiada 69.
IHeraclito , de Efeso , era hijo de Bly~
son. Era generalmente apellidado el filó-
sofo tenebroso , porque nunca hablaba
sino es por enigmas. Laercio dice que
era muy yano , y que despreciaba á casi
todos los hombres. Decia que Homero y
Arquiloco , debian ser arrojados violen-
tamente de la sociedad de los hombres.
Estaba muy enfadado con los habitantes
de Efeso, porque habían desterrado á su
HERACLITO. 107
amigo Ilermodrus. Decía a gritos que
todos los de Efeso merecían la muerte ,
para expiar el crimen que habían come-
tido persiguiendo al mejor ciudadano y
al hombre de mas mérito de toda la
república.
Heraclito habia aprendido todo lo que
sabia sin maestro. Sus profundas medi-
taciones le habían abierto el camino del
conocimiento de la verdad. Tenia muy
mala idea del género humano ; y se com-
padecía de los errores en que viven la
mayor parte de los hombres. Tanta pe-
sadumbre tenia al considerar estas cosas ,
que casi siempre estaba llorando. J uvenal
le pone en contraste con Democrito que
siempre estaba riendo. El mismo poeta
dice , que la risa es un arma de que
cada cual puede echar mano , para cor-
regir las locuras de los hombres , pero
que no sabe como pueden caber en una
cabeza humana las lágrimas que no ce-
saba de derramar Heraclito.
Sin embargo , este filósofo no fué siem-
pre del mismo modo de pensar. Cuando
joven decía que no sabia nada y se que-
jaba de su ignorancia ; cuando llegó á la
io8 HERACLITO.
edad madura decía que su ciencia era
universal y que nada se le ocultaba. Todos
los hombres le desagradaban , huia de
la sociedad , y se iba á jugar á las tabas
y á otros juegos con los muchachos del
pueblo , enfrente del templo de Diana.
Los habitantes de Efeso iban á presen-
ciar tan extraño espectáculo. « ¿ De que
os admiráis ? les decia el filósofo. ¿ No
es mucho mejor jugar con estas criaturas,
que consentir , como hacéis vosotros ,
en el mal gobierno de la república ? »
Los habitantes de Efeso le pidieron que
les diese leyes , mas él no quiso, fun-
dándose en que las costumbres públicas
estaban muy corrompidas en aquel pais ,
y en que no tenia la menor esperanza de
reformarlas.
He aquí algunas opiniones de Hera-
elito : « Los pueblos deben pelear con
tanto ardor por conservar sus leyes , como
por defender sus fortalezas. Un resenti-
miento debe apagarse con mas prontitud
que un incendio , porque el uno trae
consigo resultados mas funestos que el
otro. Un incendio consume algunas ca-
sas , y un resentimiento ocasiona guerras
ITERA C LITO. 109
crueles , y con ellas la ruina de las na-
ciones. »
« El fuego es el primer principio de
todas fias cosas. Este primer elemento se
cambia en aire , por medio de la con-
densasion. El aire , condensándose , se
convierte en agua. El aire se convierte
en tierra , y por los mismos grados , la
tierra , por medio de la rarefacción se
convierte en agua , el agua en aire , y
el aire vuelve al principio universal , que
es el fuego. El universo no es infinito.
No liay mas que un mundo. Este se com-
pone de fuego , y perecerá por el fuego.
El universo está lleno de espíritus y de
genios. Los Dioses no tienen providen-
cia ; todo lo que sucede depende del des-
tino. El sol es del tamaño que parece á
nuestra vista. Sobre el aire que nos ro-
dea , hay unos cuerpos en figura de bar-
cos , cuya parte cóncava está vuelta ha-
cia la tierra. Allí suben los vapores que
la tierra despide. Estos cuerpos son los
astros , llenos de vapores inflamados ,
que brillan como lo vemos en el res-
plandor de los cuerpos celestes. Los eclip-
ses del sol y de la luna acaecen cuando
I 10
HERACLITO.
es Los cuerpos vuelven hacía la tierra la
parte convexa. De esto mismo dependen
los varios aspectos de la luna. Es inútil
toda investigación acerca de la naturaleza
del alma , porque es tan obscura que
imposible comprenderla. »
Hubo una sedición en Efeso. Algunos
habitantes le suplieáron que declarase
delante de todo el pueblo los medios de
evitar semejantes trastornos. Heraclito su-
bió á la tribuna : tomó un vaso de agua
tria , le llenó de yerbas , se las comió
y bajó de la tribuna ; con lo que quiso
dar á entender que era necesario despren-
derse del lujo y acostumbrarse á vivir
con moderación.
Heraclito compuso un libro intitulado :
De la Naturaleza , y le depositó en el
templo de Diana. El estilo de esta obra
era sumamente obscuro , de modo que
era preciso ser muy sabio para entenderla.
IVo quiso que el pueblo se acostumbrase
á estas doctrinas porque llegaria á des-
preciarlas. Este libro tuvo mucha fama
por sp obscuridad. Darío , x’ey de Persia ,
escribió al autor , convidándole á que
viniese á su corte á explicarle aquella
1 1 1
HERACLITO.
í) 1 > r a , y ofreciéndole una gran recom-
pensa : mas Heraclito no admitió.
Este filosofo hablaba muy poco. Cuando
le preguntaban ^a causa de su silencio,
respondía : « Callo , para que hables. »
Despreciaba á los Atenienses que le mi-
raban con un respeto extraordinario ,
y pre feria vivir en Efeso donde era des-
preciado generalmente. Lloraba con mu-
cha frecuencia considerando las miserias
humanas. El odio que profesaba al género
humano le indujo a abandonarle para
siempre. Se retiró a unas montañas es-
pantosas , donde no trataba con nadie
Y donde se mantenía de yerbas. Las as-
perezas de este género de vida le ocasio-
naron una gran enfermedad. Estaba hi-
drópico y volvió á Efeso para curarse.
Como no hablaba mas que por enigmas ,
preguntó á los médicos si podían con-
vertir el tiempo lluvioso en sereno. Los
médicos no le entendieron y Heraclito
se fué á un establo y se enterró en es-
tiércol , creyendo que de este modo se
evacuarían las aguas que eran caifsa de
su mal : pero se enterró de tal modo que
no fué posible desenterrarle. Otros dicen
í 12 ANAXAGORAS.
que murió comido de perros. Murió á
la edad de 65 años.
ANÁXAGORASj
Nació en la Olimpiada 70; murió en la 88 $
de edad de 73 años.
AnaxAgoras , hijo de Egesibulo , tuvo
conocimientos físicos mas vastos y mas
correctos que los filósofos que le habían
precedido. Era de Clazomene , ciudad de
lonia , y de una familia muy ilustre ,
tanto por su origen , como por las grandes
haciendas que poseia. Floreció hácia la
Olimpiada 76. Fue discípulo de Anaxi-
menes , que le había sido de Anaximan-
dro , y este de Tales , a quien los Griegos
miraban como el primero de todos los
sabios. Anaxagoras se aficionó de tal modo
á la filosofía , que renunció á los nego-
cios públicos y privados para darse en-
teramente al estudio. Abandonó sus bienes ,
para ño distraerse de esta ocupación. Sus
padres le reconvinieron muchas veces ,
pero en vano. Se retiró de su patria y
ANAXAGORAS. u-3
no se empleó sino en la investigación
de la verdad. Hubo quien le echó en cara
el poco caso que hacia de su patria. « Al
contrario , respondió señalando al cielo ,
la estimo en mucho. » Se estableció en
Atenas , y transfirió allí la escuela Iónica ,
que siempre habia estado establecida en
Mileto , donde la fundó Tales. Á la edad
de veinte años empezó á enseñar la filo-
sofía en Atenas, y continuó este ejer-
cicio durante treinta años.
Un dia presentaron á Pericles un car-
nero que tenia un cuerno enmedio de la
frente. El adivino Lampón explicó este
fenómeno diciendo que significaba la
pronta reunión de las facciones que di-
vidian al pueblo de Atenas. Anaxagoras
lo explicó de otro modo , diciendo que
el cerebro del animal no llenaba com-
pletamente el cráneo , el cual era ele-
vado , con una punta en la que empe-
zaban las raíces del cuerno. Hízose la di-
sección y resultó que Anaxagoras tenia
razón. Esto le hizo mucho honor , pero
también le resultó á Lampón de su va-
ticinio , pues algún tiempo después de
este suceso , cayó la facción de Tuci-
1 14 ANAXAGORAS.
dicles , y no liubo mas partido en Atenas
que el de Feríeles.
Es opinión común que Anaxagoras fué
el primero que dio a luz un curso com-
pleto de filosofía. Admitió por primeros
principios lo infinito ; y un espíritu ó
inteligencia que gobierna la materia y
que compone la universalidad de los seres.
Por esto j los otros filósofos le llamaban
el Espíritu. No creía que esta inteligen-
cia habla creado la materia , sino que
la había dispuesto. Su opinión era que
al principio del mundo todas las cosas
existentes estaban mezcladas y confundi-
das , y que esta confusión duró hasta
que la inteligencia las separó y las dis-
puso en el orden que vemos. Ovidio ha
explicado muy bien esta opinión al prin-
cipio de sus Metamorfosis. Anaxagoras
no reconocía otra divinad que esta inte-
ligencia , y tan desengañado estaba acerca
de la existencia de las divinidades paga-
nas , que Luciano dice que Júpiter le
aniquiló con un rayo , en castigo del des-
precio que hacia de él y de los otros
Dioses. Decía que no liabia vacío en la
Naturaleza; que todo estaba lleno , y que
ANAXAGORAS. n&
«acia cuerpo , por pequeño que fuese ,
podía ser dividido hasta lo infinito , de
modo que si hubiera instrumentos ca-
paces de dividir el pie del insecto mas
pequeño, se podrían cubrir con sus partes
cien mil millones de cielos , sin agotar
la divisibilidad de las partes que quedasen
enteras. Creia que cada cuerpo se com-
ponía de partículas homogéneas , y daba
el nombre de Homoeomeria á esta seme-
janza de partes. Para probar la falsedad
de su sistema y la necesidad de la exis-
tencia de partes heterogéneas , le decían
sus contrarios que los huesos y los ner*
vios crecían sin que el animal comiese
huesos ni nervios ; que la sangre aumen-
taba sin que el animal bebiese sangre ,
á lo cual respondía , que á la verdad no
había en la naturaleza cuerpos entera-
mente homogéneos , que en la yerba ha-
bia huesos , sangre y nervio , puesto que
los animales viven de yerba , pero que
cada cuerpo tomaba su nombre de la ma-
teria que. dominaba en su composición ;
que para que un cuerpo fuese llamado
madera ó yerba, bastaba que fuese com-
puesto de mayor mimero de partículas de
u6 ANAXAGORAS.
una de estas sustancias que de otra al-
guna , y que estas partículas formasen
por su aglomeración, la superficie del
cuerpo. Creia que el sol era un pedazo
de hierro encendido, mayor que todo el
Peloponeso ; que la luna era un cuerpo
opaco y habitable , con montañas y valles ,
como la tierra ; que los cometas eran unos
agregados de muchas estrellas errantes ,
que se habían reunido por casualidad y
que al fin se separaban ; que la causa
de los vientos era la rarefacción del aire
por la acción del sol ; que el choque de
las nubes producía el trueno , y su fro-
tación los relámpagos ; que el terremoto
provéala del aire encerrado en las ca-
vernas subterráneas y las inundaciones
del Nilo de las nieve? derretidas de Etio-
pia. El movimiento de los astros , según
este filósofo , era efecto del viento, ó del
aire , el cual los rechazaba como un re-
sorte, cuando llegaban á ciertos puntos.
Opinaba que la tierra no era redonda,
y que ocupaba la parte mas baja del
Universo , por ser el elemento mas pe-
sado ; que las aguas de su superficie ,
enrarecidas por el calor , subian en forma
ANAXAGORAS. >*7
áe vapor , y volvían á su primitivo es-
tado , en forma de lluvia. La Via Lác-
tea, que, según algunos filósofos era el
camino de las divinidades de segundo
orden para ir ai consejo de Júpiter , y ,
según otros, el sitio en que residían las
almas de los héroes , era , en el sentir
de Anaxagoras , la reflexión de la luz
solar. La producción de los primeros ani-
males , era , según él , efecto del calor
y de la humedad , y después la generación
ha conservado las especies. Cayó una
piedra de la atmósfera , de lo que Anaxa-
goras infirió que el cielo era de piedras ,
que se conservaban unidas en virtud de
la rapidez de su movimiento , y que si
esta rapidez llegase á disminuir , toda
la máquina del mundo se destruiría en
un instante.
Anaxagoras creía que lo que hoy e®
tierra firme llegaría á ser mar , y lo que
es mar , tierra firme.
El soberano bien era , en su opinión ,
la contemplación de la Naturaleza , y
cuando le preguntaban á que había ve-
nido al mundo , respondía que á con-
templar el sol , la luna , las estrellas , y
líS ANAXAGQRÁS.
las ciernas maravillas. Oyó á un hombre
lamentarse de que moría en un pais ex-
trangero. « f Que importa? dijo el filó-
sofo ; en todas partes hay caminos para
ir al infierno. » Cuando le dijeron que
su hijo se había muerto , el mismo fué
á enterrarle , y dijo : « Bien sabia yo
que no liabia engendrado un inmortal. »
La buena opinión de que gozaba Anaxa-
goras en Atenas , duró poco. Los Ate-
nienses le acusaron á los magistrados ,
según unos , por traidor , según otros ,
por haber dicho que el sol no era un
Dios , sino una masa de hierro ardiendo.
Cuando le intimáron la sentencia de
muerte respondió con la mayor sereni-
dad : « Hace mucho tiempo que la Na-
turaleza ha pronunciado la misma sen-
tencia contra mis jueces.» Pendes, que
había sido su discípulo , le defendió con
tanta energía que los jueces suavizaron
la sentencia. Le desterráron. y multaron
ea cinco talentos. Anaxagoras sobrellevó
esta desgracia con mucha firmeza. Em-
pleó el tiempo de su destierro en viajar
por Egipto y otros pueblos, con el fin de
conversar con los sabios y estudiar las
ANAKAGORAS. 1.3
costumbres de las naciones extrangeras.
Después de haber satisfecha su curiosidad ,
volvió á Clazomenes , su patria. Vio que
sus tierras estaban incultas y abandona-
das , y dijo : « Si estas tierras no estu-
vieran perdidas , lo estaría yo. » Con lo
que dio á entender que si se hubiera de-
dicado á cuidar de sus bienes, no hu-
biera podido dedicarse al estudio de la
Filosofía.
Anaxagoras se habla esmerado en ins-
truir á Pericles y le había ayudado en
el manejo de los negocios. Pericles no
se manifestó tan agradecido como debía.
Anaxagoras viéndose cargado de años ,
pobre y abandonado , se cubrió con su
manto y resolvió dejarse morir de ham-
bre. Súpolo Pericles y se afligió en ex-
tremo. Fue á verle y le rogó que mu-
dase de decisión. Deploró la desgracia
del Estado que iba á perder un hombre
de tanto mérito , y la suya propia por
perder un consejero tan ulil. Anaxagoras 0
próximo á espirar, le dijo : « Pericles,
los que tienen necesidad de luz , cuidan
de echar aceite á la lámpara. » Antes
de morir pidió que el aniversario del dia
i aro
DEMOCRITO.
de su fallecimiento , se diese asueto á
los muchachos de las escuelas , cos-
tumbre que se conservó largo tiempo.
Murió de edad de 72 años.
^WWWIVVW'I'X’WVVWWWW'VVVWWI.WIWW^VV'VVWW'V
DEMOCRITO,
Nació el 3 año de la Olimpiada 77 ; murió el
4 año de la io5 , habiendo vivido 109 años.
La opinión general es que Democrito
nació en Abdera. Estudió primeramente
con los Magos y los Caldeos , que Jerges
había dejado á cargo de su padre , en
cuya casa se alojó , cuando hizo la guerra
ñ los Griegos. Con ellos aprendió la Teo-
logía y la Astronomía. Leucipo le enseñó
después la física. Se aficionó de tal ma-
nera al estudio , que pasaba los dias
enteros meditando , encerrado en una
choza que había construido en medio de
su jardin. Un dia su padre llevó á su
casa un buey , para sacrificarle á los
Dioses. Le ató á la choza y encargó á
Democrito que hiciese el sacrificio ; mas
Democrito estaba tan absorto que ni oyo
á su padre ni vió el buey.
121
DEMO GRITO.
Democrito , después de haber estu-
diado mucho tiempo con Leucipo , quiso
viajar , para acabar de instruirse. Divi-
dió la herencia paterna con sus hermanos,
y tomó para sí el dinero metálico , que
era la mas pequeña porción de los bienes ,
mas era lo que le convenia para los gastos
de sus experiencias y viages. Fue á Egipto
y aprendió la Geometría. Pasó á Etiopia,
á Persia y á Caldea. Por fin su extraor-
dinaria curiosidad le impulsó á ir á la
India , con ánimo de instruirse en la
ciencia de los Gimnosofistas. Deseaba co-
nocer á los hombres , mas no quería ser
conocido. Su manía era vivir incógnito.
Á veces habitaba en cavernas y entre se-
pulcros , para que nadie supiese su resi-
dencia. Sin embargo , se presentó en la
corte del rey Dario , y hallándose este
monarca muy afligido por la muerte de
una muger á quien amaba extraordina-
riamente , Democrito le dijo que se atre-
vía á resucitarla , con tal que se hallasen
tres hombres en el Imperio que no hu-
biesen tenido jamas motivo de pesadumbre.
Dario mandó hacer las mas exquisitas
diligencias para hallar estos tres hombres,
F
i22 d km o curro,
mas en vano. El filósofo entonces hizo ver
al monarca que no debía darse á la tris-
teza puesto que no había hombre alguno
completamente feliz.
Cuando volvió á Abdera , vivió muy
retirado y muy pobre , habiendo gastado
cuanto tenia en viages y experiencias.
Damasco su hermano le tuvo que dar
algo para vivir. Había en aquella Repú-
blica una ley que mandaba que el que
bahía disipado la herencia de sus padres ,
no pudiese ser enterrado en el sepulcro
<de estos. Democrito , que se hallaba en
este caso , congregó al pueblo y leyó
nna obra intitulada Diacosme , y fuá tanta
la satisfacción que produjo , que no solo
se le dispensó de la aplicación de la ley ,
sino que se le dieron cinco talentos y se
le erigiéron estatuas en los sitios públicos.
Democrito estaba siempre riendo. Este
buen humor provenia del conocimiento
que tenia de la flaqueza humana , y de
los proyectos ridículos de los hombres.
Los Abderitanos creyeron que estaba loco ,
y enviaron á buscar á Hipócrates para
que le curase. Hipócrates pasó á Abdera,
vio á Democrito y le dió un vaso de
DEM OC RITO. ia3
leche. Democrito elijo que aquella leche
era ele una cabra negra que no habia
parido mas que una vez. Era en efecto
asi. Hipócrates admiró su sabiduría y
conversó con él largo tiempo. Dijo que
era necesario curar á los Ábderitanos y
no al que ellos creían loco.
La doctrina de Democrito , que era
en gran parte la de su maestro Leucipo ,
se reducia á los principios siguientes :
« De la nada no se hace nada , y no bay
cosa alguna que pueda reducirse á nada.
Los átomos no perecen ni se mudan ,
porque su dureza invencible los pone al
abrigo de toda alteración. De la reunión
de los átomos se han formado muchos
mundos , que perecerán en sus tiempos
respectivos , y de sus ruinas , se formarán
otros mundos nuevos. El alma del hom-
bre , ó el espíritu , es un compuesto de
estos átomos , como el sol , la luna y
todos los planetas. Los átomos tienen un
movimiento giratorio , que es la causa
de la generación de los seres. El destino
y la necesidad son efectos necesarios de
la uniformidad de este movimiento. El
alma está esparcida en todas las partes
124 DEM O GRITO,
del cuerpo , y la sensibilidad general de
que el hombre está dotado , proviene de
que cada átomo del alma corresponde á
un átomo del cuerpo. Los astros se mue-
ven en espacios enteramente libres ; no
tienen movimiento mas que hácia Occi-
dente ; todos ellos están arrebatados por
la rapidez de un torbellino de materia
fluida, cuyo centro es la tierra. La ra-
pidez del movimiento de los astros está
en razón directa de su distancia de la
tierra , porque la rapidez del fluido dis-
minuye á medida que se aproxima á su
centro. Como las estrellas fijas se mueven
con mas rapidez que los demas astros ,
acaban su círculo en veinte y cuatro horas ,
y el sol , que se mueve con mas lentitud ,
acaba el suyo en veinte y cuatro horas
y algunos minutos mas , y la luna , que
es todavía mas lenta que el sol, en cerca
de veinte y cinco horas . »
Dicen que Democrito se privé de la
vista , por medio de la continua rever-
beración del sol en una placa de hierro ,
afin de no aplicarse á otra cosa que á la
meditación.
Viéndose en una edad sumamente avan»
EMPEDOCLES. 12 5
Eada y próximo á morir , eclió de ver
que su hermana sentiría que muriese
antes de las fiestas de Geres , porque es-
taría de luto , y no podría asistir á ellas.
Democrito mandó llevar á su cuarto un
gran número de panes calientes , cuyo
olor le hacia mucho bien , y conservaba
en la atmósfera de la habitación un ca-
lor natural. Pasadas las fiestas mandó
quitar los panes , y murió inmediatamente.
Tenia 109 años.
m/uvw» vnuwuwuwuuun mun\ w v\%w\, wv%
EMPEDOCLES,
Floreció hácia la Olimpiada 84.
Empedocles , según la opinión general ,
había sido discípulo de Pitagoras. Nació
en Agrigento , ciudad de Sicilia , y su
familia era una de las principales del
país. Tenia conocimientos extraordinarios
en Medicina. Era buen orador , poeta y
muy inteligente en el culto de los Dioses.
Los Agrigentinos le respetaban extraor-
dinariamente , y le tenian por hombre
muy superior al resto de la humanidad.
J 26 EMPEDOCLES.
Lucrecio después de haber descrito todas
las curiosidades de aquella isla , dice qrue
los Sicilianos miraban como la mayor
gloria de su patria el haber producido
un hombre tan eminente. Los sucesos de
su vida le habian atraído la admiración
general. Algunos creian que era mágico.
Gorgias , que era uno de sus principales
discípulos , decia que le había ayudado
en el ejercicio de aquel arte , y aun el
mismo Empedocles dio á entender en sus
poesías que sabia algunos secretos ex-
traordinarios , para curar enfermedades ,
rejuvenecer los ancianos, excitar los vien-
tos , calmar las tempestades , atraer la
lluvia y el calor , y enfin dar vida á los
muertos y hacerlos venir del otro mundo.
Un día los vientos Etesianos soplaban
con tanta violencia , que todas las cose-
chas iban á perderse sin remedio. Em-
pedocles mandó desollar unos asnos hacer
unas odres con los pellejos y colocar
sobre los montes , con lo que , dicen que
los vientos calmaron inmediatamente. 13ra
muy adicto á la doctrina de su maestro
Pitagoras, y como este prohibia los sa-
crificios de animales , Empedocles mandé
EMPEDOCLES. 52 ?
hacer un buey de harina y miel , y le
sacrificó á los Dioses. En su tiempo Agri-
gento era una ciudad muy considerable ,
puesto que su población subia á 800,000
habitantes. Llamábanla la gran ciudad ,
y el lujo que reinaba en ella era excesivo.
Empedocles decia que los Agrigentinos
se alegraban como si hubieran de vivir
un día , y edificaban como si hubieran de
vivir un siglo. No apetecia los empleos ,
y prefirió siempre una vida retirada al
tráfago de los negocios. Amaba la liber-
tad y el gobierno popular. Convidáronle
un dia á comer y viendo que pasaba la
hora señalada y que los platos no venían ,
se quejó amargamente al amo de la casa ,
el cual le respondió que estaba aguardando
al decano del senado. Presentóse al fin
este personage , que fue tratado con el
mayor respeto , y elegido rey del convite*
El senador se portó con mucha altivez en
esta Ocasión. Mandó que los convidados
no bebiesen mas que vino puro , v al
que faltaba a este precepto mandaba
echar un vaso de vino al rostro. Empe-
docles calló por entonces; pero al dia
siguiente } convoco al pueblo , y acusó
3^8 EMPEDO C LES.
al amo de 3a casa y al senador , diciendo
que la conducta de estos dos hombres ,
podía abrir la puerta al despotismo , y
que habían abrado con desprecio de las
leyes y de las libertades públicas. El
pueblo irritado los condenó á muerte , y
aun aseguran que el mismo Empedocles
los mató. Ejercía tanto influjo en sus
compatriotas , que estos , siguiendo su
consejo abolieron el cuerpo legislativo lla-
mado de los mil , y dispusieron que el
cargo de magistrado no durase mas que
tres años, afin de que todos los ciudadanos
pudiesen ejercerlo. El médico Acron pidió
al Senado un terreno para alzar un mo-
numento á su padre , que había sobre-
salido en su profesión, y habia sido uno
de los mayores facultativos de su tiempo.
Empedocles se opuso á esta demanda ,
como opuesta á la libertad que debía
reinar en una república , y á la regla
general de que nadie sobresaliese entre
sus conciudadanos.
La peste reinaba en Selinunto y bacía
grandísimos estragos. Empedocles cono-
ció que esta enfermedad proven ia de la
corrupción de las aguas de un rio inme-
EMPEDOCLES.
129
cliato á aquella ci adad. Enseguida mandó
abrir un canal , por el cual desaguaban
en aquel rio dos arroyos muy puros.
Esta obra se hizo á sus expensas , é in-
mediatamente cesaron la corrupción y
la peste. Los habitantes de Selinunto hi-
cieron grandes fiestas y tributaron á Em-
pedocles los mismos honores que á una
divinidad.
Empedocles admitía por primeros prin-
cipios los cuatro elementos , tierra , agua ,
aire y fuego. Entre estos , reina , según
él , una armonía que los une , y una
discordia que los separa. Sufren perpetuas
vicisitudes, pero nunca perecen. Este or-
den es eterno. Decía que el sol es una
gran masa de fuego ; que la luna es un
disco ; que el cielo es de una materia
semejante al cristal ; que el alma pasa
indiferentemente a todos los cuerpos , y
que se acordaba de haber sido niña ?
pez, ave y planta.
Hay muchas opiniones acerca de la
muerte de este filósofo. La mas común
es que deseando que sus contemporáneos
le creyesen Dios , sostuvo este papel
hasta el fin de sus dias , y quiso termi-
F.
i3o EMPEDO CLES.
narlos ele un modo que pareciese prodi-
gioso. Después de haber curado á una
muger de Agrigento , que estaba ya aban-
donada por los médicos , y próxima á
exbalar el último suspiro , preparó un sa-
crificio solemne y convidó á mas de
ochenta personas. Para hacerles creer que
había desaparecido , cuando se acabó el
banquete y los convidados fueron á des-
cansar debajo de los árboles , Empedocles
subió á la cima del Etna y se arrojó á
las llamas , sin haber comunicado á na-
die su designio. Horacio , hablando de
esto , dice :
Deus immortalis haberi ,
¡Dura ciipItEmpedocles^rdentemfrigldusiEtíiam
Insiiuit. . . .
Empedocles era de un aspecto muy grave.
Llevaba siempre en la cabeza una corona
de laurel. Nunca salia á la calle sino en
compañía de muchas personas que le ha-
cían la corte. Su presencia inspiraba mu-
cho respeto. Las sandalias de que usaba
eran de bronce , y aun por esta circuns-
tancia dicen que se descubrió su muerte P
pues la violencia del volcan las arrojó de
X
SOCRATES. i3i
su seno (i). Era buen ciudadano, muy
desinteresado ; tan aficionado á la igual-
dad , que dió una gran parte de sus bienes
á anos ciudadanos pobres, después de
liaber apaciguado una sedición cuyo ob-
jeto era establecer un tirano en Agri-
gento. Murió muy viejo aunque no se
sabe de que edad. Floreció en la Olim-
piada 84 , y los Agrigentinos respetaron
su memoria.
%\\VVV^ VVV%i\%'VVVl»%VVVAt\X\\.VV V WV'Y W \\\\\\\\\ UWWY
SOCRATES,
Nació el año 4 -° de la Olimpiada 77 ; murió el
i.° de 95 , de edad de 70 años.
Sócrates , á quien toda la antigüedad
aclamó el mas sabio y el mas virtuoso de
los filósofos, era ciudadano de Atenas,
del pueblo de Alopece. Nació el año 4- X)
de la Olimpiada 77 , y su padre fue el
escultor Sofrosino , y su madre , Faraneta ,
(1) El célebre escritor español Feijoo ha com-
batido este error con argumentos muy sólidos.
i3a SOCRATES,
partera. Estudió la Filosofía con Anaxa-
goras y después con Arquelao , el físico ,
pero , considerando que todas las doc-
trinas que le habían enseñado sobre los
fenómenos de la Naturaleza no conducían
ú nada y no contribuían á hacer al hombre
virtuoso , se aplicó al estudio de la mo-
ral , y fundó la filosofía moral en Grecia ,
como lo observa Cicerón , en el libro
tercero de las Questiones Tusculanas.
Ya había dicho en el primero de la mis-
ma obra : « Me parece , y esta opinión
está generalmente recibida , que Sócrates
es el primero , que separando á la Fi-
losofía de la'investigacion de los secretos
de la Naturaleza , á que los filósofos an-
teriores se habían aplicado exclusiva-
mente, la empleó en lo que mas de cerca
toca á las obligaciones de la vida , de
modo que solo trató de examinar las vir-
tudes y los vicios , y en que consisten el
bien y el mal, diciendo que todo lo que
respeta á los astros está á demasiada al-
tura del hombre , y que aunque pudié-
semos alcanzar aquellos conocimientos ,
en nada podrían contribuir á arreglar
nuestra conducta. » Su tínico estudio fué,
SOCRATES. i33
pues , aquella parte de la filosofía que
dice relación con las costumbres , y que
comprende todas las edades y todas las
condiciones. Este nuevo modo de filoso-
far tenia en su favor el ejemplo del que
lo inventó , pues Sócrates fue el modelo
de los buenos ciudadanos , tanto en la
paz , como en la guerra. De todos los
filósofos afamados , él ha sido el único ,
como observa Luciano , que se dedicase
al ejercicio de las armas. Se halló en dos
campañas , y aunque fueron funestas al
partido que defendía , se comprometió y
dio pruebas de mucho valor. En una de
ellas , salvó la vida á Jenofonte , que
cayó del caballo en la retirada , y hu-
biera perecido á manos de los enemigos ,
si Sócrates no le hubiera sacado del pe-
ligro , llevándole en hombros gran tre-
cho hasta que pareció el caballo. En la
otra , los Atenienses vencidos y derro-
tados se retiraron , siendo Sócrates el
último , y mostrando tanto brío , que
los enemigos no se atrevieron á atacarle.
Estas fueron las dos solas ocasiones en
que Sócrates puso el pie fuera de Atenas"',
muy al contrario de los otros filósofos.
iH sochates.
que empleaban muchos años en viajar f
en conversar con los sabios de las otras
naciones. Pero como el estudio á que se
había dedicado se concentraba en el
hombre mismo , creyó que los viages no
le enseñarían mas que lo que podria apren-
der entre sus compatriotas- Y como la
moral se enseña mas bien con el e j em-
pío que con la doctrina , se propuso se-
guir en la práctica , todo lo que la recta
razón y la virtud exigen. En observancia
de esta máxima , habiendo sido nom-
brado senador y prestado juramento de
dar siempre su voto con arreglo á las
leyes , se negó á aprobar el decreto en
que el pueblo condenaba á muerte á
nueve gefes del ejército , y aunque el
pueblo se exasperó y muchos hombres
poderosos le amenazaron . no por esto ce-
dió , pues no se creía autorizado á vio-
lar el juramento por dar gusto al pueblo.
Fuera de esta ocasión , no consta que
haya ejercido cargos públicos, pero aun-
que vivia como particular , gozó de tanto
aprecio en Atenas por su probidad y por
sus virtudes ; que sus conciudadanos le
respetaban mas que á los magistrados»
SOCRATES. i35
Cuidaba del aseo de su persona y cen-
suraba á los que no lo hacían asi ; mas
no dio en el fasto ni en la afectación ,
sino que observaba un justo medio entre
ambos excesos. Aunque era pobre, dio
grandes pruebas de desinterés. Daba sus
lecciones gratuitamente , no como los
demas filósofos , que sacaban mucho di-
nero de sus discípulos , exigiéndoles gra-
tificaciones mas ó menos cuantiosas , se-
gún los bienes que poseian. Decia que
no le era fácil entender como se podia
sacar un provecho pecuniario de la en-
señanza de la virtud , como si no fuet a
una ventaja harto sólida y lisonjera ins-
pirar virtudes á un hombre y acarrearse
su amistad.
Antifon , sofista que deseaba desacre-
ditar una doctrina á la que no tenia
ánimo de conformarse , le dijo que te-
nia razón en no tomar dinero de sus
discípulos , porque era hombre de con-
ciencia , y sabia muy bien que lo que
les enseñaba no valia nada. Pero Sócrates
le confundió fácilmente. Sin embargo ,
nunca tuvo escuela abierta como los de-
más filósofos de la antigüedad. Daba stts
i36 SOCRATES,
lecciones hablando familiarmente con el
primero que se presentaba.
La opinión de Sócrates acerca del culto
que se debía tributar á los Dioses era
conforme en todo al oráculo de Apolo
en Belfos : á saber , que cada hombre
debía adorarlos á su modo y según las
ceremonias practicadas en su pais. El lo
hacia asi , y aunque sus facultades no
le permitían hacer grandes sacrificios ,
creia que los Dioses apreciaban tanto sus
pobres ofrendas como las suntuosas de los
potentados. Nada era tan agradable á los
Dioses, en su opinión , como el ser hon-
rados por los hombres de bien. La oración
que les dirigia era muy sencilla y re-
ligiosa. Nada les pedia , sino lo que ellos
tuviesen á bien darle , y decia que no
les pedia riquezas y honores , porque era
lo mismo que si les pidiese la gracia de
jugar á los dados , ó la de dar una ba-
talla , sin saber cual seria el e'sito ni
quien saldría ganancioso y triunfante.
Lejos de apartar del culto de los Dioses
fi los que lo practicaban, creia que era
su obligación convencer y reducir á los
que miraban este culto con desprecio.
SOCRATES. s3y
Jenofonte cuenta los medios de que se
valió para conseguir este fin con un im-
pío llamado Aristodemo y ciertamente
parece increíble que un hombre educado
en el paganismo tuviese ideas tan sanas
y juiciosas como las que encierran los
discursos que pronunció en esta ocasión.
Era pobre , como ya hemos dicho ,
pero tan contento con la pobreza , que
no quiso ser rico , como hubiera po-
dido serle aceptando los regalos que le
querían hacer sus amigos y discípulos :
pero los reusó constantemente , con harto
sentimiento de su muger , á quien no
agradaba tanta filosofía. Era tan moderado
en la comida y en el trage , que el so-
fista Antifon no cesaba de burlarse de
su mezquindad , pero Sócrates le hizo ver
cuanto se engañaba el que creía que la
felicidad consistia en la abundancia , en
la holgura y en el deleite. Aunque su-
mamente rígido consigo mismo , era su-
mamente indulgente y tolerante con los
demas. Lo primero que procuraba inspirar
á sus discípulos era el respeto á los Dio-
ses , y después la templanza y el odio á
los placeres sensuales , probándoles que
s35 SOCRATES,
privaban al hombre del bien mas apre-
ciable que poseia , que era la libertad. Sus
lecciones eran sumamente agradables, pues
se reducían á conversaciones amistosas ,
sin aparato, sin pían, tratando del pri-
mer asunto que se ofrecía. Empezaba ha-
ciendo una pregunta , como el hombre
que desea instruirse , después , aprove-
chándose de las respuestas que se le ha-
bían dado , probaba á sus oyentes la pro-
posición contraria á la que ellos habían
establecido al principio dé la conversación.
Pasaba la mayor parte del dia en estas
conferencias , y recibía perfectamente á
los que venían á oirle. Aunque no dejó
nada escrito , podemos juzgar de su mo-
ral por lo que de ella han dicho Jeno-
fonte y Platón. Estos dos escritores , dis-
cípulos suyos , están perfectamente de
acuerdo no solo en las doctrinas que le
atribuyen , sino es en el modo de ex-
ponerlas r prueba irrecusable de que no
lian finjido lo que refieren. Platón , sin
embargo , si hemos de dar crédito al
mismo Sócrates , le atribuyó cosas que
nunca dijo.
¿ Como es posible que un hombre tan
SOCRATES. s39
justo , tan moderado , tan religioso , fuese
condenado á muerte como impio y como
pervertidor de los jóvenes Atenienses?
Esta injusticia solo pudo hacerse en tiem-
pos de desorden y bajo el gobierno se-
dicioso de treinta tiranos. He aquí lo que
dió ocasión á tan. odiosa iniquidad. Cri-
tias , el mas poderoso de estos tiranos ,
habia sido , como Alcibiades , discípulo
de Sócrates , pero los dos le abandonaron
cuando vieron que su ambición y destem-
planza no estaban de acuerdo con los
documentos del filósofo. Critias hizo mas .
se convirtió en un encarnizado enemigo
de su maestro , porque este le censuró
amargamente una pasión vergonzosa , y
nada omitió para evitar el logro de sus
deseos. Asi que cuando se vio dueño del
poder , lo primero en que pensó fué en
vengarse de aquel agravio. .Tenia , ade-
mas , otra razón muy poderosa para de-
sear la muerte de Sócrates. Este hablaba
libremente contra los tiranos , y viendo
cuantos buenos ciudadanos sacrificaban
¿ su ambición , dijo un dia en presencia
de muchas personas que no era buen
baquero aquel cuyas bacas enflaquecíais
j
4o SOCRATES,
continuamente. Critias y su compañero
Carióles conocieron el sentido de la com-
paración , y promulgaron inmediatamente
una ley , prohibiendo en Atenas la ense-
ñanza del arte de discurrir , y aunque
Sócrates no había enseñado nunca este
arte , bien se echaba de ver que el tiro
iba dirigido á él , y que se le quería
privar de la libertad de expresar sus sen-
timientos , como lo hacia de continuo con
sus amigos.
Sócrates , sin embargo , no se aco-
bardó. Se presentó á los dos autores de
la ley , y les pidió que se la explicasen ;
pero como las preguntas del filósofo los em-
barazaban demasiado , le declaráron for-
malmente que le prohibían entrar en con-
versación con los jóvenes de Atenas. Só-
crates quiso saber lo que ellos entendían
por jóvenes , y le respondiéron que todo
el que tuviese menos edad de treinta años.
Le dijeron ademas que no le permitían
hablar con los artesanos , que ya estaban
hartos de oirle. « <1 Y que les be de res-
ponder , dijo Sócrates, si me preguntan
que es piedad y que es justicia. Respóndele
lo de las bacas , dijeron los tiranos. »
SOCRATES. 4i
Entonces comprendió el filósofo de donde
venia el enojo , y lo que debía temer de
semejantes hombres.
Pero sus enemigos , viendo que no era
fácil atacarle de frente , teniendo tanta
reputación de hombre virtuoso y sabio ,
creyóron que seria mucho mejor empe-
zar desacreditándole y con este objeto
compuso Aristófanes su comedia intitu-
lada las Nubes, en que se representa a
Sócrates enseñando el arte de hacer pa-
recer justo lo que es injusto. La come *
dia produjo el efecto deseado. Dado este
primer paso , Melito se presentó acusando
á Sócrates de no reconocer los Dioses
que adoraba Atenas , y de introducir otros
nuevos ; de corromper á los jóvenes J
de enseñarles á no respetar á sus padres
ni á los magistrados. Concluía su acu-
sación pidiendo que se impusiese á Só-
crates la pena de muerte. A pesar de todo
el poder de los tiranos , si Sócrates hu-
biera querido hacer algo en su favor ,
cierto es que no se hubieran atrevido á
condenarle , pero la entereza con que
respondió á su acusador , negándose á
pagar una multa , porque esto seria re-
i/ t z SOCRATES,
conocerse culpable , exasperó á sus ene-
migos : sobre todo cuando habiéndole
preguntado que pena creía merecer , res-
pondió que el pueblo debía mantenerle
toda la vida. Los tiranos no pudiéron
sufrir mas , y la pena de muerte fue pro-
nunciada. Un filósofo llamado Lisias , le
compuso una apología , para que se sir-
viese de ella ante los jueces. Sócrates la
oyó y confesó que era muy buena , pero
que no la aceptaba porque no le convenia.
« ¿ Y porque no te conviene , le preguntó
Lisias , supuesto que convienes que es
buena ? » Porque , un vestido , respondió
Sócrates , puede ser muy bueno y no
estar hecho á mi medida.
Sócrates estuvo mucho tiempo en la
cárcel aguardando que se ejecutase la
sentencia , cuyo retardo se debió á la
casualidad siguiente ; Los Atenienses en-
viaban todos los años á Délos un buque
cargado de regalos , para el templo de
Apolo , y habían hecho voto de no eje-
cutar ninguna sentencia de muerte, du-
rante este viage. El buque había salido
de Atenas el dia antes de empegarse el
proceso de Sócrates ; tardó mucho tiempo
SOCRATES. 143
*n regresar , por causa de los vientos
contrarios , y entretanto el filósofo estaba
en la cárcel , conversando con sus amigos
y discípulos , como si se hallase libre y
sin peligro. Un dia fue á verle Criton ,
su íntimo amigo , y , lleno de dolor ,
le dijo que el buque no tardaría en lle-
gar , pero que era muy fácil evitar la
muerte que se le preparaba , pues se le
podia proporcionar un medio seguro de
escaparse de la prisión , y le suplicó
con el mayor encarecimiento que abra-
zase este partido. Sócrates después de
haberle dado gracias por tan señalada
prueba de amistad , le probó con ra-
zones tan sólidas que la acción que le
proponía era contraria á las leyes , á la
moral y á la filosofía , que Criton no
supo que responderle. Llegado el dia en
que Sócrates debía beber la cicuta fatal ,
que era el suplicio acostumbrado en Ate-
nas , fueron á verle muchos amigos ,
Atenienses y extrangeros. Estaba con su
muger , la cual lloraba amargamente , y
se quejaba con la mayor vehemencia de
su suerte. Sócrates dijo con la mayor
serenidad : i< Que se lleven á esa muger. »
44 SOCRATES.
Viéndose líbre de este estorbo , empezó
á hablar de la inmortalidad del alma con
tanta sabiduría y elocuencia , que los que
le oian estaban atónitos y llenos de ad=
miración. Su discurso no fue una vana
ostentación de elocuencia , sino que su
objeto principal era inculcar algunas ver-
dades morales muy dignas de estar siem-
pre á la vista de los que desean seguir
el camino de la virtud : por ejemplo , que
el sabio no debe tener miedo á la muerte
porque después de esta es cuando el alma
goza de toda la plenitud de su ser , y
de su verdadero destino ; que la única
ocupación digna del alma durante su
mansión en esta vida , es adquirir todo
lo que pueda perfeccionarla y ennoble-
cerla; que la verdadera filosofía consiste
en aprender á morir ; que para adquirir
ideas sanas sobre nuestra naturaleza , so-
bre nuestras obligaciones y sobre el modo
de desempeñarlas , es necesario huir de
los placeres , y desprenderse de todas las
trabas que el cuerpo ofrece al libre ejer-
cicio del pensamiento ; que la virtud sin
sabiduría no es mas que una sombra de
virtud y esclava del vicio ; que si el alma
45
SOCRATES,
se retira del cuerpo , sin señal alguna de
la corrupción inherente al cuerpo, antes
bien habiendo procurado combatir los
apetitos de este , entonces va á reunirse
A un ser divino , inmortal , lleno de sa-
biduría , con el cual gozará de una fe-
licidad inefable , sin error , sin temor ,
sin ignorancia , sin ninguno de los males
que afligen á la naturaleza humana ; por
último que lo que debe decidir de la
suerte eterna del hombre , es el estado
de su alma , esto es , los vicios con que
la haya contaminado, ó las virtudes con
que la haya enriquecido.
Concluido este discurso empezó una
escena digna de la admiración de todos
los hombres , y quizas la mas interesante
de cuantas presenta la historia. Vamos
á referirla copiando la narración de un
testigo ocular (i) : « En seguida Sócrates
entró en un aposento inmediato para ba-
ñarse, Criton le acompañó y los demas #
que estábamos presentes, nos quedáinos
(i) Fedon en el diálogo de Platón intitulado :
Fe don . Ó déla inmortalidad del alma.
G
46 SOCRATES,
hablando sobre tocio lo que nos había
dicho , y lamentándonos de la triste si-
tuación en que nos íbamos á ver , pri-
vados del que mirábamos como padre ,
y reducidos á la condición de unos huér-
fanos infelices. Cuando salió del baño ,
le presentaron sus hijos , que eran tres ,
dos muy pequeños, y otro algo mayor.
También vinieron las mugeres de su casa ,
á quienes dió algunas instrucciones , y
después se retiraron con los hijos. En-
tonces vino á donde nosotros estábamos.
El sol iba acercándose al orizonte. Casi
al mismo tiempo entró el criado de los
Once (i) y acercándose á él , le dijo:
« Sócrates , contigo no me sucederá lo
que con los otros reos que se hallan en
tu situación , porque cuando vengo á de-
cirles, por orden del magistrado que ya
es hora de tomar el veneno , se exas-
peran contra mí y me maldicen.
Pero tú eres el mas firme , el mas suave
y el mejor de cuantos han puesto los pies
(i) El criado del tribunal llamado de loa
Once , era el que presentaba el veneno á los
condenados á muerte.
SOCRATES. i4 7
era esta cárcel , de modo que á la hora
esta estoy seguro de que no te quejas de
mí, sino de los que tienen la culpa de tu
desgracia. Ahora, Sócrates , ya sabes lo
que vengo á decirte. Á dios , procura so-
brellevar con firmeza esta dura necesidad. »
El criado se echo á llorar al decir estas
palabras , y se apartó un poco , volvién-
donos la espalda. Sócrates , fijando en
el la vista , le dijo : « Acos, amigo mió.
Seguiré tus consejos. Ved , dijo volvién-
dose á nosotros , la honradez de este
hombre. Durante mi encarcelamiento ,
ha venido á verme y á conversar conmigo
muchas veces. Vale mas que mis jueces.
¡ Cuan sincero es su llanto ! Querido Gri-
tón , vamos á obedecerle : que me traigan
el veneno si está preparado , y si no ,
que lo prepare él mismo. » Gritón le
dijo que el' sol no se había puesto toda-
vía , y que muchos reos no tomaban el
veneno sino mucho tiempo después de
haber recibido la orden , cenando antes
y gozando de cuanto apetecen. „ Tendrán
sus razones para ello , respondió Sócrates,
y yo tengo ks mías para no hacerlo.
I*o único T’e ganaré bebiendo mas tarde
,48 SOCRATES,
el veneno , será hacerme ridículo , ma-
nifestando tanto amor á la vida, que de-
seo prolongarla hasta el último momento.
Anda, Criton, haz lo que te digo y no
me atormentes mas. » Entonces Criton
hizo una seña al criado , el cual preparó
el veneno y se lo presentó. Sócrates pre-
guntó que era lo que dehia hacer ; el
criado respondió que después de tomar
el veneno debía dar algunos paseos hasta
sentir alguna debilidad en las piernas ,
y en seguida acostarse de espaldas. Só-
crates tomó la copa no solo sin alterarse ,
sino con cierto aire de satisfacción , y mi-
rando al criado le preguntó si era lícito
hacer libaciones con el veneno , á lo que
el criado respondió que no habia en la
copa mas que la dosis necesaria. « Está
bien , repuso Sócrates , pero á lo menos ,
me será permitido rogar á ios Dioses me
den un buen viage. » Después de haber
dicho estas palabras se mantuvo algún
rato en silencio , y en seguida bebió todo
el licor contenido en la copa , con una
apacibilidad maravillosa y que no se puede
describir.
Ya no me fué posible contener el llanto ,
SOCRATES. 49
que liasta entonces había estado compri-
miendo con los mayores esfuerzos. Cu-
brí me con el manto y me eché á llorar ,
no por Sócrates , sino por mi mismo
que tan excelente amigo iba á perder.
Gritón se había retirado cubierto de lá-
grimas , y Apolodoro , que no había ce-
sado de llorar durante toda la conver-
sación , se puso á gritar , en términos
que todos estábamos despedazados de do-
lor. Sócrates no solo permaneció sereno
sino que nos reprendió nuestra flaqueza.
«¿Sois vosotros , nos dijo , los hombres
admirables ? ¿ Donde está la virtud ? Es
necesario morir con tranquilidad y ben-
diciendo á Dios. Serénaos pues , y mos-
trad mas entereza. » Estas palabras nos
llenaron de confusión y nos obligaron á
reprimir nuestras lágrimas. Entretanto
continuaba dando paseos , hasta que sin-
tió que ya no podía andar mas , y se
acostó de espaldas. Al mismo tiempo , el
hombre que le había traido la copa, se
acercó, y le apretó las piernas, pregun-
tándole si lo sentía , y respondió que no.
Sócrates se tentó también , y dijo que
cuando el frió llegase al corazón , se
j5o SOCRATES.
separaría de nosotros. Ya estaba frío el
vientre, y entonces se descubrió y pro-
nunció sus últimas palabras : Critorí de-
bemos un gallo á Esculapio : cumple este
voto y no lo olvides (i). Gritón respondió
que asi lo haría , y que viese si tenia obra
cosa que mandarle. El hombre que le
había dado el veneno , vio que los ojos
de Sócrates , fijos en el , daban las til-
timas miradas. Criton se acercó y le cerró
los ojos y la boca. »
Sócrates decía que tenia un genio ó
(i) Los que han querido justificar á Sócrates
del espíritu de superstición que indican estas
palabras, dicen que tal era el respeto con que
miraba la religión de Atenas, que á pesar de
estar convencido de su falsedad , quiso confor-
marse con ella en sus últimos momentos. Dacie-r
es de opinión que las palabras de .Sócrates tienen
un sentido simbólico; que el gallo significa el
alma , y Esculapio, el verdadero médico, esto
es. la Divinidad, y que lo que debe entenderse,
es que ponía su alma en manos del verdadero
médico, para que la curase y purificase. Ter-
tuliano es de esta opinión. Lo cierto es que en
todas las conversaciones de Sócrates abundan
las alusiones á sus doctrinas y que solo asi se
pueden entender muchos parages.
1 DI
PLATON,
espíritu que le guiaba con sus inspira-
ciones, sobre lo cual lian escrito libros
enteros Plutarco , Apuleyo y Máximo de
Tiro. Murió el primer año de la Olim-
piada g5 , de edad de 68 años.
PLATON,
Nació el primer año de la Olimpiada 88; murió
el i.° de la io8, de edad de 8i años.
PlátoSt decendia de un hermano de So-
Ion , y por consiguiente era de la familia
de Codro , rey de Atenas. Aristón fué su
padre y Perictione su madre , aunque
muchos creyeron que su padre era Apolo ,
sobre lo cual ohserva san Gerónimo , que
los que inventaron esta fábula no creían
que un hombre tan sabio pudiese ser hijo
de un mortal. Su primer nombre fué
Aristocles , y después se llamó Platón por
ser muy ancho de espaldas. Dicen que
cuando estaba en la cuna durmiendo bajo
un mirto , se acercó un enjambre de
abejas y se colocó en sus labios, de donde
udiriéfon que su estilo seria muy suave.
PLATON.
Su maestro de gramática fue Dionisio ;
de retórica , Aristón ; de música , Dra-
con , y de poesía y pintura , Metelo.
A la edad de veinte y un años, había
ya compuesto algunas tragedias , pero
las quemó después de haber oido á Só-
crates. Dedicóse enteramente á estudiar la
doctrina de este filósofo y muy en breve
dio grandes pruebas de virtud. Los poetas
Antimaco y Nicerato , compusiéron ver-
sos en honor de Lisandro , que fue el
que fundó la tiranía en Atenas. Lisandro
debía dar un premio al poeta que sobre-
saliese en estos elogios, y le dio á Ni-
cerato. Antimaco se exasperó mucho al
saberlo , pero Platón le consoló , di-
ciéndole , que el juez era mas digno de
compasión que él , porque la ignoran-
cia es un mal mas terrible para los ojos
del espíritu , que la ceguedad para los
del cuerpo.
Los tiranos de Atenas quisieron que
Platón fuese de su partido y le ofrecieron
empleos importantes. El no los admitió' ,
.porque aunque deseaba ser útil á su pa-
tria , conocía que , estando esta gober-
nada por aquellos hombres crueles y
PLATON. i53
ambiciosos , nada podría hacer en su favor.
En breve fueron expulsados los tiranos
y mudado el gobierno , mas este no era
mejor que el que le había precedido.
Platón perdió enteramente las esperanzas
de ser útil á Atenas , y se dedicó de un
todo á la filosofía , creyendo que de esta
dependía la felicidad de los Estados. Por
aquel tiempo asistió á las lecciones de
Cratilo , que enseñaba la filosofía de He-
raclito y á las de Hermogenés que en-
señaba la de Parmenides. Pasó á Megara
para ver á Euclides , y á Cirene para
perfeccionarse en las matemáticas. Visitó
el Egipto y tuvo mucho trato con los
sacerdotes de aquel pais , los cuales le
dieron á leer los libros de Moisés y los
de ios Profetas. En seguida hizo un viage
á Italia , con el designio de aprender la
filosofía Pitagórica , después de lo cual ,
y teniendo cuarenta años , fue á Sicilia ,
solo para ver las curiosidades de aquella
isla. Este viage , sin embargo , tuvo un
gran influjo en la suerte de los Sicilianos.
Dionisio , el anciano , reinaba en la isla ,
y su favorito era Dion su cuñado , hombre
ele bellas disposiciones , pero pervertido
G.
por los cortesanos , y aficionado al des-
potismo , al lujo y á la sensualidad. Dion
ojó á Platón , se prendó de su saber ,
se aficionó á la filosofía que enseñaba ,
y conociendo sus errores , quiso que Dio-
nisio oyese al filósofo , creyendo que este
le convencería. Dionisio consintió en ello
y tuvo una larga conferencia con Platón.
Dionisio que , por su propia experiencia ,
sabia cuan sensatas eran las opiniones po-
líticas de este , no queriendo , sin em-
bargo , cederle , le dijo que sus discursos
olian á rancio. « Y las tuyas, respondió
Platón , huelen á tirano. » Dionisio , que
no estaba acostumbrado á oir ki verdad ,
le preguntó irritado , que había venido
á hacer á Sicilia. « He venido, respondió
Platón , á buscar un hombre de bien.
Parece , repaso Dionisio , que todavía no
le lias encontrado. » En otra conver-
sación no menos acalorada que íuviéron
después , Dionisio le citó este pasage de
Sófocles : « El que nació libre , si va á
la corte, es esclavo. » Platón alteró el
pasage en la forma siguiente : « El que
nació libre , sabe conservarse libre aun-
que vaya á la corte. * Dion , que temía
PLATON. 1 55
las consecuencias de estas disputas , pidió
a Dionisio diese permiso á Platón de res-
tituirse á Grecia , aprovechando la salina
de un buque que iba a Lacedemonia con
un embajador. Dionisio la concedió , )
dio al embajador la orden secreta de ma-
tar d Platón ó de venderle como esclavo.
El embajador le dejó en la isla de Egina ,
donde se daba muerte á todos los Ate-
nienses que llegaban. Platón fué presen-
tado á los j ueces , cuando uno de los
concurrentes dijo chanceándose, que aquel
hombre no era Ateniense sino filósofo.
Esto le salvó la vida , pero fué conde-
nado á la esclavitud. El que le compró
le puso en libertad y no quiso que se le
restituyese el dinero que le había cos-
tado , diciendo que no eran los Atenien-
ses solos j los que apreciaban el mérito
del filósofo.
Dionisio murió , y le sucedió su hijo
D ionisio el joven, príncipe mal educado,
y que se dio á todos los vicios. Dion le
daba muy buenos consejos , y finalmente
le dijo que solo Platón podría enseñarla
á gobernar con acierto. Dionisio entonces
tuvo vivísimos deseos , de ver á Platón ,
i56 PLATON,
y le envió un correo con cartas suyas , de
Dion y ele los filósofos Pitagóricos que
habia en la isla , en que le rogaban en-
carecidamente pasase á ella , sin perder
tiempo. Platón, al principio, se resistió,
mas después consideró que su viage po-
dría tener los mas felices resultados , y se
decidió á emprenderle. Fue recibido por
Dionisio y por el pueblo con honores
que solo se tributaban á los Dioses. Dio-
nisio empezó á sacar provecho de las
lecciones de Platón , y esto era tan con-
trario á las miras de los palaciegos , que
resolvieron deshacerse de tan importuno
consejero. Habiendo aconsejado Platón al
rey que disminuyese su ejército y su
escuadra, aquellos intrigantes dijeron al
monarca que la intención de Platón era
dejarle sin defensa , para que los Ate-
nienses atacasen sin dificultad á Sicilia.
Dionisio se encolerizó , pero descargó
toda su ira en Dion, á quien desterró
á pesar de Platón , creciendo en tales tér-
minos la amistad que á este profesaba ,
que llegó á tener zelos de el, como de
una querida. Le alojó en su propio pa-
lacio, afin de que no se escapase, y le
PLATON. i5;
ofreció sus tesoros , con tal de que le
amase mas que á Dion. Platón le respon-
dió : « Nunca te amaré mas que á Dion ,
pero te amaré tanto , cuando seas tan.
sabio como él. » Dionisio le amenazó con
la muerte , después le pidió perdón , y
Platón hubiera querido mas bien el odio
que el cariño de un hombre tan arre-
batado é imperioso. Por fin , sobrevino
una guerra y Dionisio puso en libertad
á Platón , á quien quiso dar inmensas
riquezas ; mas Platón no las admitió y
solo le pidió el cumplimiento de la pa-
labra que le había dado de alzar el des-
tierro de Dion , cuando se hiciese la paz.
Estando para embarcarse Platón, Dioni-
sio le dijo : « ¡ Cuan mal hablarás de
mí cuando estes con tas discípulos en la
Academia ! No permita Dios , respondió
Platón , que vayamos á perder el tiempo
en la Academia hablando de Dionisio. s>
Antes de ir á Atenas pasó á Olimpia á
ver los juegos. Allí vivió con unos ex-
trangeros ilustres , á quienes solo dij'o
que se llamaba Platón , y su trato era
tan modesto y sencillo , que ellos íe tu-
vieron por un hombre ordinario. Aunque
1 58 PLATON,
estaban prendados de sus buenas mo-
dales , nunca pudieron imaginarse que
aquel Platón fuese el filósofo que de tanta
fama gozaba. Terminados los juegos ,
fueron juntos á Atenas, y Platón los alojó
en su casa. Inmediatamente que llegaron ,
los extrangeros le suplicáronlos presentase
á aquel célebre discípulo de Sócrates ,
que se llamaba Platón , como él. En-
tonces se descubrió y sus huéspedes ,
llenos de admiración , le confesaron que
para cautivar el aprecio de cuantos le
tratasen , no necesitaba mas que de su
amabilidad , sin la filosofía.
Poco tiempo después , Platón dió unos
juegos al pueblo, y permitió que Dion ,
que se hallaba en Atenas , costease los
trages y pagase otros gastos , afin de que
se grangease partido entre los Atenienses.
Dionisio terminó la guerra , y deseando
borrar la mala impresión que podría ha-
cer en los filósofos su conducta con Pla-
tón, reunió á muchos de ellos en su pa-
lacio , y celebraba academias en que
repetía , sin venir al caso , todo lo que
habla oido decir á Platón. Pronto se le
agotó su saber, y entonces conoció cuan
PLATON. 1 5j
mal había hecho en no aprovecharse de
sus lecciones. Despertóse de nuevo en su
corazón el deseo de verle ; hizo que el
poeta Arquitas le escribiese aconseján-
dole que pasase á Sicilia , y no satisfecho
con esto le envió una galera y una em-
bajada compuesta de muchos personages
y del filósofo Arquidemo , el cual era
portador de una carta concebida en los
términos siguientes : « Lo que con mas
ansia deseo , es que vengas pronto á Si-
cilia. Haré en favor de Dion todo lo que
tú quieres , pues no puedes querer sino
lo justo. Pero sino vienes, declaro que
no haré nada que pueda serte agradable,
ni en los negocios de Dion , ni en nada. »
Esta carta exasperó á Platón , pero Dion
le rogó que accediera á los deseos del
monarca , y lo mismo le pedían en sus
cartas todos los filósofos que se hallaban
á la sazón en Sicilia. Platón cedió , y
los Sicilianos , al verle en la isla , creye-
ron que Dionisio seguiría sus consejos ,
y reinaría con moderación y justicia ,
y Dionisio le recibió con las mas ex-
traordinarias muestras de afecto. Pero muy
en breve conoció el filósofo que el tirano
PLATON.
1 6 o
solo quería satisfacer su vanidad , y no
tardó en experimentar nuevos disgustos.
Lejos de poner un término á la perse-
cución de Dion , sus bienes fueron ven-
didos á pública subasta , y Platón es-
tuvo en un verdadero cautiverio , puesto
que no podia conseguir el permiso de
retirarse de nuevo á Atenas. Lo logró ,
por fin , después de muchas dificultades
y reyertas , y al pasar por el Peloponeso ,
encontró en los juegos Olímpicos á Dion ,
á quien refirió todo lo ocurrido , y que
juró vengarse de su perseguidor, no obs-
tante las sabias reflexiones que Platón le
hizo para disuadirle de este intento. Dion
pasó á Sicilia con tropas , destronó al
tirano , y marchitó su gloria , permitiendo
el asesinato de Heraclides. Este crimen
no permaneció largo tiempo impune. Dion
murió á manos del Ateniense Galipo, en
medio de sus triunfos y prosperidades.
Los Sicilianos escribieron á Platón , pi-
diéndole que les aconsejase lo que debían
hacer en la triste situación en que se
hallaban , porque había facciones en la
isla , y unos querían restablecer la tiranía
y otros estaban por el gobierno popular,
PLATON. 162
Platón les respondió , que un Estado no
podría ser jamas dichoso ni con la tira-
nía , ni con el abuso de la libertad ; que
lo mejor era obedecer á un rey sometido
á las leyes ; que la libertad desmedida y
la servidumbre, eran igualmente peligro-
sas , y producían casi los mismos efectos ;
que la obediencia que se tributa á los
hombres suele no tener límites , porqué
no los tiene su codicia ; que la que se
tributa á Dios es moderada , porque Dios
no cambia , y siempre exige lo mismo
de los hombres ; que esta obediencia es
la tínica que puede hacer á los pueblos
felices ; y que para obedecer á Dios , es
necesario ceder á la ley. En seguida les
daba consejos muy sabios sobre el go-
bierno que debían adoptar , y las leyes
que debían establecer.
Platón murió cinco años después de
estos sucesos , y pasó todo este tiempo
empleado en enseñar la filosofía , sin en-
trometerse en los negocios públicos. No
quiso dar leyes á los Cirenianos ni á los
Tebanos ; á aquellos porque amaban de-
masiado las riquezas ; á estos porque no
amaban la igualdad. En sus costumbres
i 6a PLATON,
y modales , Platón observó escrupulosa-
mente la mas prudente moderación. Ja-
mas se rió con exceso ; jamas se encole-
rizó. Su sobrino Pseusipo , arrojado de
la casa paterna por causa de sus vicios
y desórdenes , buscó un asilo en casa de
Platón, el cual le acogió , y vivía con
el , como si no tuviera la menor noticia
de la depravación de su conducta. Los
amigos de Platón le echaron en cara
esta excesiva cotídecendencia ; mas él les
respondió que el mejor modo de corregir
á Pseusipo , era su ejemplo. En efecto ,
el joven se aficionó á la filosofía y solo
trató de imitar el modelo que tenia á la
vista. Su modo de hablar suave y con-
vincente , hacia mucha impresión en los
que le escuchaban. Tuvo algunos amo-
res , mas se mantuvo siempre soltero.
Amó tiernísimamente á sus hermanos ,
odiaba la venganza , y respondía con
chistes á las injurias de sus enemigos.
Dando un dia un banquete á varios ami-
gos de Dionisio , entró Diogenes con los
pies muy sucios , y paseándose por la
sala, cubierta de bellas alfombras, dijo:
« Estoy pisando el orgullo de Platón. »
PLATON. ití3
Platón respondió : « Estás pisando mi or-
gullo con otro orgullo. » Platón decía
que el hombre era un animal bípedo , y
sin plumas. Diogenes desplumó un gallo ,
y le presentó á los Académicos, dicien-
doles : « Ahí teneis al hombre de vuestro
maestro. » Diogenes decía : « Me echan
en cara mis amigos , que siempre estoy
pidiendo , y que Platón no pide nunca.
La diferencia que hay entre los dos es
que yo pido en alta voz , y Platón al
oido. »
Las doctrinas de este filósofo han ejer-
cido tanto influjo en las escuelas, que
no nos parece inoportuno dar una ligera
idea de sus principios fundamentales. Su
modo de raciocinar consistía en asegurar
lo cierto , examinar lo dudoso , y abste-
nerse de pronunciar sobre lo incierto y
poco probable. Por esto seguía á llera-
dito en las cosas que se pueden percibir
por los sentidos ; á Pitagoras en todo lo
relativo á la inteligencia ; á Sócrates en
la Moral y en la Política. La perfección
moral consistía , según su opinión , en
vivir según la Naturaleza , es decir , con-
forme á la voluntad de Dios. Dividía los
i64 PLALON.
Llenes liu nnanos en dos clases; Llenes del
cuerpo , y Llenes de la vida. Los pri-
meros son puramente físicos ; los segun-
dos , los medios que sirven á poner en
práctica la virtud , como la riqueza , y
la buena opinión. Los bienes divinos son
los que residen en el alma , y de estos
hay dos clases ; bienes naturales y bienes
morales. Aquellos son las buenas dispo-
siciones de la parte intelectual ; estos ,
los frutos que se sacan de su cultivo ,
como la sabiduría , la práctica de la
virtud.
Sus teorías políticas lian parecido ge-
neralmente quiméricas , quizás porque
propenden á una perfección de que los
hombres no se creen capaces. El gobierno
que prefería era el monárquico , pero
sujetando el poder del monarca á la ley,
y caracterizando de tiranía , toda auto-
ridad que se ejerce á costa del bien ge-
neral. El objeto de su plan legislativo era
formar una sociedad sin pobreza ni ri-
queza , gobernada por las reglas de la
justicia y de la virtud. Para conseguir
este fin establece un sistema admirable de
educación , fundado en el conocimiento
PLATON. i65
de Dios ; impone penas severas á los im-
píos y á los blasfemos ; probibe los cultos
particulares ; establece las reglas que se
han de observar en las fiestas públicas y
en la música, cuyo influjo en los pueblos
antiguos era tan extraordinario ; enfin ar-
regla todas las acciones de la vida pú-
blica y privada , encaminándolas al bien
de la sociedad y á la felicidad de los que
la componen.
En su sistema físico -metafísico , porque
asi podemos llamar á la Física de Platón ,
que comprende también el conocimiento
de las facultades mentales , establece por
primera regla que el hombre no puede
conocer la verdad en el estudio de la Na-
turaleza , y que debe limitarse á buscar
la verosimilitud , siendo la mas segura ,
en cuanto á la clasificación de los seres,
la división de todo lo que existe en es-
píritu y cuerpo. La materia , según Pla-
tón , existe desde la eternidad , aunque
en esta parte se contradice , porque opina
que el espíritu fué creado y que es an-
terior a la materia. Las primeras cosas
creadas , fuéron la tierra y el fuego , las
cuales, siendo contrarias, no pudieron
iGG PLATON,
estar mucho tiempo unidas. En efecto ,
el Gran Operario del Universo las separó,
formando el aire y el agua , y estable-
ciéndolos como término medio entre el
fuego y la tierra por medio de la ar-
monía numérica. En este estado , el mundo
era sólido , pero no perfecto , y lo fué
cuando recibió un alma , destinada á go-
bernarle , y á mantener la concordia , en
la discordia de los elementos. El Ser Crea-
dor imprimió después el movimiento á la
materia , y satisfecho de su obra , y de-
seoso de perfeccionarla , le dio una imagen
de la eternidad , que es el tiempo , cuyo
origen es la creación de los cielos. Des-
pués de las cosas visibles fueron formadas
las invisibles, esto es, los genios y los
demonios. También se formaron enton-
ces á un mismo tiempo las almas de
todos los hombres que han existido ,
existen y existirán. Las opiniones de Pla-
tón sobre la Metempsícosis han parecido
muy obscuras á sus comentadores : lo
que no tiene duda es que creía que las
almas , después de la muerte , volvían á
animar otros cuerpos. Platón , aunque
fundado en ideas muy inexactas sobre la
PLATON. 167
Anatomía , tía una hermosa explicación
de los miembros del cuerpo humano ,
con el designio de hacer yer cuan bien
responden á las miras de la Divinidad ,
su configuración y su uso. Divide el alma
en tres partes , ó por mejor decir , le da
tres cualidades fundamentales : á saber,
la racional, la irascible y la concupiscible.
Concluiremos este bosquejo citando la cé-
lebre definición del Ser Supremo , dada
por nuestro filósofo. « Dios es único ,
dice , eterno , inmutable , incomprensi-
ble. Ha formado y ordenado todas las
cosas con su sabiduría , y las mantiene
y conserva con su providencia. Está en
todas partes y en ninguna se comprende.
Está en todas las cosas , y no es ninguna
de las cosas que existen por él y que de
él han recibido el ser. Es mayor que la
ciencia. Todo lo ve , todo lo oye y co-
noce y penetra los pensamientos mas se-
cretos. Llena la profundidad de los .abis-
mos y la inmensidad de los cielos. El es,
y en el están la ciencia , los bienes , las
virtudes, la luz y la vida. Es infinitamente
bueno, é infinitamente justo. Ama á los
hombres , y ios ha criado para que sean
¡68 PLATON,
felices ; pero como es la misma justicia
y la misma santidad, no da la felicidad
sino es á los que se le parecen en justicia
y santidad , y castiga á los que corrompen
el carácter sagrado que les liabia impreso ,
criándolos á su imágen. »
El estilo de Platón , como dice Aris-
tóteles , es un medio entre la elevación
de la poesía , y la sencillez de la prosa.
Cicerón dice que si Júpiter se dignase
hablar á los hombres , emplearla el es-
tilo de Platón. Panecio le llamaba , el
Homero de los filósofos.
Platón , á quien toda la antigüedad
dio el sobrenombre de Divino , por la
elevación de sus opiniones y de su es-
tilo , murió el primer año de la Olim-
piada 108, el mismo dia en que habla
nacido, siendo de edad de 81 años.
ANTISTENES.
163
mviuuviw\Mrtww%u.vmu\Mu\uxi'HV\v\v\’,
ANTISTENES,
Contemporánea de Platón.
Después de la muerte de Sócrates, sus
discípulos se dividieron en tres sectas :
Cínica , Académica y Cirenáica. Antis-
tenes fue el gefe de los Cínicos , denomi-
nación cuyo origen es dudoso , pues los
unos la atribuyen á la vida que hacían
aquellos filósofos , parecida á la de los
perros , en su poco aneo y falta de pu-
dor , los otros á la puerta de Atenas ,
llamada Cinosargas , que era su punto
de reunión.
Antisten.es era hijo de un Ateniense
del mismo nombre , y de una esclava.
Cuando le echaban en. cara que su madre
era Frigia - contestaba : « ¿ Que importa ?
Cibeles, madre de los Dioses , era del
mismo pais. » Su primer maestro fué el
orador Gorgias. Después puso una escuela
privada , y como era muy elocuente ,
acudía mucha gente á oirle. Fué á ver
á Sócrates , movido de la curiosidad que
II
iyo ANTISTENES.
le había causado su gran reputación , y
volvió tan satisfecho , que .repitió la vi-
sita en compañía de todos sus discípulos ,
y con ellos se alistó en la escuela de Só-
crates , y cerró la suya. Vivia en el puerto
del Píreo , y andaba cada dia mas de
cuarenta estadios , por el gusto de oir á
Sócrates. Antistenes era muy austero en
sus costumbres y en su modo de vivir.
Rogaba á los Dioses que le diesen la lo-
cura mas bien que el apego á los placeres.
Trataba con severidad á sus discípulos.
Cuando le preguntaban que causa tenia
para ello , respondía : « Asi hacen los
médicos con los enfermos. » El fue el
primero que usó los distintivos de la secta
Cínica , que se reducían a un gran manto ,
á una mochila y á un bastón. Esto era
todo lo que poseían , y con estos bienes ,
decían que eran mas felices que Júpiter.
Se dejaba crecer la barba y no cui-
daba de su persona. Solo se empleaba en
estudiar la moral , y decía que las otras
ciencias eran inútiles. El soberano bien
á que aspiraba era la virtud y el despre-
cio del fasto.
Todos los Cínicos vivían con mucha
ANTISTENES. >7*'
austeridad. No comían mas que frutos y
legumbres. Solo bebían agua , y dormían
en el suelo. Decían que la mayor exce-
lencia de los Dioses era no necesitar de
nada , y que los hombres que mas se
acercaban á la Divinidad , eran los que
menos necesidades tenían. Despreciaban
la riqueza , la nobleza , y todas las ven-
tajas que proceden de la Naturaleza y
de la fortuna. De nada se avergonzaban ,
ni aun de las cosas mas infames. No co-
nocían la decencia , ni tenían consideración
con nadie. Antistenes tenia mucha suti-
leza de ingenio , y un trato tan agra-
dable , que persuadía á los que le escu-
chaban. En la batalla de Tanagra, dio
pruebas de gran valor , lo que , sabido
por Sócrates , le causó mucha alegría.
Sócrates le vio eii cierta ocasión , ha-
ciendo ostentación de un manto roto.
« ¡ O Antistenes ! le dijo el filósofo , los
agugeros de tu manto descubren tu or-
gullo. Guando Antistenes oía que los Ate-
nienses se jactaban de ser indígenas del
país que habitaban , se burlaba de ellos,
dicióndoles : « Lo mismo les sucede á las
tortugas y á los caracoles. » Decía que
t 7 2 'ANTIS TEN ES.
la ciencia mas necesaria era desaprender*
el mal. Un hombre le presentó á un hijo
sujo , para que fuera su discípulo , y le
preguntó de que necesitaba para entrar
en su escuela. El filósofo le dijo que era
necesario llevase un libro nuevo , una
pluma nueva y unas tablas nuevas , dando
á entender , que el alma de su hijo debía
ser como una cera nueva, dispuesta á
recibir nuevas impresiones. Preguntáronle
que era lo que el hombre debia desear ,
y respondió : « Morir dichoso. » Se irri-
taba contra los envidiosos á quienes roía
la ojeriza contra los buenos. Creia que
era mejor ser cuervo que envidioso , por-
que los cuervos viven de carne muerta y
el envidioso ataca á los vivos. Dijéronle
que la guerra destruia á muchos desgra-
ciados. « Mas son los que hace , respon-
dió , que los que destruye. » Cuando le
pedían que diese alguna idea de la Di-
vinidad, respondía que no se parecía á
nada de cuanto existía , y por consi-
guiente que era una locura querer re-
presentarla con imágenes sensibles. Decia
que debemos respetar á nuestros ene-
nugos , porque ellos son los primeros que
ANTISTENES. iy3
conocen nuestras faltas y las publican ,
y por esto nos eran mas útiles que nues-
tros amigos, ciándonos ocasión de cor-
regirnos.
He aquí algunos de sus Apotegmas,
A Mas debemos apreciar á un amigo que
á un pariente , porque los lazos de la
virtud son mas fuertes que los de la sangre.
Mejor es ser del pequeño número de sa-
bios , que del gran número de necios.
Cuando los malos nos elogian , es señal,
de que hemos obrado mal. El sabio no
observa otras leyes que las de la virtud.
Á los ojos del sabio nada es nuevo ni
extraño , porque todo lo ha previsto , y
á todo está dispuesto. La nobleza y la
sabiduría son una misma cosa , y asi no
hay otro noble que el sabio. El medio
mas seguro de llegar á la inmortalidad ,
es vivir según los preceptos de la virtud.
Deseemos á nuestros enemigos todos los
bienes que pueden desear , excepto la sa-
biduría. El deleite es bueno para los hijos
de nuestros enemigos. El que tiene una
muger hermosa y la deja salir adornada ,
debe tener buenas armas y un buen ca-
ballo para defenderla. Si no , que no le
*74 ANTISTENES.
permita salir á la calle. El labrador no
pone al arado asnos y caballos indistin-
tamente , porque sabe que los asnos no
sirven para labrar la tierra. Pero los Ate-
nienses cuando eligen un magistrado , no
miran si sirve para gobernar. El filósofo
puede hablar con hombres de mala vida ,
como el medico trata con los enfermos .
■sin enfermar. El provecho que he sacado
de la filosofía es poder conversar conmigo
mismo, y hacer de buena voluntad lo que
©tros hacen por fuerza. »
Antistenes vivió siempre muy recono-
cido á Sócrates , por las lecciones que
le había dado. El fue quien vengó la
muerte de aquel gran hombre , porque
habiendo acudido muchos extrangeros á
Atenas con deseo de oirle , sin saber su
muerte , Antistenes los llevó á casa de
Anito , y les dijo : « Ved aquí un hombre
mas sabio que Sócrates , puesto que el
es quien le ha acusado. » Anito fue arro-
jado de la ciudad, y Meiito , otro acu-
sador de Sócrates , murió á manos de
aquellos extrangeros.
Antistenes cayó malo de una tisis , y
parece que el deseo de vivir le hizo pre-
ARÍSTÍPO. t 7 5
ferlr una vida penosa á una muerte pronta.
Diogenes entró un dia á verle , y Antis-
tenes exclamó : « ¿Quien me librará de
los males que padesco ?.» Diogenes sacó
entonces un puñal que llevaba oculto de-
bajo del manto. Antistenes le respondió
que deseaba librarse de los dolores , mas
no de la vida.
ARÍSTÍPO,
Contemporáneo de Platón.
Aristipo era natural de Cirene , en Libia.
Vino á establecerse á Atenas, solo por
oír á Sócrates. Fue uno de los principales
discípulos de este filósofo , pero su vida
no era arreglada á los principios que se
enseñaban en su escuela. Fundo la secta
Cirenáica, que tomó el nombre de Ci-
rene , su patria.
Aristipo tenia mucbo ingenio y expre-
siones vivas y agudas. Hablaba muy agra-
dablemente y chanceaba sobre todos los
asuntos. Nada le gustaba tanto como adu-
lar á los reyes y potentados , los hacia
i 7 6 ARISTIPO.
reir y les sacaba , de este modo , todas
las gracias que les pedia. Cuando ellos
le insultaban , el decia que aquello era
una chanza , y asi nunca se indisponía
con ellos. Era tan diestro , que conseguía
con maña y astucia todo lo que deseaba.
Se hallaba bien en todas partes y ha-
blaba á cada cual en su lengua. Platón le
solia decir : « Eres el tínico hombre que
sabe acomodarse á los remiendos y á la
púrpura. » Horacio dice que Aristipo
sabia representar todos los papeles , y
que aunque quería tener mas , estaba con-
tento con lo que tenia. Dionisio de Sira-
■cusa. le apreciaba mas que á todos sus
cortesanos. Aristipo iba muchas veces á
Siracusa solo por gozar de la buena mesa
de aquel tirano. Cuando se fastidiaba iba
á pasar otra temporada con algún gran
señor. Diogenes le llamaba el perro real ,
porque siempre estaba en las cortes de los
príncipes.
Dionisio le escupió un dia al rostro ,
acción que fué desaprobada por los que
estaban presentes ; pero Aristipo se echó
á reir , y les dijo : « Los pescadores se
mojan todo el cuerpo solo por coger un
pezecillo , ¡y yo no me dejaré mojar el
rostro por coger una ballena ! » En otra
ocasión Dionisio , que estaba muy enfa-
dado con el, le dijo al tiempo de ir á
comer, que se sentase en el lugar mas
inferior de la mesa. « Sin duda , respon-
dió Aristipo , quieres que el lugar mas
inferior sea el mas honrado. » Aristipo fué
el primer discípulo de Sócrates que exi-
gía dinero de los que venian á oir sus
lecciones, y para autorizar esta costumbre,
envió veinte minas á Sócrates ; mas este
no las admitió y desaprobó la codicia de
Aristipo , el cual no hizo caso. Cuando
le echaban en cara la diferencia que había
entre su conducta y la de su maestro ,
respondía : « Hay una gran diferencia
entre el y yo. Todos los ricos de Atenas
envían á Sócrates cuanto necesita , y yo
tengo apenas un mal esclavo que me
cuide. » Un Ateniense quiso poner un
hijo suyo en la escuela de Aristipo , en-
cargándole que se esmerase en su ense-
ñanza. Aristipo le pidió cincuenta dracmas.
El Ateniense respondió que con esta suma
podia comprar un esclavo. « Pues bien ,
le dijo Aristipo, cómpralo y tendrás dos. »
H.
'17S A SIS TIPO.
No era , sin embargo avaro , y sólo «.le-
seaba tener dinero para gastarlo. Hallán-
dose un día en úna embarcación , le di-
jeron que esta era de unos corsarios.
'Aristipo sacó todo el dinero que tenia „
lo contó y lo arrojó al mar. «Vale mas f
dijo , pei’der el dinero , que morir por
causa del dinero. »
En otra ocasión , viendo que el esclavo
que le seguía con un saco de dinero , no
podia andar tan de prisa como él le dijo
que no llevase mas de lo que pudiese , y
que arrojase lo demas. Gustaba de co-
mer bien , y daba cualquier dinero por
un buen bocado. Habiendo dado una vez
cincuenta dracmas por una perdiz , uno de
los que estaban presentes , censuró esta
prodigalidad. « Si la perdiz no costara
mas que un óbolo , le preguntó el filósofo
¿la comprarías? Sin duda, dijo el otro.
Pues bien , repuso Aristipo. Tanto caso
bago yo de cincuenta dracmas , como tú
de un óbolo. » Otra vez clió mucho di-
nero por unas golosinas. También le de-
saprobó un testigo , y Aristipo le dijo :
« Tú darías tres óbolos por todo esto ;
asi pues , eres tan avaro como yo goloso. >l
ARISTIP O. i 79
Cuando criticaban lo mucho que gastaba
en comer bien decía que si los buenos
bocados tuvieran algo de malo , no se da-
rían tantos banquetes en las fiestas de los
Dioses.
Estando Diogenes lavando unas yerbas
para comer , vio pasar á Aristipo y le
dijo : « Si te contentases con yerbas no
irías á hacer la corte á los reyes. Y si
tú, respondió' Aristipo , supieses hacer la
corte á los reyes , no te contentarías con
yerbas. » Dionisio le preguntó que porque
iban los filósofos á ver á los reyes , y los
reyes no iban á ver á los filósofos. Aris-
tipo respondió : « Porque los reyes no
saben lo que les hace falta , y los filó-
sofos sí. »
Decia que era bueno moderar las pa-
siones , mas que no convenia desarrai-
garlas enteramente , y que no era un
crimen gozar de los placeres sino ser
esclavo de ellos. Cuando le chanceaban
sobre sus relaciones con la cortesana Lais,
decia : « Poseo á Lais , pero Lais no me
posee.» Un joven entró en casa de Lais
y hallando allí á Aristipo , pareció muy
avergonzado : « .Amigo mío, le dijo , na
180 ARISTIPO.
te avergiienzes de entrar , sino de no
poder salir. »
Dionisio dio un gran banquete y á
los postres quiso que todos los convidados
se pusiesen unos hermosos mantos de
púrpura. Platón no quiso complacerle,
diciendo que aquel lujo era propio de
mugeres. Aristipo no hizo dificultad , y
no solo se puso el manto sino que bailó
en presencia de los convidados. « Lo
mismo se hace , dijo , en las fiestas de
Baco , y no por eso se corrompe el que
no está corrompido. »
Habiendo pedido á Dionisio una gracia
en favor de un amigo , y no pudiendo con-
seguirla , se arrojó á sus plantas* Sor-
prendido en esta posición por algunos cor-
tesanos , les dijo : « No es culpa mía ,
sino de Dionisio que tiene las orejas en
los pies. »
Hallándose en Siracusa , el tesorero del
rey , que era un Frigio , llamado Simo ,
le enseñó su palacio , ponderándole los
mosaicos del suelo. Aristipo tosió y le
escupió al rostro. Simo se ofendió ; mas
Aristipo le dijo : « Aquí no hay nada
sucio , sino es tu rostro.
AEISTíPO. 1 8 1
Un dia pidió Un talento á Dionisio ,
él cual le respondió : « á No me hablas
dicho que los filósofos no carecían de
dinero ? Dame el talento , continuo Aris»
tipo , y después hablarémos. » Cuando
tuvo el talento en su poder , le dijo :
« Ves como es cierto que los filósofos
no carecen de dinero ? » Dionisio le pre-
guntó : « ¿ Por que vienes con tanta fre-
cuencia á Siracusa ? Vengo, le respon-
dió , á darte lo que tengo y á que tií.
me des lo que tienes. » Reconviniéndole
un amigo porque dejaba á Sócrates para
ir á ver á Dionisio , respondió : « Cuando
necesito sabiduría , acudo á Sócrates ;
cuando necesito dinero , acudo á Dioni-
sio. » Jactándose un joven de nadar muy
bien , le dijo que un delfín nada mejor.
Decia que la gran ventaja de la filosofía
era que aunque no hubiese leyes , los
filósofos , continuarían viviendo como si
las hubiese.
Los Cirermicos estudiaban la Moral y
descuidaban la Lógica. No se aplicaban
a la Física , porque decían que era una
ciencia quimérica. El fin de todas las
*t8a A RISTÍPO.
Lia ser el placer ; no ya la privación ele
dolor , sino el placer positivo , que no
se adquiere sin movimiento. Admitían dos
clases de- movimiento en el alma : uno
suave que da placer , y otro violento
que da dolor, y como todo el mundo
huye del uno , y busca el otro , de aquí
proviene que el hombre ha nacido para
el placer. No apreciaban la virtud , sino
es en cuanto servia para tener placer ,
comparándola á la Medicina , que solo
debe ser apreciada cuando da la salud.
Negaban la existencia de lo bueno y de
lo malo, de lo justo y de lo injusto, lo
cual solo debía entenderse con respecto
á las leyes y á las costumbres del pais.
Decían que el hombre no debía obrar
mal , por las malas resultas.
Aristipo tuvo una hija , llamada Areta ,
á quien educó en aquellos principios , y
ella educó en los mismos á su hijo Aris-
tipo , llamado Metrodidactes , que des-
pués fue maestro del impio Teodoro. Este
corrompió la doctrina Cirenáica ense-
ñando públicamente cpic no había Dioses.
Fue acusado ante el Areopago pero De-
metrio de Falera le libertó de la pena en
ARISTOTELES. i83
que hahia incurrido. Paso a drene , donde
vivió en casa de Mario , gozando de mu»
cha consideración. Sin embargo , salió
desterrado de allí , y se refugió en la corte
de Tolomeo Lago. Este le hizo su emba-
jador cerca de Lisimaco , a quien hablo
con tanta libertad , cjue uno de los cor-
tesanos le dijo : « Sin duda crees que no
hay reyes , como crees que no hay Dio-
ses. » Amficrates dice que Teodoro fué
condenado á muerte.
ARISTOTELES,
Nació el i. er año de la Olimpiada 99 ; murió el
tercero de la ii4> de edad de 63 años.
Aristóteles fué uno de los mas ilustres
fdósofos de la antigüedad. Su nombre es
todavía célebre en las escuelas. Era hijo del
médico Nicomaco , amigo de Amintas ,
rey de Macedonia , y decendia de Ma-
caón, nieto de Esculapio. Aristóteles nació
en Estagira, ciudad de Macedonia , el
primer año de la Olimpiada 99* Perdió
á sus padres en los primeros unos do su
i84 ARISTÓTELES.
niñez , y recibió una mala educación. Pasó
una parte de su juventud en el liberti-
nage , y disipó de esta manera sus bienes.
Tomó partido en el eje'rcito , pero no
conviniéndole la carrera de las armas ,
pasó á Delfos , á consultar al oráculo ,
para saber que giro había de tomar. El
oráculo le respondió que fuese á Atenas
á estudiar la filosofía. Tenia á la sazón
1 8 años. Estudió por el espacio de no años
en la Academia, con Platón, y vivia del
producto de algunos remedios que vendia.
Comía poco y dormía menos. Su afición
al estudio era tan grande , que para que
el sueño no le venciese , ponia un gran
cubo de agua junto á su cama y agarraba
en la mano una bola de hierro , conser-
vando la mano fuera de la cama ; de modo
que cuando empezaba á dormirse , el ruido
que hacia la bola al caer en el agua , le
despertaba. Laercio dice que tenia la voz
agria, los ojos pequeños , las piernas del-
gadas , y que gustaba de vestirse con
magnificencia. Era de ingenio muy sutil ,
por manera que comprendía fácilmente
las cuestiones mas complicadas. Hizo gran-
eles progresos en la escuela de Platón ?
ARISTOTELES. i85
y no tardó en sobresalir entre todos los
Académicos , los cuales no decidían nin-
guna cuestión , sin consultarle aunque
muchas veces su opinión era contraria ú
la de Platón. Sus condiscípulos le miraban
como un genio extraordinario , y aun al-
gunos preferian su opinión, contraria á
la del maestro. Aristóteles se retiró de la
Academia y Platón se resintió mucho.
Los Atenienses le nombraron su em-
bajador cerca de Filipo, padre de Ale-
jandro el Grande. Permaneció algún tiempo
en este encargo , y á su vuelta supo de
Jenocrates liabia sido, elegido para ense-
ñar en la Academia. Entonces dijo que se
avergonzaría de guardar silencio cuando
Jenocrates hablaba , y se puso á enseñar
una doctrina diferente de la de Platón.
La reputación que tenia de sobresalir en
todas las ciencias , y particularmente en
la Filosofía, obligó á Filipo a nombrarle
preceptor de Alejandro que tenia a la sa-
zón 1 4 años. Aristóteles aceptó , y estuvo
ocho años con este príncipe , á quien en-
señó ciertos conocimientos secretos que
no descubría á nadie. No hacia vanidad
de la Filosofía ; se aplicaba á los negocios
iSS ARISTOTELES,
públicos, y tuvo mucha parte en todos
los que ocurrieron en Macedonia, ínterin
residió en aquel imperio. Filipo , para
manifestarle su aprecio , reedificó la ciu-
dad de Estagira , que liabia sido destruida
en la guerra. Aristóteles , volvió á Atenas ,
donde fue muy bien recibido , en atención
á las gracias que Filipo , á instancias suyas ,
habia hecho á los Atenienses. Estableció
su escuela en unas hermosas calles de
árboles que habia en el Liceo , y como
daba sus lecciones paseándose , se dio el
nombre de Peripatéticos á los que seguían
sus doctrinas. El Liceo adquirió muy en
breve gran celebridad y la fama del fun-
dador de aquella escuela, se esparció muy
en breve por toda la Grecia.
Alejandro encargó á Aristóteles que se
aplicase á hacer experiencias físicas , y le
dió un gran número de cazadores y pes-
cadores , para que le llevasen los ani-
males de que necesitase, y ademas 800
talentos para los gastos. Entonces publicó
sus libros sobre la física y la metafísica.
Alejandro se hallaba ,en Asia cuando lo
supo , y se enfadó contra Aristóteles ,
porque vulgarizaba unas ciencias que el
ARISTOTELES. 1S7
solo deseaba poseer. Le escribió una carca
concebida en estos términos : « Alejandro
á Aristóteles. Has hecho mal en publicar
tus obras sobre las ciencias especulativas ,
porque nada sabrémos mas que ios oíros ,
si lo que nos has enseñado , se comunica
á toda clase de gentes. Sabe que me seria
mucho mas agradable sobresal ¡1 en el
conocimiento de las cosas superiores ,
que en el poder y la autoridad. » Aris-
tóteles le respondió que había publicado
su doctrina , pero que no la había dado
á luz , queriendo decir , que. la había
escrito con tanta obscuridad que nadie
podría entenderla.
Aristóteles no conservó largo tiempo
el fa^or de Alejandro : se riñó con él ,
porque tomó con gran calor el partido
del filósofo Cali sienes. Este era lujo de
una sobrina de Aristóteles, quien le ha-
bla educado con el mayor esmero. Cuando
se separó de Alejandro le dejó en su com-
pañía á Calistenes , y encargó al monarca
que cuidase mucho de él. Calistenes no
era condescendiente con Alejandro , y solia
hablarle con gran libertad. Esto fué lo
que hizo que los Macedonios no le ado-
i88 ARISTOTELES,
rasen como un Dios , á la manera en que
los Persas lo Rabian hecho. Alejandro ,
que le aborrecía , halló medio de ven-
garse , suponiendo que había tomado parte
en la conjuración de su discípulo Her-
molao. No le permitió que se defendiese ,
y le mandó arrojar á los leones. Otros
dicen que le mandó ahorcar , y otros que
murió en la tortura.
Aristóteles se resintió mucho contra
Alejandro , y este procuró molestar 6
incomodar por todos los medios posibles
á Aristóteles. Colmó de favores y rique-
zas á Jenocrates y Aristóteles tuvo envidia.
Hay quien dice que tuvo parte en la con-
juración de Antipater , y que compuso el
veneno que hizo morir á Alejandro.
Aunque firme en sus principios , Aris-
tóteles tuvo algunas flaquezas en su con-
ducta. Cuando se separó de la Academia ,
fue á vivir en la Corte del tirano Hermias ,
y las miras que en esto se llevó , según
dicen , no eran muy compatibles con la
pureza de las costumbres. Aristóteles se
casó con la hermana , y según otros con
la concubina de Hermias , y la amo con
tanto extremo , que le hizo sacrificios
ARISTOTELES. 189
como á una Divinidad , y compuso versos
en honor de Hermias , dándole gracias
por haber permitido aquel enlace.
Aristóteles dividió su filosofía en prác-
tica y teórica. La práctica es la que en-
seña las verdades que. deben reglar laá
operaciones del espíritu, como la Lógica ,
y que nos da máximas para conducirnos
en la vida , como la Moral y la Política.
La Teórica es la que descubre las verdades
puramente especulativas, como la Física
y la Metafísica. Las cosas naturales tienen
tres principios, materia, forma y priva-
ción. Para probar que la privación es un
principio de las cosas naturales , dice que
la materia de que se hace una cosa debe
tener la privación de la forma de esta cosa.
3No considera la privación como un prin-
cipio de composición del cuerpo , sino
como un principio externo de su produc-
ción , en tanto que la producción es una
mudanza por la cual la materia pasa de
una forma que tenia á una forma que no
tenia. Da dos definiciones diferentes de
la materia : una negativa y otra positiva.
He aquí la primera ; Materia es lo que
»o es sustancia , ni extensión , ni cualidad»
1 9 o ARISTOTELES,
ni ninguna especie de ser. Por ejemplo ,
la materia de leña , no es ni la sustancia
de la leña , ni su extensión , ni su figura ,
ni su color, ni su solidez , ni su gravedad,
ni su dureza, ni su sequedad , ni ninguno
de los accidentes que se encuentran en
la leña. La definición afirmativa es esta :
La materia es aquello de que se compone
y en que se resuelve una cosa. Para for-
mar un cuerpo natural , ademas de la
materia se necesita la forma. Según unos ,
Aristóteles entiende por la palabra forma
la disposición de las partes; según otros,
entiende una entidad sustancial , real-
mente distinta de la materia , de modo
que , cuando se muele el trigo , por ejem-
plo , sobreviene una forma sustancial que
se llama harina , y después otra que se
llama masa , y después otra que se llama
pan.
Estas formas existen con infinita va-
riedad en todos los cuerpos naturales.
Asi , pues , en el caballo , ademas de los
huesos, nervios, venas, cartílagos y te-
gumentos ; ademas de la sangre que enr-
ollando en los vasos, alimenta todas las
partes , y ademas de los espíritus, animales
ARISTOTELES. x ;)t
que son los principios del movimiento
animal , hay una forma sustancial que
puede muy bien llamarse el alma del ca-
ballo. Esta forma no nace de la materia f
sino de la potencia de la materia ; es una
entidad real distinta déla materia, y no
una parte de ella, ni una de sus modi-
ficaciones.
Aristóteles opina que todos los cuerpos
terrestres se componen de cuatro ele-
mentos , tierra , agua , aire y fuego ;
que la tierra y el agua son graves y pro-
penden á acercarse al centro del mundo .
al contrario , los otros dos elementos ,
son leves , y se alejan de este centro. Hay
un quinto elemento , de que se componen
los cuerpos celestes , y cuyo movimiento
es siempre circular. Sobre el aire y bajo
la parte cóncava de la luna , hay una
esfera de fuego , á la que suben , y en la
que se reúnen todas las llamas , asi como
los rios y arroyos , bajan á reunirse al
mar.
La materia, es infinitamente divisible;
el universo está lleno , de modo que no
hay vacio en la naturaleza ; el mundo es
eterno, y el sol ha girado y girará siempre
í 9 2 ARISTOTELES,
como lo hace ahora. Las generaciones de
los hombres no tienen principio , y lo
mismo sucede con los pájaros , y con las
«demás especies de animales. Los cielos
son incorruptibles. Las cosas sublunares
se corrompen , pero los elementos de
que se componen , no perecen jamas. De
las partes disueltas de un ser , se forma
otro ser; asi pues, el universo se con-
serva siempre en su integridad. La tierra
es el centro del mundo ; en torno de ella
giran los astros , movidos por inteligen-
cias celestes. Todo lo que está hoy cu-
bierto con las aguas del mar , ha sido
tierra firme , y lo que es hoy tierra firme
llegará á cubrirse con las aguas del mar.
La razón de esto es , que las corrientes
•de los rios y arroyos , están continua-
mente arrastrando las sustancias que cu-
bren la superficie de la tierra ; por con-
siguiente la mar se retira y la tierra sesea
se extiende , y como el tiempo es eterno ,
la gran mudanza llega á verificarse al cabo
de muchos siglos. También se prueba
esta verdad por las conchas que se ven
en las cimas de muchos montes elevados,
y por las anclas que han solido bailarse
ARISTOTELES. x 3 3
en las entrañas de ia tierra. Estas mu-
danzas de mar en tierra y de tierra en
mar producen el olvido de las cosas pa-
sadas y la pérdida de la historia de los
pueblos que nos han precedido. Ademas
de estos accidentes hay otros que con-
tribuyen al mismo resultado , como las
pestes , los incendios , los terremotos ,
que exterminan los hombres de un pais »
salvándose tan solo unos pocos , que se
retiran á los bosques , hacen una vida
salvage , pierden la memoria de sus an-
tepasados , hasta que la población au-
menta , y se vuelven á descubrir y en-
contrar las artes perdidas : asi es como
se explica la eternidad del mundo , y la
renovación de las generaciones , de las
instituciones , de las leyes , y de los usos.
Aristóteles examina cuidadosamente todo
lo que puede contribuir á la felicidad del
hombre. Refuta la opinión de los volup-
tuosos , que cifran la felicidad en los pla-
ceres físicos , los cuales en su opinión ,
causan hastío , debilitan el cuerpo , y
embrutecen el espíritu. Después censura
la opinión de los ambiciosos , que creen
poder ser felices con los honores , y nada
ig4 ARISTOTELES,
omiten por conseguirlos. Dice que el ho-
nor está en el que lo tributa ; que el
ambicioso desea ser honrado , por que se
crea que existe en el lo que merece serlo ,
que por consiguiente la virtud es la que
hace feliz al hombre. Por último contra-
dice á los avaros , que dan el nombre de
felicidad á la riqueza. Dice que esta no
es apetecible por sí misma ; que hace in-
feliz al que la guarda , y que no se atreve
á hacer uso de ella ; que para que la ri-
queza sea útil , es necesario emplearla ,
distribuirla , siendo asi que la felicidad
es una cosa estable , que se dehe conservar.
Enfin la opinión de Aristóteles es que
la verdadera felicidad consiste en la acción
perfecta del entendimiento y en la prác-
tica de la virtud ; que la acción mas noble
y mas digna del entendimiento es la es-
peculación de las cosas naturales , de los
cielos , de los astros , de toda la natu-
raleza, y principalmente, del ser primero ;
sin embargo , para ser feliz es necesario
también poseer algún bien externo , como
por ejemplo , una riqueza moderada , pues
el hombre destituido de todo , no puede
tener amigos , y sin amigos no hay fe-
ARISTOTELES. ig5
licidad- Asi pues la virtud no basta para
hacernos clichosos , pero el vicio basta
para hacernos infelices.
La amistad, según este filósofo > es de
tres clases , parentesco , inclinación y
hospitalidad. Las bellas letras contribuyen
á la virtud , y dan á la vejez el mayor
consuelo de que puede gozar. Admite
como Platón un primer ser , y una Pro-
videncia. Dice que todas las ideas vienen
de los sentidos , y que un ciego de naci-
miento no puede tener idea de los co-
lores , ni un sordo de los sonidos.
En su política dice que el gobierno
monárquico es el mas perfecto, y critica
amargamente a' los republicanos , citando
los excesos que cometían los de su tiempo.
Le pregunta'ron que ventaja sacaban
los embusteros , y respondió : « Que na-
die los crea cuando dicen verdad. » Lo
reconvinieron porque había dado limosna
á un malvado. « No se la he dado al mal-
vado , respondió , sino al hombre. » De-
cía que la ciencia es con respecto al alma ,
lo que la luz , con respecto á los ojos ;
que sus raíces eran algunas veces amar-
gas , pero sus frutos siempre dulces.
1 9 6 ARISTOTELES.
Se enfadaba contra los Atenienses por-
que teniendo leyes y trigo se servian del
trigo, y no hacían caso de las leyes. De-
cía que la esperanza es el sueño de un
hombre despierto ; que la diferencia entre
el sabio y el ignorante es lo mismo que
la que hay entre el muerto y el vivo ;
que la ciencia es un adorno en la prospe-
ridad y un refugio en el infortunio ; que
el que educa á un hombre es mas bien
su padre que el que le engendra ; que la
hermosura es la mejor carta de recomen-
dación ; que para progresar en la filosofía
es necesario alcanzar á los que preceden
y no aguardar á los que vienen detras ;
que los que acumulan tesoros deberían
vivir siempre , y los que los disipan morir
pronto ; que un amigo es un alma en dos
cuerpos ; cnfin que debemos hacer á los
amigos lo mismo que de ellos esperamos.
Muchas veces solia exclamar : «¡Amigos
mios ! ya no hay amigos. »
Le preguntaron porque gustaba mas de
la hermosura que de la fealdad , y res-
pondió : « Esa es pregunta de ciego. »
Aristóteles después de haber enseñado
la Filosofía durante trece años en el
ARISTOTELES. 197
Liceo , con la mejor reputación , fué acu-
sado de impiedad , y la memoria de la
muerte de Sócrates le espantó de tal
manera , que tomó el partido de salir
de Atenas. Retiróre á Chaléis de Eubea ,
donde dicen que murió de pesadumbre
por no haber podido hallar la causa
del flujo y redujo del mar. Otros dicen
que se precipitó en las olas , diciendo :
« Sepúlteme el mar , puesto que no
puedo comprenderlo. » Otros por fin
aseguran que murió de un colico , el
año 63 de su edad , dos años después
de la muerte de Alejandro.
Los Estagiritas le alzaron altares Como
á tina Divinidad. Hizo testamento y nom-
bró por aibacea á Antipater. Dejó un
hijo, llamado Nicomaco , y una hija que
se casó con un nieto de Demarato rey
de Lacedemonia.
JENO CUATES.
198
%VWVW%%VVVWlVlVV*\\VVV\X\aVVVVV\*/VV\\VV^X\VVVVVí
JE NO GRATES,
/Vivía al principio cíe la Olimpiada no, y murió
el año 3 .° de la 116.
Jestocrátes fue uno de los mas ilustres
filósofos de la antigua Academia , por su
probidad , por su prudencia , y por la
pureza de sus costumbres. Nació en Cal-
cedonia y era hijo de Agatenor. Hízose
discípulo de Platón , siendo todavía muy
joven , y se aficionó tanto al filósofo, que
le acompañó á Sicilia ; cuando Platón fué
á aquella isla, llamado por Dionisio. Su
entendimiento era sólido, pero compren-^
día con mucha lentitud. Platón solia decir
que Aristóteles necesitaba brida y Jeno-
crates espuela. Otras veces decía en tono
íie chanza : « Es menester uncir esta
asno , con un caballo. >} Era muy grave
y circunspecto , y su maestro le aconsejaba
que hiciese un sacrificio á las Gracias.
Jenocrates pasaba la vida encerrado en
la Academia. Cuando salía por las calles
de Atenas , que era raras veces , todos los
JEN O GRATES. 159
mancebos de buen humor le hacían ra-
biar dándole chascos y diciéndole chanzas
y apodos. Otras veces le exponían á las
mas irresistibles tentaciones , de las cuales ,
sin embargo , sabia defenderse. La célebre
Friné , apostó que le subyugaría , y un
dia en que Jenocrates había bebido algo
mas de lo regular , aquella hermosa cor-
tesana se presentó en su habitación, ma-
gníficamente adornada. Estuvo en su com-
pañía largo rato , procurando cautivarle
por todos los medios imaginables ; mas
no lo pudo conseguir. Friné avergonzada
se vengó de el con epigramas.
Era no menos desinteresado que casto*
Alejandro le envió una gran cantidad de
dinero , mas Jenocrates no tomó mas
que tres minas y le devolvió lo demas ,
diciendo á los que le habían traído aquel
regalo : « Alejandro tiene que mantener
á mucha gente , y asi , mas falta le hace
el dinero á el que á mí. »
Cuando estaba en Sicilia , ganó una
corona de oro , por haber bebido mas
vino que los otros convidados. De vuelta
á Atenas , consagró la corona á Mercurio.
Una vez fue enviado con otros emba-
200 JE NO GRATES.
¡adores al rey de Macedonia Filipo. Este
los obsequió mucho y les hizo magníficos
regalos, les dió muclias audiencias, y
los sedujo de modo , que estaban dis-
puestos á cedet en un todo á su voluntad.
Jenocrates , sin embargo , no quiso ad-
mitir los regalos , ni asistir á los ban-
quetes ni á las audiencias. Guando la
embajada volvió á Atenas los que la com-
ponian dijeron al pueblo , que habia sido
enteramente iniítil la presencia de Je-
nocrates , puesto que nada habia hecho ,
y de nada les habia servido. El pueblo
manifestó mucho descontento , y ya iba
á condenar á Jenocrates , á que pagase una
multa , mas él refirió todo lo que habia
pasado , y dijo á los Atenienses que tu-
viesen mucho cuidado con los negocios
públicos , en atención á que los emba-
jadores , seducidos por los regalos y ob-
sequios del rey , habían abrazado sus
intereses. De repente , cambiaron los sen-
timientos del pueblo por Jenocrates , el
cual empezó á ganar gran reputación.
Este negocio hizo mucho ruido , y Fi-
lipo confesó después , que el único em-
bajador á quien no había podido vencer ,
era Jenocrates.
201
JENOCRATES.
Durante la guerra de Lamia , Anti-
pater liizo prisioneros á muchos Atenien-
ses. Jenocrates tuvo la comisión de ne-
gociar su rescate. Cuando Antipater le vio
entrar en su palacio, lo primero que hizo
fue convidarle á comer, mas él respondió
que antes de todo era necesario tratar del
objeto de su embajada , y poner en liber-
tad á sus compatriotas. Antipater , admi-
rado de tanto patriotismo , despachó con
prontitud el negocio , y los Atenienses
fue'ron puestos en libertad.
Hallándose en Sicilia en presencia de
Dionisio , este dijo á Platón : « Puede
ser que haya quien te corte la cabeza.
Para eso, dijo Jenocrates, es menester
que haya quien corte antes la mía. »
Cuando el filósofo Espensipo se sintió
viejo y achacoso , mandó llamar á Jeno-
crates y le rogó que le sucediera en la
dirección de la Academia , que bahía
estado á su cargo desde la muerte de
Platón. Jenocrates convino en ello y em-
pezó á enseñar públicamente. Cuando ve-
nia alguno á su escuela , sin saber mú-
sica , geometría , ni astronomía , Jeno-
crates le aconsejaba que se retirase
L
>
& 03 .
JENOCRATES.
puesto que carecía de los fundamentos
de la ciencia.
Los Atenienses tenían tan alta idea de
la probidad de Jenocrates, que debiendo
ser testigo en una causa , y habiéndose
acercado al altar, á prestar el juramento,
en la forma ordinaria , los jueces se le-
vantaron , y no quisiéron permitírselo ,
diciendo que su palabra bastaba , y que
el juramento , en un hombre como él ,
era inútil.
Polemon , hijo de Filostrato , joven
de malísima conducta , entró un dia en
la Academia , coronado de flores , y
dando muestras del mucho vino que había
bebido. Jenocrates estaba hablando de
la templanza , y continuó su lección en
los términos mas enérgicos y elocuentes.
Polemon le oyó con atención á pesar del
estado en que se hallaba, y quedó tan
convencido que abandonó el género de
vida que habia seguido hasta entonces ,
y fué después uno de los discípulos mas
aventajados de la Academia , en términos
que sucedió á Jenocrates en la enseñanza.
Jenocrates compuso muchas ohras en
verso y en prosa. Dedicó un libro á Ale-
jandro , y otro á Éfestion,
DIO GENES. 2 o 3
Tuvo enemigos, por que no guardaba
consideraciones con nadie. Los Atenienses
al cabo fuéron tan injustos, que le ven-
dieron como esclavo. Demetrio de Fa-
lerio le compró y le puso inmediatamente
en libertad.
Siendo de edad de 82 años , tropezó
una noche con una vasija, cayó, y mu-
rió al instante. Había enseñado en la Aca-
demia por el espacio de 22 años. Flo-
recía en tiempo de Lisimaco , en la Olim-
piada 102.
1. WWW WWW'* \ WWW \V vwiwt
DIOGENES,
Murió el primer año de la Olimpiada 114, de
edad de 90 años. Nació pues el tercer año
de la 91.
Diogenes el Cínico , hijo de Iseco , ban-
quero , nació en Sinope , ciudad de Pa~
íiagonia, á principios de la Olimpiada 91.
Fué acusado con su padre de haber hecho
moneda falsa. El padre fué preso, y mu-
rió en la cárcel. Diogenes se llenó de
miedo , y se escapó á Atenas. Al llegar á
204 dio genes.
esta ciudad se fue á presentar á AntistéOes,
que le recibió muy mal , y aun se sirvió
de un palo para arrojarle de su casa ,
pues no quería tener discípulos , y Dio-
genes deseaba serlo suyo. Diogenes no
se desanimó , bajó la cabeza y le dijo ;
« Dame de palos si quieres , pero nada
basta á alejarme de tí. » Antistenes cedió
a tanta tenacidad y consintió en enseñarle.
Diogenes vivia pobremente , como un
hombre desterrado de su pais, y que no
recibía auxilios de nadie.
Un dia se puso á mirar á un ratón que
corría por el cuarto, y empezó á hacer
reflexiones que le consolaron de su mise-
ria. Vio que el ratón no se cuidaba de
lo que comería al dia siguiente, ni del
sitio en que dormiria aquella noche. Re-
solvió imitar su ejemplo , vivir tranqui-
lamente sin incomodarse por nada , y
abstenerse de todo lo que no fuera in-
dispensablemente necesario para la con-
servación de la vida. Usaba de un manto
forrado que le servia de cama , y todos
sus muebles se reducían á un bastón ,
un saco y una escudilla. Continuamente
llevaba consigo este equipage , menos el
DI O GEN ES. 2oS
bastón de que solo se servia en sus viage.s
á cuando se sentía enfermó.
No usaba de ninguna especie de cal-
zado aun en tiempo de nieve : quiso acos-
tumbrarse á comer carne cruda , mas
no pudo conseguirlo.
Pidió á un amigo que le diese un rin-
cón de su casa , para retirarse a el algunas
veces , pero viendo que tardaba en res-
ponderle , tomó un tonel que le sirvió
de habitación.
En lo mas fuerte del estío se arrastraba
en la arena , y en el invierno se abrazaba
a las estatuas cubiertas de hielo y nieve t
para acostumbrarse á los excesos del frió
y del calor.
Era general el desprecio con que mi-
raba á los hombres. Trataba á Platón y
á sus discípulos de disipadores y liber-
tinos , y llamaba á los oradores , esclavos
del pueblo. Decía que las coronas eran
símbolos de gloria , tan fra'giles como el
vidrio , y que las representaciones dra-
máticas eran las maravillas de los necios.
Enfin nada se escapaba de su satírica
libertad.
Comia, hablaba y se echaba á dormir
£06 DIOGENES.
en cualquier sitio sin distinción. Algunas
veces iba al pórtico del templo de Jú-
piter , y decía : « ¡ Que hermoso comedor
me han edificado los Atenienses ! »
Muchas veces decía : # Cuando consi-
dero á los magistrados , á los médicos y
á los filósofos , tengo intenciones de creer
que el hombre por su sabiduría es muy
superior á los animales; pero cuando veo
que hay adivinos , intérpretes , sueños ,
j gentes que se envanecen con los ho-
nores y con las riquezas , creo que de
todos los animales el mas nació es el
hombre.
Un dia vió á un muchacho que bebía
agua en el hueco de la mano. Diogenes
se avergonzó al verle : « ¡Y que! dijo,
¡ los niños saben mejor que yo pasar sin
cosas superfinas ! » En seguida hizo pe-
dazos la escudilla como un mueble inútil.
Daba muchos elogios á los que , es-
tando dispuestos á casarse , se habían
arrepentido y mudado de idea , como
también , al que se quedaba en tierra ,
después de haber hecho todas las dispo-
siciones para embarcarse. No apreciaba
menos á los que elegidos para gobernar
DÍGGENES. 207
á los pueblos , no habían querido admitir
el encargo , como también á los que , dis-
puestos á sentarse á la mesa con reyes y
personages , se habian vuelto á sus casas.
No estudiaba mas que la Moral , y des-
preciaba todas las otras ciencias. Tenia un
ingenio muy vivo , y previa las objeciones
que le iban á hacer cuando disputaba.
Su opinión sobre el casamiento hubiera
parecido repugnante aun en la boca de
un salvage. No solo despreciaba el con-
trato religioso y civil, sino que reconocía
la legitimidad de toda unión fortuita 9
sin distinción , y sin estabilidad. No creia
que fuese injusto tomar lo que se nece-
sitaba , sin reparar en mas que en satis-
facer esta necesidad. Decía que nada de-
bia causar pesadumbre al hombre , y que
era mucho mejor consolarse que ahor-
carse.
Un dia .se puso á hablar en piíbllco
sobre un asunto de la mayor importancia.
Nadie se paraba á escucharle ; la gente iba
y venia sin hacer caso de él. Dejó de
hablar y se puso á cantar ; inmediata-
mente se reunió mucha gente á oirle.
Cuando estaba en lo mejor del canto ?
ao8 DIO GEN ES.
cesó de repente y reprendió severamente
al auditorio, por su frivolidad.
Extrañaba mucho que los Atenienses to-
masen tanto interes en los trabajos de Uli-
ses , referidos en la Odisea , y se curasen
tan poco de sus propias desventuras ; que
los miisicos se afanasen tanto por tem-
plar los instrumentos y no tratasen de
arreglar sus pasiones ; que los matemá-
ticos gastasen tanto tiempo en contemplar
la luna y las estrellas , cuando no tenían
la menor idea de la tierra que pisaban ,
y que los oradores pusiesen todo su em-
peño en obrar bien , y continuasen obran-
do mal.
Ridiculizaba á ciertos hombres que iban
en los templos á rogar á Júpiter les con-
servase la salud , y al salir de allí , se
entregaban á los excesos mas perjudiciales.
Platón dió un convite magnífico, du-
rante el cual solo comió aceitunas. Dio-
genes le preguntó porque no comía los
manjares que le habían enviado de Sicilia.
Platón respondió que cuando estaba en
Sicilia solo comía alcaparras , aceitunas
y cosas semejantes. « ¡ Y para eso , dijo
Diogenes , era menester ir á Sicilia ?
DIO GENES. *og
^ No habla aceitunas y alcaparras en
Atenas ? »
Un sofista quiso mostrar la sutileza de
su ingenio á Diogenes por medio de este
raciocinio : « Tú no eres lo que yo soy,
es asi que yo soy liombre , luego tu no
eres hombre. » Diogenes respondió : « I a
argumento seria mas solido si hubieras
dicho : Un sofista no es lo que es Dio-"
genes : es asi que Diogenes es hombre j
luego un sofista no es hombre. »
Le preguntaron en que pueblo de Gre-
cia había mas hombres. Respondió : « En
Esparta hay niños ; hombres en ninguna
parte. »
Paseábase por las calles con una lin-
terna encendida , en medio del día. Pre-
guntáronle que buscaba , y respondió :
«Un hombre. »
Demostenes estaba comiendo un dia en
una taberna. Yió pasar á Diogenes , y
procuró ocultarse para que no le viera.
Diogenes le dijo : « ¡Mientras mas te ocul-
tas en la taberna , mas te metes en ella. »
Un hombre que habia cometido muchos
delitos , le echaba un dia en cara su po-
breza. « No he visto ahorcar á ningún
¡¡ie> DIOGENES.
pobre, solo por ser pobre , respondió:
pero be visto ahorcar muchos malvados. *
Decía que las cosas mas útiles eran las
que menos apreciaban los hombres, puesto
que daban mil escudos por una estatua
y veinte sueldos por una medida de harina.
Entrando en un baño observó que el
agua estaba muy sucia : « ¿ Cuando uno
se baña aquí , preguntó , donde va á
lavarse después ? »
Diogenes fue cogido por los Macéelo-
nios cerca de Queronea, y presentado á
Filipo, que le preguntó quien era: «So y,
le respondió , el espía de tu insaciable
codicia. » El rey celebró mucho está res-
puesta , y le dejó ir libre.
Decía que los sabios no podían carecer
de nada , por que los Dioses son dueños
de todas las cosas del mundo ; ios sabios
son amigos de los Dioses , y entre amigos
todo es común. Por eso , cuando nece-
sitaba de algo , se dirigía á un amigo ,
y le decía : « Restituyeme tal cosa. »
Alejandro pasando por Corinto quiso
ver á Diogenes y le halló sentado al sol
y componiendo su tonel. « Yo soy el gran
rey Alejandro , le dijo : Y yo, le respondió
21 1
DIOGENES.
el filósofo , soy un perro llamarlo Dio-
genes. ¡ No tienes miedo de mí? preguntó
el Rey. ¿ Eres bueno , ó malo ? preguntó
Diogenes. Soy bueno , respondió el rey.
De lo bueno , continuó el filósofo , na-
die tiene miedo. » Alejandro después de
haber admirado el ingenio de Diogenes ,
en la conversación que tuvo con él , le
dijo , que puesto que carecia de tantas
cosas, le pidiera lo que necesitaba. Dio-
genes le respondió : « Apártate un poco
pues estas estorbando que me dé el sol. »
Alejandro se admiraba de ver un hombre
tan superior á las necesidades de la huma-
nidad. « Quien es mas rico , le preguntó
Diogenes, el que tiene todo lo que nece-
sita , ó aquel á quieta no basta un gran
reino , y se. expone cada día á nuevos
peligros? » Los Cortesanos de Alejandro,
se indignaron de que este fuese tan afable
con un hombre que ni aun se alzaba en
su presencia. « Si no fuera Alejandro ,
les dijo el rey , quisiera ser Diogenes. »
Pasando por Egina , fué cogido por
unos piratas y llevado á Creta , en cuyo
mercado fué puesto para ser vendido como
esclavo. No por esto se manifestó apesa-
DIO GENES.
c! timbrado , ni pensativo. Viendo pasar
á Un hombre muy grueso , y muy bien
vestido llamado Geniades ■, dijo que aquel
hombre tenia necesidad de un amo , y
que era quien debía comprarle. Cuando
Geniades se acercó, Diogenes le dijo :
« Ven , muchacho , ven á comprar un
hombre. » Preguntáronle que sabia hacer ,
y respondió : « Sé mandar : el que quiera
un amo, que me compre.» Cuando Ge-
niades le compró Diogenes le dijo : « Dis-
ponte á obedecerme. »
Geniades le confió la educación de sus
hijos , y Diogenes los educó con el mayor
esmero. Compuso para ellos un compen-
dio de sus doctrinas filosóficas , y les hizo
aprender de memoria los pasages mas
notables de los poetas. Los acostumbraba
a la lucha , á la caza , á montar á ca-
ballo, a tirar el arco y la honda, á vivir
de alimentos sencillos , y á no beber mas
que agua. Los discípulos le cobraron mu-
cho cariño.
Cuando Diogenes reflexionaba sobre los
males de la vida , decia riéndose , que
todas las imprecaciones que se oían en
las tragedias habían caído sobre él , puesto
DIOGENES. * ai3
que no tenia casa , patria , ni hacienda ,
pero que oponía la firmeza a la fortuna ,
la naturaleza á la costumbre , la razón
á las penas del alma.
Un hombre le consultó sobre las hora®
á que debía comer : « Si eres rico , le
respondió , come cuando quieras ; si eres
pobre cuando puedas. »
Los Atenienses le dijeron que debía ini-
ciarse en sus misterios para ocupar un
lugar preferente en el otro mundo : « Se-
ria una cosa muy ridicula , les dijo Dio-
genes , que Agesilao y Epaminondas es-
tuviesen en el fango , y que los iniciados
de Atenas habitasen regiones celestes. »
Un eunuco había grabado sobre la
puerta de su casa : « Por aquí no entra
•nada malo. » Diogenes preguntó : « ¿Por
donde entra el amo ? »
Unos filósofos quisieron probarle que
no hay movimiento. Diogenes se levantó
y se puso á dar paseos. Creia que no
podia responder de un modo mas con-
vincente.
Al salir del baño , le preguntaron si
bahía muchos hombres bañándose. « No ,
respondió , lo que hay es mucha gente. *
ax4 * DÍOGENES.
Un día en que había llovido mucho ,
Diogenes estaba tan mojado que los que
estaban presentes le compadecían. Platón
dijo que seria mas digno de compasión si
nadie le viera.
Le preguntó un hombre : « ¡ Que quieres
con tal de que me dejes darte un bofetón?
Un casco , respondió el filósofo. »
Lisias el boticario le preguntó si creía
que había Dioses : M ¿ Como no lo he
de creer , respondió , cuando sé que no
tienen mayor enemigo que tú ? »
Viendo á un hombre que se bañaba
para purificarse , le dijo : « El agua no
impedirá que hagas faltas de gramática ,
ni que cometas crímenes. »
Sabia que muchos aprobaban sus prin-
cipios , pero que ninguno los seguía. Con
cuyo motivo decia : « Soy un perro muy
apreciado , mas nadie quiere ir á cazar
conmigo. »
Hablando de los sueños decia : « Es
muy estrado que los hombres hagan tanto
caso de las quimeras que forma en el
sueño la fantasía , y tan poco de lo que
les dice la razón cuando están dispiertos. »
Los Atenienses apreciaban mucho á
DIOGENES. ai5
Diogenes ; hicióron azotar públicamente
á un joven que le había roto el tonel ,
y le dieron otro nuevo.
Perdicas le mandó decir que le malaria
si no iba á verle. « Lo mismo, respon-
dió , puede hacer un insecto venenoso.
Diogenes no necesita de tí , ni de tus
riquezas para ser feliz. »
Viendo á los jueces que llevaban un
hombre al suplicio por haber robado una
botella en el tesoro público , exclamó :
« Grandes ladrones condenan á un ladrón
pequeño. »
Decía que un ignorante rico, era un
carnero cubierto de una piel de oro.
Cuando su pobreza le obligaba á pedir
limosna decía al primero que encontraba
« Si has dado algo , sigue dando ; si no ,
empieza por mí. »
Decía que Dionisio trataba á sus amigos
como si fuesen botellas , que se aprecian
cuando están llenas , y se rompen cuando
están vacías.
Vio á un pródigo en una taberna co-
miendo aceitunas , y le dijo : « Si siempre
hubieras comido aceitunas, no las come-
rlas ahora. »
316 DIOGENES.
Le preguntaron cual era el animal mas
venenoso , y respondió : « Entre los fe-
roces , el maldiciente : entre los domés-
ticos , el adulador. »
Viendo á una muger ahorcada en las
ramas de un olivo , dijo que no sabia
que aquel árbol diese aquel fruto.
Le preguntaron cual era la edad me-
jor para casarse , y respondió : « En la
juventud es demasiado temprano : en la
vejez es demasiado tarde. »
Le aconsejaron que buscase á su esclavo
Manes que se le habia escapado , y dijo :
« Seria bueno que Manes pudiese vivir
sin Diogenes , y que Diogenes no pu-
diese vivir sin Manes. »
Un tirano le preguntó cual era el mejor
bronce para hacer estatuas : « El que ha
servido , respondió , para las estatuas de
Harmodio y Aristogiton (i)„
Platón estaba explicando su doctrina
sobre las formas. Diogenes, que la com-
batía , le dijo : <s Yo veo la forma de
un vaso , pero no sé lo que es forma de
vaso. Lo creo , respondió Platón, por que
(i) Grandes enemigos de la tiranía.
DIOGENES. 217
para ver se necesita solo tener ojos , y
para saber es necesario algo mas. »
Viendo á nn joven que se ponía colo-
rado , le dijo « Ánimo , hijo mió , ese
es el color de la virtud. »
Dos abogados le nombraron árbitro en.
un pleito que tenían. Diogenes los con-
denó á entrambos ; al uno por que había
robado al otro ; y á este porque nada
había perdido , puesto que antes habla
robado á su compañero.
Le preguntáron porque se daba limosna
á los cojos, y á los tuertos, y no á los
filósofos : « Por que los hombres , res-
pondió , pueden perder un ojo , ó un
pie , pero ninguno piensa en aprender la
filosofía. »
Le preguntáron que quien cuidarla de
enterrarle cuando muriese , puesto que
no tenia criado , ni criada. # Me enter-
rará , respondió , el que necesite de mi
casa. »
Un hombre de mala reputación le eché
en cara que había sido monedero falso :
« Es cierto, respondió , que he sido ló
que tú eres , pero jamas serás tú lo que
yo soy.
K
2x8 DI O GENES.
Cuando le preguntaban cual era su
patria , respondia que era ciudadano del
mundo , dando á entender , que el sabio
no se apega á ningún pais.
Decía que la muerte no era un mal ,
puesto que no se siente , ni aun cuando
nos ataca; que las cortesanas eran vasos
ele vino envenenado ; que los que hablan
de la virtud sin practicarla , son como
los instrumentos , que no sienten nada ,
y despiden sones agradables ; que todos
los hombres eran esclavos; los esclavos
verdaderos , de sus amos , y estos de sus
pasiones; que la lengua maldiciente de
un joven , es como una hoja de plomo ,
en una vaina de marfil ; y que el filósofo
debe ir á beber vino a la taberna, como
va á la barbería á afeitarse.
Yendo de Lacedemonia á Atenas , le
preguntáron donde iba : « Vengo, dijo,
de ver hombres , y voy á ver mugeres. »
Un atleta que había sido vencido en
todos los juegos , se hizo médico. Dio-
genes le dijo que ya tenia un excelente
medio de vengarse de los que le habían,
dado de golpes.
Paseándose un dia en un sitio público ,
DIOGENES. 219
vio al hijo de una cortesana que estaba
tirando piedras á la muchedumbre : «Ten-
te, le dijo ; mira que puedes apedrear á
tu padre. »
Dionisio el tirano , después de haber
sido arrojado de Siracusa , se puso ¿
maestro de escuela , en Corinto. Diogenes
le fue á ver , y observo' que en su escuela
reinaba el mayor desórden. Dionisio, que
creyó que el filósofo venia consolarle en
su desgracia , empezó á hablarle de las
mudanzas déla Fortuna. «Lo extraño es,
respondió Diogenes , que aun conserves
la vida , tú que á tantos has privado de
ella , y ya veo que después de haber sido
mal rey , eres mal maestro de escuela. »
Viendo á un hombre que hacia sacri-
ficios á los Dioses , para que estos le
diesen un hijo , le preguntó : « ¿ Porque
no les pides un hombre de bien ? »
Murió Diogenes á la edad de go años ,
según unos de una indigestión , según
otros voluntariamente , y sujetando la
respiración. Sus amigos se disputa'ron so-
bre quien le babia de enterrar , y se
eeendiéron tanto en esta contestación ,
que fué necesario que los magistrados
Í120
GRATES,
de Corinto los apaciguasen. Se le hi-
cieron magníficas exequias , y junto á
su sepulcro , se le erigid una columna ,
sohre la cual se colocó un perro de már-
mol de Paros. El mismo dia de su muerte
fue' el de la de Alejandro el Grande.
uwv u uwvw mm\ \ wvw* vv\ vvvwv
GRATES,
Contemporáneo de Polemon ; vivía en la
Olimpiada n3.
Cbates , el Cínico , fuó uno de los pri-
meros discípulos de Diogenes. Era hijo
del tebano Ascondo , y de una familia
distinguida , y rica.
Hallándose en la representación de una
tragedia , en que se daban algunos pa-
sages de la vida de Telefo , vió que este
abandonó todas sus riquezas por abrazar
la filosofía Cínica. Esto le hizo mucha
impresión , y determinó seguir el mismo
«jemplo. Vendió su patrimonio que le
produjo mas de 200 talentos , que de-
positó en casa de un banquero , con orden
de que los restituyese á sus hijos , en caso
221
GRATES,
de que tuviesen pocos alcances , pero que
si tenian bastante elevación de alma para
ser filósofos , distribuyese aquella suma
entre los ciudadanos de Tebas, pues un
filósofo no necesita de nada. Instruidos
de esta disposición sus parientes fueron
á verle y á persuadirle que mudase de
plan , mas él los arrojó de la casa con
un palo en la mano.
Crates usaba en verano un manto de
paño muy grueso , y en verano , se vestia
con ropas ligeras, para acostumbrarse á
una vida áspera , y á los rigores de las
estaciones. Entraba sin ceremonias en las
casas en que era desconocido , y repren-
día severamente á los amos , los desór-
denes de su conducta. Perseguía á los
malos , y les decía mil injurias. Su mé-
todo de vida , era , como el de todos los
Cínicos , duro , y lleno de privaciones.
El orador Metrocles padecía una in-
comodidad flatolenta , cuyos efectos no
suelen ser muy agradables á los espec-
tadores ; por lo que se liabia separado
de la sociedad , y no salia de su casa.
Grates después de haberse llenado el
cuerpo de judías, fué á verle y empezó
2 . 2 . 2 .
CUATES.
á reconvenirle por su pequenez de espí-
ritu , y sn condescendencia con las preo-
cupaciones de la muchedumbre. Entre-
tanto las judías hicieron su efecto acos-
tumbrado , y Grates confirmó con el
ejemplo, lo que habia explicado con pa-
labras. Metrocles se convenció ; quemó
los libros de Teofrasto , que habia sido
su maestro , y solo trató de seguir en un
todo la doctrina , y el modo de vivir de
los Cínicos. Con el tiempo llegó á sobre-
salir en esta escuela y tuvo muchos dis-
cípulos , pero habiendo envejecido , y
hallándose muy enfermo , se disgustó de
la vida , y se ahorcó.
Crates era muy feo , y para parecería
mas , usaba una especie de capucha de
pieles de carnero , de modo que á cierta
distancia no se podía distinguir que es-
pecie de animal era. Tenia mucha des-
treza en toda clase de ejercicios , y cuando
se presentaba en el circo para luchar ,
todos los concurrentes se echaban á reir
al verle. Mas el decía que los que iban
á luchar con él no tardarían en llorar.
Decia que era imposible encontrar un
hombre que no hubiese cometido alguna
GRATES. 223
falta en su vida ; pero que una granada
podia tener algún grano podrido , sin
dejar de ser un buen fruto.
Grates quería quo sus discípulos tu-
viesen una completa abnegación de los
bienes de este mundo. Los exortaba á
buir de los placeres , deciéndoles que no
liabia cosa mas preciosa que la libei tad ?
y que no puede ser libre el que esta so-
metido á los deleites.
« El amor , decía , se cura con ci
fiambre; si na , la edad lo estingue , y
si no es preciso tomar una cuerda y
ahorcarse. »
Cuando hablaba de la corrupción de
las costumbres , declamaba contra los
hombres de su tiempo que prodigaban
el dinero para satisfacer sus caprichos „
y pasiones , y sentían una pequeña suma
en empresas titiles y honestas.
Decía que en su tiempo se daban cinco
minas á un cocinero , y una dracma á
un médico ; cinco talentos á un adulador ,
y humo al que da buenos consejos ; un
talento á una cortesana , y un óbolo á
un fdósofo.
Demetrio de Faleria le envió un jarro
224 * CUATES,
de vino , y unos panes. Grates le devol-
vió el vino , manifestándose ofendido de
este regalo , pero guardó los panes di-
ciendo : « ¡ Ojalá hubiese fuentes de pan ! »
Las costumbres libres de Cuates gus-
taron tanto á Hiparquia , hermana de
Metrocles , que á pesar de que muchos
hombres de mérito solicitaban su mano ,
no quiso tener otro marido que aquel
filósofo. En vano le hicieron ver la ex-
travagancia de semejante proyecto. A las
reconvenciones que le hacían los que se
interesaban en su suerte , no daba otra
respuesta si no que en caso de no lograr
lo que deseaba , se quitaría la vida. Sus
parientes hicieron los mayores esfuerzos
para disuadirla , pero en vano. Por fin
recurrieron á Cuates , y le suplicaron
que tratase el mismo de convencer á Hi-
parquia. Grates condescendió con estos
deseos , y estuvo largo tiempo conver-
sando con ella , sobre tan disparatada
unión , mas viendo que predicaba en
desierto , se desnudó en presencia de la
joven , y puso á descubierto una enorme
joroba , y las demas irregularidades de
su persona. « Mira me bien , y mira
GRATES. 22,5
todo lo que poseo, » dijo, arrojando al
suelo el saco , el manto , y el báculo ,
único equipage de un buen Guaico. « Si
te casas conmigo, añadió , no poseerás
mas bienes que los que estás viendo. »
Hiparquia no vaciló un momento , y pre-
firió la mano de Grates á todas las ri-
quezas que podía esperar. Se casó con él ,
no le abandonó jamas , y le acompañaba
en todas las reuniones públicas.
Hallándose los dos esposos un dia en
un banquete, hizo el argumento siguiente
al sofista Teodoro , célebre por su im-
piedad. « Todo lo que Teodoro hace está
bien hecho, y fundado en razón. Luego
todo lo que Hiparquia haga como Teo-
doro estará bien hecho y fundado en
razón. Teodoro puede darse un bofetón
á sí mismo. Luego Hiparquia puede dar
un bofetón á Teodoro. >> Y en efecto le
aplicó los cinco dedos á la mejilla. Teo-
doro no 'supo que responder , sino con
críticas amargas , acerca de que Hipar-
quia había abandonado los trabajos , y
ocupaciones de su sexo. « ¿ Crees tú , le
preguntó ella , que la rueca , y- el telar
valen mas que la Filosofía ? »
K.
isG CHA T E S.
De esta digna unión nació Pacicles ,
que fué educado por sus padres en los
principios del mas puro Cinismo.
Alejandro preguntó á Grates si le ser-
viría de satisfacción ver reedificada su
patria : « No , respondió Grates , porque
no faltará otro Alejandro que la destruya.»
Decía que su patria era la pobreza ,
y su tesoro el desprecio de la gloria ;
que las riquezas de los magnates son como
los árboles] que nacen en las rocas inac-
cesibles , y cuyos frutos solo alimentaban
á pajarracos inútiles ; que un poderoso
en medio de sus aduladoras , era copio
un ternero rodeado de lobos.
Cuando le preguntaban hasta que tiempo
convendría estudiar la filosofía, respon-
día : « Hasta que todo el mundo esté
convencido de que los que mandan ejér-
citos no son mas que pastores de una
manada de asnos. »
Grates , como todos los Cínicos , des-
preciaba las ciencias , y solo se aplicaba
á la Moral. Vivió muchos años, y en los
últimos estaba muy encorvado , y como
oprimido del peso de la vejez. El tiempo
de su mayor celebridad fué liáeia la
PIRRO N. 227
Olimpiada n3. Entonces eclipsó á todos
los otros filósofos de su escuela. T olías
fue el teatro de sus glorias. Fue maestro
de Cenon , fundador de una famosa es-
cuela de Cínicos.
M\\m'vvw«\vut\v\wvm«www wv ' v ' mwU11
PÍRRON,
Vivía poco antes de Epicuro , en la Olimpiada 120.
]P irrotí fundó la secta llamada Pirrónica ,
ó Scéptica. Era hijo de Plistarco , y na-
tural de Elea , ciudad del Peloponeso. Se
aplicó desde luego a la Pintura; después
estudió con Drison ? y en seguida con
Anaxarco , á quien cobró tanta afición ,
y de cuya doatrina se prendó en tales
términos , que le siguió hasta la India.
Pirron , durante este largo viage , con-
versó con los Magos , con los Gimnoso-
listas ? y con los demas sabios de Oriente.
Después de haber estudiado tocias sus
teorias, vió que ninguna de ellas le sa-
tisfacía ; que las doctrinas científicas «o
eran mas que palabras sin sentido , y
concibió la i4§a de que la yer-uad estaña
228 P IR RON.
oculta en un abismo insondable , y que
la Filosofía debía reducirse á dudar de
todo , y no afirmar ni creer nada.
Decía que los hombres fundaban su
conducta en ciertas opiniones recibidas
sin examen ; que todo se hacia por há-
bito , y que juzgar del mérito de las ac-
ciones por las leyes , y por las costum-
bres , era girar en un círculo vicioso ,
puesto que era imposible saber , siestas
leyes y costumbres se fundaban en razón ,
y si eran intrínsecamente buenas ó malas.
A los principios Pirron vivió pobre , y
desconocido , pintando cuadros , de los
cuales algunos excelentes se conservaron
largo tiempo en Elea. No trataba á nadie ,
ni asistía á las reuniones públicas. Via-
jaba mucho , y á nadie confiaba donde
iba. Sufría todos los males , y contra-
tiempos , sin darse el trabajo de evitarlos,
ni de remediarlos cuando podía. Tenia
tan poca confianza en las impresiones de
los sentidos , que andaba siempre en línea
recta , sin que le detuviesen los obstá-
culos que bailaba en el camino , y mu-
chas veces le hubieran atropellado los
carros, si no fuera por sus amigos , que
P IR RON. 229
le seguían por todas partes , y cuidaban
de evitar las desgracias que podía acar-
rearle su sistema de Filosofía. Era de un
humor igual , y se vestía siempre del
mismo modo. Cuando estaba en conver-
sación con alguno , y este se retiraba ,
y le dejaba solo, no por esto interrum-
pía su discurso , sino que continuaba
hablando , hasta concluir todo lo que
tenia que decir. Trataba á todo el mundo
con la misma indiferencia.
La reputación de Pirron se esparció
muy en breve en toda Grecia. Muchos
Griegos abrazaron sus opiniones , y los
ciudadanos de Elea , en prueba de la ve-
neración con que le miraban , le crearon
soberano Pontífice de su religión. Los
Atenienses le hicieron ciudadano de Ate-
nas. Epicuro gustaba mucho de su con-
versación , y admiraba la aplicación prác-
tica que hacia de sus principios filosóficos.
Todos le miraban como un hombre que
con los esfuerzos de su genio , había
logrado preservarse de las miserias de
la vida. Timón asegura que los Griegos
llegaron á respetarle como á una divi-
nidad. Pasaba una vida sumamente tran-
/yb*’
if O
23 o P 1 11 RON.
quila en compañía de su hermana Fílista ,
que se había dado al cultivo de las cien-
cias. El mismo iba al mercado á vender
las aves , y los marranos de leche de su
corral.
Un día se le arrojó un perro para mor-
derle , Pirron le rechazó. No faltó quien
le dijera que aquella acción era contraria á
sus principios: « Es cierto, respondió,
pero ¡ cuan difícil es desarraigar las preo-
cupaciones antiguas ! »
Navegando en otra ocasión , á bordo
de un buque pequeño , se levantó una
borrasca tan terrible, que todos los pa-
sageros y los marineros se llenaron de
consternación. Pirron permaneció tran-
quilo é inalterable. Viendo un marrano
que comia al mismo tiempo con gran ape-
tito , dijo á la tripulación , que aquel ani-
mal les daba un ejemplo digno de imi-
tación.
Habiéndole sobrevenido una ulcera , fue
necesario hacerle una operación sangrienta
y dolorosa , durante la cual se mantuvo
muy sereno , sin dar la menor señal de
dolor.
La base de su doctrina era que el
P3HR0N. ¡>3t
hombre no debe afirmar , ni negar nada ,
porque carece de los medios de distinguir
lo cierto de lo falso. Sus discípulos es-
taban de acuerdo con el en esta máxima ,
pero los unos buscaban la verdad , con
esperanza de hallarla ; los otros decían
que jamas la encontrarían. Unos creian
poder afirmar una sola cosa , á saber :
que sabían ciertamente que no sabian
nada ; otros afirmaban que ni aun esto
podia afirmarse. Estas opiniones liabian
tenido algunos sectarios antes de los tiem-
pos de Pirron , mas este fué el primer fi-
lósofo que las profesó abiertamente.
La razón principal en que se fundaba ,
era , que el conocimiento que tenemos
de las cosas externas , no es mas que el
de sus relaciones recíprocas ; pero que
no siendo uniformes estas relaciones ,
sino variadas hasta lo infinito , es impo-
sible llegar á conocer su naturaleza. Las
hojas del sauce, por ejemplo, son agra-
dables á la cabra , y agrias al paladar
del hombre. La cicuta envenena al hom-
bre , y hace engordar á la codorniz. De-
niofonte , mayordomo de Alejandro , te-
nia frió al sol, y calor á la sombra, y
P IR RON.
Ándron de Argos atravesaba los arenales
de la Libia sin tener sed.
Lo que es justo en un pais es injusto
en otro ; lo que es virtud en una nación
es vicio en la nación inmediata. En Persia
los padres se casan con sus bijas , y en
Grecia esta unión es abominable. Los
Masagetas no reconocen la unión exclu-
siva en el matrimonio , y esta opinión
seria un sacrilegio en cualquier otro pais.
El robo es una acción loable en Cilicia ,
y un crimen en Grecia. Áristipo define
de un modo el placer ; Antistenes de otro ;
Epicuro no está de acuerdo con ninguno
de los dos. Hay quien cree en la Provi-
dencia , hay quien la niega. Los Egipcios
cntierran los muertos ; los Indios los que-
man ; los Peonios los echan en los estan-
ques. Aquí gobierna el régimen popular ;
allí la autoridad absoluta. Lo que parece
de un color á los rayos del sol , parece
de otro á la claridad de la luna , y de
otro á la luz de una lámpara. El vino ,
tomado con moderación , da vigor al cuer-
po ; tomado con exceso lo debilita. Lo que
está al Oriente de Italia , está al Occi-
dente de Grecia ; lo que está al medio
PIRRO N. a ?>3
dia de Egipto está al Norte de la India. De
todo esto, y de los innumerables ejem-
plos que podrían añadirse , inferia Pirren
que todo es relativo , que nada es abso-
luto ; que todo es mudable como las re-
laciones , y nada fijo , como suponemos
que debe serlo la esencia.
Pirron no admitía la evidencia de las
demonstraciones , porque decía que una
demonstracion debe fundarse en un prin-
cipio invariable , y no hay ninguno que
lo sea. Servíase frecuentemente de los
versos de Homero , en que el poeta com-
para los hombres á las hojas de un árbol,
que se suceden unas á otras , ocupando
las nuevas , el sitio que dejan las que
caen. Sus contemporáneos le tuviéron en
grande aprecio , y murió á la edad de
mas de 90 años.
BION.
2S4
bion,
Discípulo cíe Teofrasto , que sucedió á Aristó-
teles en el Peripateticismo , hácia la Olim-
piada 114.
Bion estudió muclio tiempo en la Aca-
demia. Pero no tardó en disgustarse de
esta escuela , de cuyos estatutos se Inic-
iaba, y de cuyo gremio salió por fin.
Abrazó el Cinismo , y adoptó el saco , el
manto , y el báculo , que eran los dis-
tintivos de esta secta , pero como esta
comprendía algunos puntos que no le
acomodaban , introdujo en ella algunas
alteraciones , sacadas de los preceptos de
Teodoro , discípulo y sucesor de Aristipo
en la escuela de los Cirenáicos. Por 11I-
timo , se aplicó á la doctrina de Teo-
frasto , gefe de los Peripatéticos , por
muerte de Aristóteles.
Bion tenia gran sutileza de ingenio ,
y era muy buen lógico. Sobresalía en la
Poesía y en la Música , y tenia particular
habilidad en la Geometría. Gustaba de
comer bien , y vivía como un libertino.
JS ION. ¿3,3
No hacia larga residencia en ningún pue-
blo , sino que andaba viajando de uno
en otro , sin mas objeto que hallarse en
todos los banquetes y convites. En estas
ocasiones se esmeraba en decir chistes y
agudezas , para hacer reír á los concia -
rentes ; de modo que en todas partes era
bien recibido y obsequiado.
Habiendo tenido noticia de que algunos
enemigos suyos habían ido á referir su
nacimiento ilegítimo al rey Antigono ,
hizo como si nada supiera , y se pre
sentó delante de este monarca , que le
envió á llamar para echarle en cara ,
como una ignominia, su origen bastardo.
El rey , creyendo causarle un gran em-
barazo , le preguntó su nombre , y ha
profesión de sus padres : « Mi padre,
respondió Bion sin turbarse , era un li-
berto , que vendía tocino y manteca sa-
luda. No era posible saber si en su ju-
ventud habia sido feo , ó bonito , tan
desfigurado tenia el rostro , de los golpes
■ que le habían dado sus amos cuando era
esclavo. Conoció á mi madre en un sitio
público , donde se encontraron por acaso ,
y allí 3 sin mas cumplimientos , celebraron
¿36 BION.
su matrimonio ; pero después no sé qué
crimen cometió' el bueno de mi padre ,
lo cierto es que el , y su muger , y sus
bijos fueron vendidos en el mercado de
los esclavos. Yo cuando mucbacho , era
bastante bonito ; compróme un orador ,
y me dejó todos sus bienes , pero yo hice
mil pedazos el testamento , y me retiré
á Atenas , donde me dediqué ála Filosofía.
Ya sabes , tanto como yo, de mi padre ,
y de mi historia. Dile á tus aduladores
que no te vengan á calentar la cabeza con
cuentos acerca de mi genealogía. »
Preguntáronle cual era el mas desgra-
ciado de todos los hombres , y respondió :
« El que con mas anhelo desea ser feliz. »
Decía que la vejez era el asilo de to-
dos los males , y que el hombre no debe
contar su vida por los años que ha vi-
vido , sino por la gloria que ha sabido
ganar.
Un dia encontró á un pródigo que ha-
bia malgastado su hacienda. « Cuentan ,
le dijo , que la tierra se tragó á Amfiarao ,
pero tu te has tragado la tierra. »
Un charlatán importuno le dijo que
tenia ánimo de pedirle un favor. « Haré
BION. 2 37
eon gusto, le dijo , lo que necesites, con
tal de que me lo envies á decir , y no me
lo digas tú mismo. »
Navegando en compañía de una gavdla
de malhechores , el buque fue cogido
por unos corsarios. Sus compañeros se
decían entre sí : « Somos perdidos , si
nos conocen. Y yo , dijo Bion, soy per-
dido si no me conocen. »
Viendo muy triste á un hombre que
tenia la reputación de ser muy envidioso.
« r ; Cual de tus amigos, le preguntó, ha
recibido alguna buena noticia ? »
He aquí algunos de los mas célebres
apotegmas de este famoso decidor : « Uno
de los mayores males es no poder sufrir
el mal. Vale mas dar de su propio bien,
que codiciar el ageno , porque con pocos
bienes puede un hombre ser feliz, mas
no puede serlo con muchos deseos. La
temeridad es para los jóvenes , y la pru-
dencia para los viejos. No merece el
nombre de filósofo, sino el que recibe
las injurias con tanta serenidad como los
cumplimientos. La prudencia es con res-
pecto á las otras virtudes , lo que la vista
con respecto & los otros sentidos. La im-
s38 BÍON.
piedad es una compañía incómoda para
la conciencia , porque es imposible que
el hombre hable con serenidad cuando la
conciencia le acusa , y cuando sabe que
ha merecido la cólera de los Dioses. El
camino de los infiernos es muy llano ,
puesto que se puede andar por el con
los ojos bendados. Los que se entretienen
en cuestiones inútiles , que solo pueden
satisfacer una vana curiosidad , y no
pueden elevarse hasta la filosofía , son
como los amantes de Penelope , que ha-
dan la corte á las criadas , cuando no
podían hacérsela al ama. »
Hallándose en Rodas , donde habia
muchos Atenienses que se aplicaban á la
declamación , mientras el enseñaba la Fi-
losofía , le preguntaron porque no seguia
el ejemplo de aquellos Griegos : « Porque
yo , respondió , comercio en trigo, y no
puedo vender cebada. »
Cuando oia hablar de las Dañables ,
condenadas á sacar agua en canastas agu-
jereadas , decía que seria mas cruel su su-
plicio si las canastas no tuvieran agujeros.
Después de haber vivido sepultado en
vicios y en desórdenes , cayó enfermo en
BION. *3g
Caléis, y estuvo padeciendo mucho tiempo.
Era tan pobre que no tenia con que pa-
gar á los que le asistían. El rey Antigono
le regaló dos esclavos , y una silla de
manos , para que pudiese de este modo
acompañarle en todos sus viages.
Cuentan que durante esta enfermedad ,
se arrepintió de haber- menospreciado á
los Dioses , y que se hizo tan supersti-
cioso , que consultaba á las hechiceras ,
y colgaba ramas de laurel á las puertas
de su habitación , para preservarse de
maleficios. Apesar de estas precauciones ,
el pobre Bion murió víctima de los acha-
ques que los desórdenes de su vida 1®
hablan acarreado.
E PIC URO.
a4°
mu\M w>n\\ mww\ wv
EPICURO,
Nació el año 3 de la Olimpiada 109 $ murió
el 2 de la 127.
Epicuro , de la familia de los Filaidas ,
nació en Atenas el año 3 de la Olimpiada
iog. Á la edad de catorce años empezó
á aplicarse á la Filosofía , y estudió algún
tiempo en Sanaos , en la escuela de Para-
dlo , que enseñaba las doctrinas de Platón.
Mas no gustando de aquellas opiniones ,
abandonó aquel maestro , y tomó sucesi-
vamente otros varios. Dicen que enseñó
la Gramática , mas que no tardó en fas-
tidiarse de esta ocupación. Lo cierto es
que cobró mucha afición á las obras de
Democrito , de las que se sirvió después
para crear su escuela.
A la edad de treinta y dos años enseñó
la Filosofía en Metelino y en Lampsaco ,
de donde pasó á Atenas , donde fundó
una nueva secta. Tenia un hermoso jar-
din , y lo cultivaba con sus manos. Allí
daba las lecciones á sus discípulos. Con
EPÍCURO. ‘ a4í
ellos pasaba una vida tranquila y agra-
dable , y paseándose y traba] ando á su
lado , les explicaba sus doctrinas , y se
las hacia aprender de memoria. De todos
los puntos de Grecia , venían á oirle y
á admirarle los aficionados á la Filosofía.
En su trato manifestaba la mayor sin-
ceridad y candor. Era suave y afable con
todo el mundo. Amaba tan entrañable-
mente á sus parientes y amigos , que se
consagraba enteramente á ellos , y les
daba cuanto tenia. Recomendaba especial-
mente á sus discípulos que tratasen con
afabilidad á los esclavos , y les enseñaba
con el ejemplo , pues era extraordinaria-
mente humano para con los suyos. Los
instruía , les daba lecciones de Filosofía ,
y procuraba suavizar su condición , por
cuantos medios estaban á su alcance.
Se alimentaba de pan., y agua, y de los
frutos , y legumbres de su huerto. Algu-
nas veces decía á sus esclavos : « Traedme
queso y leche , que boy quiero tratarme
bien. » « Tal era , dice un historiador ,
el hombre á quien la posteridad ha acusado
de afeminado y de voluptuoso. »
Cicerón exclama en sus Tusculanas .
L
¿4-2 ’ EPÍCURO.
« ¡ De cuan poco se contentaba Epicuro ! »
Sus discípulos imitaban su frugalidad y
sus demas virtudes ; muy pocos de ellos
eran los que bebían vino. No les permitía
que hiciesen los gastos en común , como
los de Pitagoras , porque decía que esta
era mas bien una señal de desconfianza
que de perfecta unión.
Decía que no habia ocupación mas no-
ble que el estudio de la Filosofía ; que
nunca era demasiado temprano para apren-
derla, y que los viejos no debían cansarse
de estudiarla , porque ella sola da la fe-
licidad , y este es el deseo de todas las
edades.
La felicidad de que hablan los filo'sofos
es una felicidad natural , esto es , que se
puede adquirir por las fuerzas naturales.
Epicuro la cifra , no en los placeres sen-
suales , sino en la tranquilidad del ánimo ,
y en la salud del cuerpo. En su opinión j>
poseer estos dos bienes al mismo tiempo ,
era el supremo bien del hombre.
He aquí algunas de sus principales doc-
trinas : « La virtud es el medio mas eficaz
de conseguir una vida feliz , poique no
hay cosa mas agradable que vivil según
EPICÜRO.
las reglas de la sabiduría ; gozar de una
conciencia tranquila; no tener que echarse
e.u cara ningún crimen ; no hacer daño
á nadie ; hacer bien á cuantos se puede ,
y no faltar a ninguna obligación. .Solo los
hombres de bien pueden ser felices; solo
la virtud puede hacer agradable la vida.
La sobriedad y la continencia son dignas
de admiración , porque con ellas se man-
tiene el espíritu en un estado de paz y de
reposo , la salud del cuerpo se conserva ,
y aun se restablece cuando otras causas
la han debilitado. Es necesario acostum-
brarse á vivir con poco , porque esto es
lo que constituye la verdadera riqueza.
Ademas de que los manjares sencillos son
tan agradables al que tiene hambre , como
los mas delicados , conservan la salud ,
la libertad del espíritu , la facilidad de
aplicarse en todo tiempo á la investiga-
ción de la verdad , y de arreglar sensa-
tamente nuestras operaciones. El que se
acostumbra á una vida frugal , goza mas
cuando asiste á un banquete , que el que
tiene un banquete cada di a , y él que
tiene bastante con poco está mas dispuesto
á soportar los reveses de la fortuna , que
"44 EPICURO.
él que no puede vivir sin placeres y sin
magnificencia.
Los excesos corrompen el alma , y des-
ordenan el cuerpo. Todo placer es ape-
tecible en sí , pero los males que los
rodean nos deben alejar de ellos. Por la
misma razón debemos sufrir un mal cuyas
consecuencias nos indemnizan del pade-
cimiento que nos ocasiona.
La indolencia física es un placer per-
petuo , y los placeres de los sentidos
nunca son tan intensos , como los que
afectan el alma. El cuerpo siente las im-
presiones del momento ; el alma goza ó
padece , de lo que ha gozado ó padecido ,
y de lo que puede gozar ó padecer. »
Hasta aquí la doctrina de Epicuro no
presentaba nada opuesto á las opiniones
recibidas. Las opiniones de este filósofo ,
de que vamos á hablar , le han sucitado ,
en todos tiempos , muchos enemigos , y
le han colocado , en el sentir de la mayor
parte de sus sucesores , en el catálogo
de los mas peligrosos sofistas.
Según Epicuro el alma es corporal , y
muere al mismo tiempo que el cuerpo ,
de cuyas impresiones depende. Esta de-
EPÍCURO. ^45
pendencia se echa de ver en todas nues-
tras operaciones. Los dolores tísicos tur-
ban la razón y extinguen la memoria.
Las impresiones que producen terror y
sobresalto , embargan el uso del pensa-
miento , y á veces lo aniquilan. Por el
mismo orden , el cuerpo depende del alma ,
y asi es que los sentimientos que nacen
de ella suelen producir palidez , desmayos
y temblores. El pudor enciende el rostro ,
el miedo debilita los miembros , la cólera
accelera el movimiento de la sangre , y
las pasiones profundas turban la digestión.
¿ Gomo puede haber tan íntima corres-
pondencia entre estas dos sustancias si no
se tocan ? ¿ Y como pueden tocarse si no
son de la misma naturaleza ?
Tangere enim ettangi.nisi corpus¡nullapotestres.
Por esto , suponía que lo que llamamos
alma , 110 es otra cosa que la parte mas
ligera , mas sutil , mas delicada de nues-
tra sustancia , esparcida por tq^lo el cuer-
po , y que forma parte de el, como los
pies y las manos. De aquí se infiere , que
cuando el cuerpo muere , el alma se di-
sipa , por consiguiente la muerte no ||
HG EPIGURO.
un mal ; porque no hay bien ni mal sin
sentimiento. Ahora bien , cuando la muerte
sobreviene el sentimiento se extingue ;
nada tenemos de común con ella ; cuando
ella es , nosotros no somos. Es cierto que
en tanto que existimos , es natural desear
existir sí nos acomoda , porque somos
felices. Pero debemos salir de la vida ,
como salimos de un convite en que hemos
comido buenos manjares.
Epicuro decía que había pocos hombres
que supiesen sacar partido de la vida ; que
el estado presente nos disgusta , porque
continuamente estamos en espectacion de
otro estado en que creemos ser mas ven-
turosos , pero la muerte viene á sorpren-
dernos antes de que semejantes esperanzas
se realicen ; que lo mas sabio es gozar
del tiempo presente sin pensar en el que
vendrá después ; que la felicidad de la
vida no se debe calcular por los años
que. nos quedan que vivir, sino por el
bien estar «del momento ; que una vida
corta y agradable es mas digna de nues-
tros deseos que una larga y penosa ; que
un convite en que hay pocos platos y
buenos , vale mas que uno en que abun-
EPICURO. 247
dan los malos ; que si la muerte nos priva
de todo goce , también nos libra de todo
deseo , y que después de la muerte nada
padecemos , porque nada deseamos.
Epicuro no creia en ios infiernos , y
decía que todo lo que se decía sobre I an-
talo , Sisifo y las Danaides , eran fábulas
inventadas , para significar los tormentos
que traen consigo las pasiones. 1 ampoco
creia en el destino , ni en la ciencia do
averiguar ■ lo futuro. La libertad , en su
opinión , consiste en una absoluta indi-
ferencia.
Epicuro habló siempre ele la Divinidad
con gran respeto , y sus sentimientos
sobre el Ser Supremo eran elevados y
grandiosos. « El implo , decía , 110 es él
que desecha los Dioses que el pueblo
adora , sino él que atribuye al Ser Su-
premo las necedades que el pueblo atri-
buye á sus ídolos. En la Divinidad no
hay nada que no sea digno de la inmor-
talidad y de la dicha suprema. »
Creia que era necesario adorar á un
Ser superior , porque es innegable que
goza de una naturaleza superior ; que el
culto no debía fundarse en el deseo de
248 E PIC URO.
la recompensa , ni en el temor del cas-
tigo; que la superstición no puede pro-
ducir mas que crímenes y desórdenes.
Describía á los Dioses, como unos seres
íelices , que habitan sitios agradables ,
en que no hay lluvia, ni viento, ni nieve,
ni tempestades , sino un aire sereno y
una luz brillante ; allí viven rodeados de
placeres y sabiendo gozar de su ventura.
' No creia en la Providencia , porque decia
que si los Dioses se mezclasen en nuestros
negocios , no podrían gozar de la beatitud
inherente á su naturaleza. De aquí inferia,
que los sacrificios y las oraciones son
inútiles ; que no liabia mérito ninguno
■en invocar los Dioses ; que el hombre no
debe acudir á ellos en sus infortunios ,
sino es mirar todos los sucesos con ánimo
tranquilo.
La idea que tenia del origen de la
superstición era original. Decía , pues ,
que el sueño representa á la fantasía ,
fantasmas , y espectros de una forma
espantosa , que amenazan al hombre con
voces terribles ; que como al mismo tiempo
hay en la naturaleza efectos admirables
cuyas causas non son enteramente des-
EPÍ CURO. 249
conocidas , estas ideas se ligan en la ima-
ginación con aquellas visiones nocturnas ,
y de sus resultas los hombres llegan á
persuadirse que aquellos seres misteriosos
tienen su residencia en los cielos y en
los astros , atribuyendo á su poder , y á
su influjo la lluvia, los truenos, los
rayos , y el gobierno de todas las cosas
visibles.
Por lo que hace á la mansión que los
Dioses habitan , Lucrecio , refiriéndose
al sistema de Epicuro , dice que aquella
mansión no tiene ninguna semejanza con
los palacios de la tierra , porque siendo
los Dioses de una naturaleza tan sutil
que ni aun con el entendimiento nos es
dado comprenderlos , es necesario que
su habitación sea proporcionada á esta
naturaleza aerea.
Todos los filósofos han convenido en
la existencia de una materia primera de
que se forman todas las cosas físicas ,
pero acerca de la naturaleza de esta ma-
teria , siempre han estado divididas las
opiniones. La de Epicuro fue que los áto-
mos son los primeros elementos de las
cosas , y da el nombre de átomos á los
L.
a 5o EPICÜRO.
corpúsculos indivisibles. Admite ademas
otro principio , que es el vacío, mas no
cree que entra en la composición de los
cuerpos , sino que es necesario para el
movimiento , porque si no hubiera vacíos
en el Universo, los corpúsculos no po-
drian moverse , y formarían una masa
compacta incapaz de producir.
Estos átomos , según Epicuro , han
existido en la eternidad, y existirán eter-
namente ; el número de sus formas es
incomprensible , aunque no infinito. Su
peso es la causa de su movimiento , y el
choque de los unos con los otros , la de
su unión fortuita. Los diferentes modos
que tienen de unirse , es el origen de
las diferencias que observamos en los
seres y en los efectos naturales , produ-
cidos únicamente por la casualidad que
los agrega. Son como las letras del alfa-
beto , que forman di versas palabrás , se-
gún su diversa colocación. Las voces Boma
y Amor, tienen dos sentidos diferentes ,
aunque compuestos de las mismas letras ;
asi los mismos átomos pueden producir
diferentes compuestos. Sin embargo, toda
especie de átomos , no son sucetibles d©
EPICURQ. ^Si
entrar indiferentemente en toda especie
de cuerpos. Probablemente los que consti-
tuyen la lana no llegarían jamas á formar
un diamante, del mismo modo que las
letras de la voz Roma , no pueden jamas
formar la voz Tule.
Los átomos , en el sistema de Epicuio ,
están en perpetuo movimiento , y de aquí
proviene el estado mudable de los seres.
Unos disminuyen , y con sus ^ despojos
otros crecen y se aumentan. A medida
que una sustancia se corrompe, sus áto-
mos forman otro , ú otros seres distintos
de aquel. El resultado de estas transfor-
maciones , es que nada perece y nada se
aniquila.
Hubo un tiempo en que todos los áto-
mos estaban en un estado de completa
separación , y sus reuniones casuales ,
han compuesto una infinidad de mundos ,
cada uno de los cuales perece al cabo de
cierto tiempo , ya por el fuego , como
si el sol se acercase á la tierra y la que-
mase , ya por otro trastorno ; pefo de
los fragmentos disueltos de un mundo
destruido , se forma otro nuevo , que em-
pieza muy en breve á producir nuevos
*5a EPICURO.
animales. El mundo que habitamos no es
mas que un monton de ruinas , de una
gran catástrofe , como lo prueban esas
cavernas profundas , esos sistemas de mon-
tanas , esas capas de diferentes suelos y
rocas , esos lagos y rios subterráneos ;
enfin , todas esas desigualdades del globo ,
señales evidentes de un desorden y de un
sacudimiento.
Epicuro creía que el Universo es infi-
nito , que no tiene centro , ni extremi-
dades , y que desde cualquier punto de
su extensión , se puede atravesar un es-
pacio interminable.
Llamaba necedad á la opinión de ios
que creian que los Dioses lian formado
el mundo por amor á los hombres , pues
no era probable que esta idea les hubiese
ocurrido de repente , después de haber
estado tanto tiempo sin pensar en ella :
ademas que el mundo es demasiado im-
perfecto , para ser obra de unos seres
perfectos.
Decia que la tierra habla producido los
hombres y los otros animales ; en su pri-
mera e'poca estaba impregnada de grasa
y de nitro , y el calor del sol convirtió
E FIGURO. 25,3
estas sustancias en yerbas y arbustos. En
seguida se alzáron unas excrecencias ? o
tumores , que creciéron poco á poco 9
hasta llegar á perfecta madurez , y en-
tonces se rompió la piel exterior , y de
cada tumor salió un animal , que empezó
a respirar y á alimentarse de la leche
que llevaban los arroyos..
Entre este gran número de animales ,
había muchos monstruosos , los unos sin
boca , los otros sin pies , los otros con.
los miembros unidos desproporcionada-
mente. Los que , por causa de estas ir-
regularidades , carecían de los medios de
alimentarse , no tardaron en perecer , y
solo se conservaron los que pudieron ,
con el uso de sus órganos bien dispuestos ,
nutrirse y sostenerse. Estos tuéron los
que formaron las especies que se ban man-
tenido y propagado basta ahora.
En este estado primitivo del mundo ,
el frió , el calor , y la intemperie , no
eran tan desiguales , ni fuertes como en
la época actual. Los hombres eran mas
robustos que nosotros ; su cuerpo estaba
cubierto de pelo ; la inclemencia de las
estaciones no los molestaba ; no conocían
sS4 EPICURO.
el uso de las ropas ; dormían sobre la
tierra , donde quiera que les cogia la
nocbe ; no bahía sociedad , y cada cual
vivía de por sí. Se alimentaban de los
frutos de bosques , y muchas veces tenian
que lidiar con las fieras. Para poder re-
sistirles , se juntaron algunos , y entonces
empezaron á formar chozas , á cazar ,
y á vestirse con las pieles de los animales.
Cada hombre se unió con una muger ,,
y vivid á parte con ella. Tuvieron hijos ,
j las caricias de estos suavizaron la con-
dición áspera de los padres. Tal fue el
origen de la sociedad. Los vecinos se
juntaron con los vecinos , y al principio
indicaban los objetos con gestos y movi-
mientos , pero no tardaron en inventar
palabras para designarlos. Las palabras
se fueron aumentando , y con su auxilio ,
los hombres pudieron expresar sus pen-
samientos.
El sol les dio á conocer el uso del
fuego , porque con el ardor de sus rayos
preparaban la carne de los animales de
que se alimentaban. Pero habiendo caído
un rayo en un cuerpo combustible , los
hombres ; que conocían ya la utilidad del
E PIC URO. a55
fuego , en lugar de apagarlo , lo conser-
varon , y aplicaron á los usos domésticos.
Poco á poco se fueron edificando pue-
blos , y dividiendo las tierras ; mas esta
división se hizo al principio con mucha
desigualdad , porque los mas fuertes to-
marón mas parte que los débiles ? y e es
pues obligaron á estos a que los onede
eiesen , y se declaráron gefes y soberanos.
En aquel tiempo no tenian otra defensa
que los miembros de su euerpo , pero
después de haber incendiado los bosques „
vieron una. sustancia que el calor había
derretido , y que al cabo de algún tiempo
se consolidaba. El brillo de esta sustancia
les causó admiración , pero conocieron
que , por medio del fuego , podrían liacer
de ella lo que quisiesen. Desde luego solo
pensáron en hacer armas ; después hicie-
ron frenos para los caballos , é instiu-
mentos para labrar la tierra.
La naturaleza les enseño la práctica
de las operaciones agrícolas. Por ejemplo
habiendo observado que la bellota que
caia en tierra producía una encina
creyeron que del mismo modo les seria
fácil multiplicar los frutos y los granos
256 Ti PIC uno.
de que se alimentaban : de aquí el origen
de la Agricultura.
Hasta entonces la fuerza , y la astucia
habían prevalecido , pero desde el des-
cubrimiento del oro y de la plata , los
hombres se aficionáron á estos metales »
y cada cual pensó en hacer una buena
provisión de ellos. Hubo algunos que
juntaron gran cantidad, y los pueblos ,
cansados de los reyes , les quitaron la
vida , y obedecieron á los ricos. Inme-
diatamente se crearon los gobiernos po-
pulares , se formaron leyes , y se nom-
braron magistrados , para ponerlas en
ejecución.
A medida que los hombres se despo-
jaban de su ferocidad primitiva , se mul-
tiplicaban y esparcían en la superficie del
globo. Empezaron á comer unos en casa
de otros , y después de haber comido
bien , se divertían en oir el canto de ios
pájaros, y tanto les gustó, que procuraron
imitarlo , lo cual dió origen al canto. El
ruido que hacia el viento en las cañas ,
les inspiró la idea de formar instrumentos ,
y la admiración que les causaba el curso
de los astros , les hizo aplicarse á la As-
tronomía.
EPICURO.
Pero muy en breve se despertó la ava-
ricia , y dió lugar á las desavenencias y
á las guerras , V como la vanidad quería
perpetuar la memoria de las hazañas a
que ellas daban lugar , buho poetas que
las celebráron en sus ritmos y pintóles
que las representasen en sus lienzos. La
tranquilidad que sucedía á estas turbu-
lencias les daba tiempo para perfeccionar
estas artes , y para inventar otras , para
su recreo y diversión.
La regla que deben seguir los hombres
para llegar ai conocimiento de la verdad,
es, según Epicuro , el testimonio de Ios-
sentidos , pues nada conocemos sino es
en virtud de sus impresiones , y ellos son
los tínicos instrumentos que nos hacen
distinguir lo verdadero de lo falso. El
entendimiento viene al mundo sin ideas ;
cuando los órganos corporales se han
formado , le transmiten impresiones , que
son el origen de todos los conocimientos.
El entendimiento puede pensar en las
cosas ausentes , y creer que están pre-
sentes , pero los sentidos son los que úni-
camente pueden deshacer este error. Toda
razón debe , pues , fundarse en la auto-
ridad de los sentidos.
2.58 E FIGURO.
Los filósofos explican de diferentes mo-
dos la visión. Epicuro creía que los cuerpos
estaban continuamente despidiendo su-
perficies semejantes á ellos , las cuales ,
cuando se encuentran con los ojos, for-
man la impresión que llamamos visión ,
j asi es como sabemos la existencia de
los cuerpos que están fuera de nosotros.
El olor , el calor , los sonidos , la luz
y las otras cualidades sensibles , no son
meras percepciones del espíritu , sino que
existen fuera de nosotros , como las sen-
timos , no siendo otra cosa , que cierta
cantidad de materia figurada , y movida
de cierto modo , y que por consiguiente
debe hacer cierta impresión en los ór-
ganos del hombre. Por ejemplo , el olor
es efecto de las partículas que despiden
las flores , y que llenan el ambiente ; el
sonido es la vibración que produce en el
aire la agitación del cuerpo sonoro. La
diferencia de impresiones consiste en la
diferente configuración de órganos , y si
las hojas de un vegetal parecen dulces
á un animal , y agrias á un hombre , es
porque el paladar del hombre no está
formado como el de aquel animal.
EPICURO. ^59
Los Estoicos , que profesaban una vir-
tud muy austera , y que tenían mucba
vanidad , llegaron á mostrarse envidiosos
de la fama que iba adquiriendo Epicuro ,
cuya doctrina era diametralmente opuesta
á la que ellos enseñaban. Hicieron grandes
esfuerzos para desacreditarle , y publica
ron algunas calumnias , con las que as
piraban á denigrar su reputación. De
aquí proviene que los que han leído los
libros de estos filósofos , y les han dado
crédito , han creido que Epicuro era un
hombre de perversas costumbres, siendo
asi que su moderación y su recato eran
ejemplares.
« Epicuro , dice San Gregorio , ense-
ñaba que el placer era el fin á que todos
los hombres aspiraban , pero á fin de
hacer ver que no queria hablar del placer
sensual , observó la mas escrupulosa cas-
tidad , y confirmó su doctrina con sus
costumbres. »
Epicuro no quiso tomar parte en los
negocios públicos , porque prefería la vida
sosegada á las ocupaciones turbulentas.
Las estatuas que los Atenienses le eri-
gieron , eran un testimonio público de
^6o E PIC URO.
la alta estimación con que le miraban.
Todos los que se adhirieron á el con-
tinuaron en su escuela , exepto Metro-
doro , que la abandonó, y siguió la Aca-
demia , bajo la dirección de Garneades :
mas no estuvo en ella mucho tiempo ,
pues á los seis meses , cansado de aquellas
doctrinas , volvió al Epicureismo , en el
que permaneció hasta su muerte, ocur-
rida pocos meses antes de la de Epicuro.
Su escuela se conservó con el mismo
esplendor , aun en los tiempos en que
estaban desiertas las otras.
Epicuro , á la edad de 72 años , cayó
enfermo' en Atenas , donde poco antes
había suspendido sus lecciones. Su mal
era una retención de orina , que le cau-
saba dolores agudísimos , pero el los su-
fría con la mayor tranquilidad. Cuando
conoció que se acercaba el último mo-
mento , dió libertad á algunos de sus
esclavos , dispuso de sus bienes , mandó
que se solemnizase cada año el dia de
su nacimiento y el del de sus padres :
legó su huerto y sus libros á Ilermaco
de Metelina , que le sucedió en la ense-
ñanza , y le impuso la condición de dejar
E PIC URO. 261
aquellos Bienes á los otros que le fueran
sucediendo en aquel encargo. En seguida ,
escribió á Idomeneo esta carta :
« Gracias á los 'Dioses , me liallo en
el dia mas feliz , y en. el último de mi
vida. De tal modo me devoran ios do-
lores , que no es posible imaginar un
tormento mas cruel. Sin embargo , en
medio de mis males , siento un gran
consuelo , cuando me acuerdo de los ra-
ciocinios con que he enriquecido la Fi-
losofía. Te ruego , por el cariño que
siempre me has manifestado , y por la
doctrina que profesamos , que cuides de
los hijos de Metrodoro. »
Catorce dias después de haber sentido
los primeros síntomas de su dolencia ,
Epicuro se puso en un baño caliente , y
tomó un vaso de vino puro ; lo bebió , y
exaló el último suspiro, encargando á sus
parientes y amigos que estaban presentes ,
que se acordasen de el y de los preceptos
que les habia dado. Murió el primer año
de la Olimpiada 127. Su muerte afligió
mucho á todo el pueblo de Atenas.
2-6 2
C E N O N.
mm\umwnm\'H\uwmu\\ , u\\u\wm\u , v
CENON,
Murió en la Olimpiada 129.
Cekon , gefe de la secta Estóica, nació
en Citia , ciudad de la isla de Cliipre.
Antes de determinarse á seguir una car-
rera, fué á consultar al oráculo, para
saber lo que baria afin de ser dichoso.
El oráculo respondió que fuese del mismo
color que los muertos , de lo que infirió
crue debia aplicarse á leer los libros de
los antiguos. Asi lo hizo con el mayor
ahinco , creyendo obedecer el decreto de
los Dioses.
Estando de vuelta de Fenicia , adonde
fué á comprar púrpura , naufragó en el
Pireo , y perdió todo el género que ha-
bía comprado. Este contratiempo le ape-
sadumbró mucho. Fué á Atenas , entró
en una librería , y se puso á leer el libro
segundo de Genofonte para consolarse.
Cobró afición á aquella lectura , y muy
en breve olvidó su desgracia. Preguntó
al librero donde vivian los hombres da
CENQN. s63.
que hablaba aquel autor. El librero , que ,
á la sazón vio pasar á Grates el Cínico ,
dijó á Cenon , enseñándoselo : « Sigue
á ese que pasa. » Cenon , que tenia en-
tonces 3o años siguió en efecto á Crates ,
y se alistó desde luego en el número de
sus discípulos. Como era tímido y re-
catado , no pudo acostumbrarse al im-
pudor de los Cínicos. Crates lo echó de
ver , y quiso curarlo de su flaqueza , para
lo cual le dió un puchero lleno de len-
tejas , y le mandó que lo llevase al ar-
rabal de Cerámica. Cenon le obedeció ,
pero hizo cuanto pudo para evitar las
miradas de los que pasaban. Entonces
Crates le preguntó : « Picarillo ¿ porque
ocultas lo que á nadie hace daño ¡ »
Cenon era aficionadísimo al estudio de
la Filosofía , y daba gracias á la fortuna
porque habla sepultado en el mar todo
cuanto poseia. Estudió mas de diez años
con Crates , sin poder vencer la repug-
nancia que le inspiraban las modales de
aquella escuela. Porfin , cuando resolvió
abandonarla , y seguir la de Estilpon de
Megara , Crates le quiso detener por
fuerza, mas Cenon le dijo: « ¡O Crates 1
■a 64 CENON.
los filósofos no se dejan cautivar sino es
por los oídos. Persuádeme con razones
sólidas que tu doctrina es mejor que la
de Estilpon ■, si no lo haces asi , aunque
me encierres en tu casa , mi espíritu es-
tará en otra parte. »
Cenon pasó otros diez años con su
nuevo maestro , y con Jenocrates y Pa-
lemón. Después se retiró , y estableció
una nueva secta. En breve se esparció su
fama por toda la Grecia , y en poco
tiempo llegó á ser el filósofo mas dis-
tinguido de aquel pais> Los Atenienses
le apreciaron en tales términos , que le
hicieron depositario de las llaves de la
ciudad. Le alzaron una estatua , y le
regalaron una corona de oro. El rey An-
tigono le admiraba sobre manera. Jamas
iba á Atenas , sin asistir á sus lecciones ;
muchas veces iba á comer á su casa , ó
le llevaba á cenar á la del músico Aris-
tocles. Pero en lo sucesivo , Cenon se as-
tuvo de asistir tí los convites y á las reu-
niones , por no familiarizarse con los
concurrentes. Antigono quiso llevárselo á
su Corte , mas no lo consiguió por mas
que hizo. Cenon le envió dos de sus
CENON. s65
discípulos , y con ellos le mandó á decir ,
que se alegraba de verle tan inclinado á
las ciencias ; que su estudio le alejaría de
los placeres sensuales , y le baria abrazar
la virtud ; que no pudicndo ir en persona
á verle , por no permitírselo sus años 7
ni su salud, le enviaba dos amigos, que
sabían tanto como el , y que eran mas jó-
venes y robustos ; que siguiese sus con-
sejos , y con ellos lograrla ser feliz.
Cenon era alto y seco , y sumamente
moreno ; por esto le diéron algunos el
sobrenombre de palmero de Egipto. Te-
nia la cabeza algo inclinada hacia un
lado , y las piernas gruesas y malsanas.
Usaba siempre ropas de tela muy ligera
y ordinaria. Se mantenía con pan, higos,
miel y vino dulce. Era tal la pureza de
sus costumbres que le miraban general-
mente como el emblema de la castidad.
Andaba con mucha gravedad ; era de in-
genio agudo y de índole severa. Cuando
hablaba arrugaba la frente y torcía los
labios. Solia alegrarse en las partidas de
diversión , y hacer reir á los concurrentes
con sus chistes, y cuando le hacían al-
gunas observaciones acerca de esta mu-
M
£¡66 CENON.
danza , respondía : « Las frutas duras se
ablandan en agua. »
Su estilo era conciso , y cuando le pre-
guntaban la razón de esto , decia que el
filósofo no debía pronunciar sino sílabas
breves. Cuando reprendia , era de un
modo indirecto y en pocas palabras.
Haciéndole un joven muchas preguntas
sobre materias demasiado elevadas , Ce-
rrón tomó un espejo , y se lo presentó
diciéndoie : «¿Te parece que esas pre-
guntas sientan bien con ese rostro ? »
Decia que los malos discursos de los
oradores se parecian á la moneda de Al-
jandría , bella en la apariencia , y de
poco valor intrínseco. Censuraba amar-
gamente la vanidad que los padres y los
maestros inspiran á los jóvenes , y re-
feria á este propósito , que Cafesio , ob-
servando el desmesurado orgullo de uno
de sus discípulos ¿ le dio un bofetón
diciéndoie : « No por alzarte sobre los
demas hombres , serás mas virtuoso ;
pero si eres virtuoso ? te alzaras sobre
ellos. »
Cuando le preguntaban que era un
amigo , respondía : « Otro yo mismo. »
CENON. 267
Hallándose en un convite dado á los
embajadores de Tolomeo , se mantuvo
tan callado , que estañándolo los em-
bajadores, le preguntáron , si queria que
dijesen algo de su parte al rey. El filó-
sofo respondió : « Decidle que bay aquí
un hombre que sabe callar. »
Los Estoicos eran de opinión que el
fin que se debe proponer el hombre , es
vivir según la Naturaleza , y que la regla
de la Naturaleza es la razón ¡ que de-
bemos seguir la virtud por sí mismo , y
no por deseo de recompensas ; que ella
basta para hacernos felices , y que los
que la poseen gozan de una dicha ver-
dadera en medio de los mayores males ;
que no puede haber nada útil, sino lo
que es honesto , y que lo que es vicioso
no puede ser útil ; que los placeres sen-
suales no son un bien , porque se oponen
á la razón ; que el sabio no teme nada ,
y que mira con tanta indiferencia la gloria
como la ignominia 5 que la severidad y
la sencillez son las bases de su carácter ;
que le es lícito beber vino , mas no con
exceso , afin de no perder un solo ins-
tante el uso de la razón ; que debe res-
¿>68 CENON.
petar á los Dioses , hacerles sacrificios ,
y astenerse de los deleites ; que el sabio
solo es capaz de amistad ; que tiene obli-
gación de tomar parte en los negocios
piiblicos , afin de evitar que el vicio se
propague , y afin de excitar los ciuda-
danos á la virtud ; que solo el es digno
de gobernar los pueblos , porque solo el
conoce ios límites del bien y del mal;
que solo el es irreprensible , incapaz de
hacer daño , y de admirar lo que los otros
admiran.
Decían que todas las virtudes estaban
encadenadas entre sí , de modo que el
que poseia una , las poseia todas ; que
no bay medio entre el vicio y la virtud f
y que es necesario que una acción sea
buena ó mala , como que una línea sea
recta ó curva.
Cenon vivió basta la edad de 98 anos 9
sin haber experimentado la menor inco-
modidad. Fué generalmente sentido , y
el rey Antigono se afligió mucho cuando
supo la noticia , y exclamó : « ¡ Que es-
pectáculo be perdido ! Ninguno de los
regalos que le be hecho , le ha inducido
) amas á cometer una bajeza. »
CE NON. 269
Antígono envió diputados á los Ate-
nienses pidiéndoles que enterrasen á Ce-
non en el arrabal de Cerámica. Los Ate-
nienses no estaban menos sentidos que
aquel monarca. Los principales magis-
trados le elogiaron públicamente , y á
fin de dar mas autenticidad á sus elo-
gios , espidieron un decreto concebido en
estos términos :
« En vista de que Cenon , hijo de Mna-
seas , de Citia , ha pasado muchos años
en esta ciudad , enseñando la Filosofía ;
que se ha mostrado en toda su conducta
muy hombre de bien ; que continuamente
ha estado excitando á la virtud á los jó-
venes de su escuela , y que su vida ha
sido en un todo conforme á sus preceptos,
el pueblo ha tenido á bien alabarle pú-
blicamente ; regalarle una corona de oro ,
á que es justamente acreedor , por su pro-
bidad y su templanza , y erigirle un se-
pulcro , á costa del piiblico , en Cerajnica.
El pueblo quiere que se elijan cinco hom-
bres en Atenas , que se encarguen de
mandar hacer la corona , y labrar el se-
pulcro; que el escriba de la Repiíblica
grabe este decreto en dos columnas , una
27° CENON.
de las cuales se pondrá en la Academia ,
y otra en el Liceo , y que el dinero nece-
sario para estos gastos sea , muy luego ,
puesto á disposición del que corre con los
negocios públicos , á fin de que todo el
mundo sepa que los Atenienses bonran las
gentes de mérito , durante su vida y des-
pués de su muerte. »
Este decreto fuá expedido en tiempo en
que Arrhenidas era Arconte de Atenas ;
algunos dias después de la muerte de Cenon.
Esta ocurrió del modo siguiente : Un día
al salir de la escuela , se dio un golpe y
se rompió un dedo. Creyó que este era
un aviso que los Dioses le daban de que
debía morir pronto. Penetrado de esta
idea, dió un golpe en la tierra, y excla-
mó : « ¿ Me llamas ? Pronto estoy. » Y
sin mas motivo se aborcó con la mayor
serenidad. Hacia años que enseñaba
sin interrupción, y 68 que babia empezado
á aplicarse á la Filosofía con Grates el
Cínico.
FIN.
IVON , IMPRENTA DE J. M. BOURSV.